Mujer, sexo y violencia doméstica en la Iglesia  
  HAY PALABRAS QUE MATAN  

 

Mujer, sexo y violencia doméstica en la Iglesia

JOSE CENTENO

Dice el reciente documento de los Obispos que "la llamada revolución sexual que tuvo su estallido en los años 60 del siglo XX... ha separado la sexualidad del matrimonio, de la procreación y del amor... sus frutos amargos: violencia doméstica, abusos sexuales, hijos sin hogar".

Muchos ingenuamente creímos en su día que el Vaticano II, que abrió las ventanas para que entrase en la Iglesia aire fresco, en palabras de Juan XXIII, sería ya algo definitivo por haber sido un Papa y un Concilio, supremas autoridades en la Iglesia quienes lideraron una nueva postura ante la sociedad. Por ejemplo con estas afirmaciones: «Cualquier clase de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan de Dios» (Con Vat II Const. Past. sobre la Iglesia. N.29. Año 1965)

Incluso Juan Pablo II tiene declaraciones en esta misma línea. «Sin discriminación las mujeres deben participar en la vida de la Iglesia, deben también ser consultadas y tomar parte en los procesos de toma de decisiones» (Christ. Fid. Laici.1995) Un año antes, en 1994, decía en un discurso: "Las mu-jeres han sido minusvaloradas en su dignidad, despreciadas en sus prerrogativas y marginadas y reducidas a la esclavitud»

La práctica en la Iglesia es sin embargo diferente. El sexo y la mujer continúan siendo proscritos por la mayoría de la jerarquía eclesiástica siguiendo la tradición secular de la Iglesia. Todo se queda en meras palabras y declaraciones cuando alguna vez aparece el espíritu del Evangelio y del sentido común sobre la visión sexual y sobre la mujer como en los textos anteriores. El gobierno de la Iglesia se mantiene vinculado al sexo masculino, soltero y además ordenado. Las órdenes sagradas siguen vinculadas al varón soltero, excepto en la Iglesia Oriental.

San Agustín hablaba ya en el siglo V sobre la violencia doméstica en su propia casa (en el Sermón 37,6-7 y en el 332,4). Pone como modelo a su madre Santa Mónica: "Cuando muchas mujeres que tenían maridos menos violentos que el suyo, mostraban en sus rostros señales de haber sido golpeadas y, hablando con sus amigas culpaban a su maridos, Mónica no les daba la razón. Mónica veía la culpa en ellas porque no habían sabido callarse". Ella les recordaba en bromas, pero en serio, que deberían ser conscientes de que se habían convertido en esclavas desde el momento del contrato matrimonial. En el contrato del sacramento del matrimonio de los cristianos de entonces; suscrito por el obispo, se subraya la subordinación de la mujer al varón. No sucedía así en el contrato civil del Derecho Romano de la época. Estamos en el siglo V.

A lo largo de la historia, cromo dice Juan Pablo II, la mujer ha sido marginada, minuspreciada y marginada. Para Santo Tomás de Aquino, Luz de la Iglesia, que asume el pensamiento del filósofo griego Aristóteles, «la mujer es un varón 'fallido' o 'defectuoso' en el proceso de su formación». La Iglesia se contamina de estas filosofías paganas y lo integra en su teología. «Un varón cuando se acuesta con su mujer no debe entrar en la Iglesia» (Sínodo de Clermont el año1140). «La concepción no tiene lugar sin pecado» (Papa San León Magno. Sermón 22. s.V ). «Todos saben que las relaciones, aun entre casados, nunca sé realizan sin la pasión de la carne, el hedor de la lujuria... por eso la semilla concebida es impura, inmunda y corrompida y el alma infundida en ella hereda la culpa del pecado, la mancha de la maldad del demonio, el pecado original» (Papa Inocencio III. «De Miseria Humana» s.XII)

Esta mentalidad llega hasta nuestros días: León XII en la Arcan. Div. Sapientiae, de finales del XIX sentenciaba: «El varón es la autoridad en la familia y la cabeza de la mujer; ésta como es carne de la carne del varón y hueso de sus huesos, está sometida y equiparada al varón, no como esclava, sino como compañera. La obediencia debida a él no daña su dignidad y su honor" Juzgue el lector qué gimnasia de vocabulario para justificar el sometimiento sin querer dañar su dignidad.

«Las mujeres no pueden ser admitidas en las corales. Si se necesitan voces blancas como tiples o contraltos deben cantar los ninos» (Papa San Pío X. Motu prop. De Musica S. Año 1903) Mas tarde Pío XII, en 1955, admite que canten mujeres en las corales «en un lugar fuera del altar... siempre que estén completamente separados los hombres de las mujeres y de las chicas y se evite toda obscenidad».

Los que conocieron a Jesús de Nazaret y nos trasmitieron su fe en él en los libros de los Evangelios no mencionan ni una palabra de Jesús sobre el sexo, muy pocas veces sobre la familia y suelen advertir que hay cosas más importantes que las relaciones de parentesco. Sí recuerdan a Jesús continuamente con los pobres, con los enfermos, con los malditos marginados de la religión judía (leprosos, ciegos, extranjeros...) Recuerdan y nos trasmiten en los Evangelios que arremete con frecuencia contra los poderosos y la riqueza como único obstáculo que se opone al Reino de Dios. «Nadie puede servir a dos señores a la vez a Yahvé y al Dios-Dinero» (Mt. 6,24)

Resulta inexplicable que nuestros obispos se atrevan a decir: «Hemos de afirmar que en la sociedad española de nuestros días posiblemente la fuente principal de los problemas humanos sean los relativos al matrimonio y la familia» (n.14) en una sociedad con casi tres millones de emigrantes, de los cuales un millón están ilegales, cientos de miles de españoles viven en la calle o chabolas y según Cáritas más de un 15% de las familias viven por debajo del nivel de mínimos.

Jesús de Nazaret rompe con las normas discriminatorias judías sobre el trato con las mujeres y como algo insólito entonces admite en su grupo de seguidores a mujeres como a María la de José, María la de Santiago, Salomé... y María Magdalena, una exprostituta, que fue la primer testigo de la resurrección.(Entre los judíos el testimonio de las mujeres no era válido en los juicios).

Las primeras generaciones de seguidores de Jesús tenían por igual a hombres y a mujeres al frente de sus comunidades cristianas y nos dejaron sus nombres en los libros sagrados: Feba, Prisca, Aquila, María, y Junia «compañeras en el ministerio de San Pablo. San Pablo tuvo que defender la igualdad contra intentos de discriminación: «en Cristo no hay judíos o griegos, esclavos o libres, varones o mujeres. Todos son lo mismo en Cristo Jesús» (Gal, 3,28)

Pero este espíritu de liberación y fraternidad que bebieron de Jesús duró poco. El mensaje evangélico fue pronto contaminado por la cultura judía y romana dominantes. El mismo San Pablo se retracta: «Según la Ley (judía) las mujeres en las asambleas guarden silencio. No pueden hablar. Si necesitan aprender algo que pregunten a sus maridos en casa» (1Cor,14,34s).

En el siglo IV, cuando el cristianismo se convierte religión oficial del Imperio Romano, la marginación de la mujer en la Iglesia se hace más intensa. «Cuando la mujer ha parido debe abstenerse de entrar en el templo durante 33 días si tuvo un niño y 66 días si fue niña» (San Gregorio Magno s.VI). «El varón es imagen de Dios; la mujer no fue hecha a imagen de Dios» (Papa Urbano II).

Es cierto que hay que entender en el contexto cultural de las diversas épocas estos textos y normas; sin embargo Jesús fue bien claro y valiente ante la hipocresía de su tiempo en defenderla dignidad de la mujer. La Iglesia nunca ha acompañado los movimientos de liberación de la humanidad, les ha condenado o desconfiado de ellos. Perdió a los intelectuales en ilustración, perdió a las clases trabajadoras en los años del desarrollo industrial, perdió a los jóvenes en la última parte del s.XX y ahora está perdiendo al número mayor de sus fieles que quedan en las Iglesias, las mujeres. Y siempre por predicar lo que no dice el Evangelio.

¿La violencia doméstica es una consecuencia de la revolución sexual? La Iglesia, que no Jesús de Nazaret, ha contribuido secularmente con su moral y enseñanzas a mantener una situación de sometimiento de la mujer y de negación del sexo justificando positivamente o por omisión las conductas machistas.

Es verdad, como dice el documento, que hay una falta de valores y de ética en nuestra sociedad. La Iglesia ha tenido en sus manos a la sociedad desde siempre con la catequesis, la enseñanza de la religión en las escuelas, los muchos millones de oyentes de sermones en los domingos. De las Universidades y Escuelas Superiores Católicas han salido una gran parte de economistas ingenieros, titulares superiores... que dirigen la economía, la política o la cultura del país. Alguna parte de culpa habrá tenido también la Iglesia en ese análisis tan negativo de la sociedad que se hace en el documento.

No toda Iglesia es así de osada. Hay aquí y en todo el mundo grupos de obispos, sacerdotes, laicos, teólogos, movimientos, comunidades cristianas y corrientes religiosas que creen que «otra forma de iglesia es posible» y que en la «revolución sexual» de los años 60 hay elementos positivos cómo defender la dignidad y la autonomía de las personas o de las mujeres. La violencia doméstica ahora se hace pública y antes se ocultaba; ahora la mujer no se resigna como Santa Mónica y exige ser respetada. para no violar la imagen de Dios de la que también es portadora.


 

HAY PALABRAS QUE MATAN

 

Tere (Getafe)

Con este grito desgarrador en boca de mujeres arrancaba la MARCHA CONTRA EL INTEGRISMO CATÓLICO, realizada en Madrid, el día 28 de febrero y organizada por la Asociación Mujeres y Teología, con motivo de la publicación del Directorio de Pastoral Familiar de la Iglesia en España por la Conferencia Episcopal Española en su LXXXI Asamblea ( 21-11-03)

La marcha fue una demostración de la indignación y el cabreo colectivo ante la postura irreflexiva, antisocial y antievangélica mostrada por los obispos en este documento que ofende la dignidad de la mujer y del hombre cristianos de hoy.

Fue una marcha minoritaria, pero mayoritaria de mujeres (algunos hombres solamente). Éramos pocas, pero nuestros gritos llegaron a la ciudadanía. Eran gritos de mujeres:"no nos callarán", decíamos. Porque estamos hartas de que nos roben la palabra, nuestra energía, nuestra identidad, nuestra osadía y nuestro profetismo en la iglesia. Y esa osadía, energía y autonomía, es la que se notaba en nuestra manifestación.

Significativo fue el recorrido de la marcha, elegido por las organizadoras. Partió de S. Francisco el Grande, iglesia emblemática, asociada a hechos históricos político-religiosos. Pasó por el Seminario Diocesano de Madrid, con parada obligada y lanzando consignas como: "El amor y el sexo son buena noticia", "la Conferencia Episcopal no es buena noticia", "presupuestos eclesiales para Asuntos Sociales"...

Llegamos a la Catedral de la Almudena, en donde nos tapamos la boca con una mordaza. Y a los gritos de "sus mordazas no nos callarán", "qué van a hablar quienes tienen tanto que callar" nos quitamos las mordazas y las dejamos de recuerdo enganchadas en las verjas de la escalinata de la catedral.

Seguimos por la calle Mayor, coreando consignas en contra de la Conferencia Episcopal, a favor de la diversidad sexual e igualdad de los derechos humanos ("sin nosotras no hay derecho", "dos padres, dos madres, ¿por qué no?, "igualdad de las familias lesbianas"...)

Y llegamos la Puerta del Sol, en donde nuestros gritos resonaron con más fuerza y añadiendo una consigna nueva, no preparada: "esto nos pasa por una Iglesia facha". Era para dejarnos oír por encima de las consignas políticas lanzadas por el PP en un acto de campaña electoral que allí se celebraba. Y hasta nos atrevimos a cantar: "Vamos a ocupar (bis, bis), la Conferencia Episcopal, vamos a ocupar la Conferencia, por machista y patriarcal".

Finalmente se leyó el manifiesto, que recogemos a continuación, y que firmaron diversas personas y colectivos. Integrantes de MOCEOP, sobre todo mujeres, participamos en la marcha y firmamos el manifiesto en nombre propio y del Moceop, como colectivo.

 

Manifiesto de la Asociación Mujeres y Teología de Madrid con Motivo del Directorio de Pastoral Familiar de la Iglesia en España: LXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española ( 21/11/2003)

Nosotras, como cristianas y ciudadanas, una vez leído el Directorio queremos que nuestra voz sea escuchada como vos de la Iglesia de la cual somos parte.

CON DOLOR, constatamos, una vez más, que el proceso de liberación y la conquista de autonomía de las mujeres es percibida con recelo, descalificación y como amenaza.

CON RABIA, leemos su interpretación sesgada y errónea sobre las causas del terrorismo de género. Estamos convencidas de que la revolución sexual forma parte de un proceso más amplio en la construcción de nuestra identidad y dignidad como mujeres; el terrorismo de género exige de forma urgente un análisis riguroso por su multiplicidad de causas, entre las que está la mentalidad machista, la prepotencia del hombre sobre la mujer y el miedo de tantos varones a perder su poder.

CON URGENCIA, les instamos a que, a través de sus palabras y acciones, empiecen por denunciar el terrorismo de género para estimular actitudes y pedagogías nuevas. Les sugerimos que cada vez que haya una víctima se haga denuncia explicita en las homilías de cada parroquia.

CON INDIGNACIÓN, comprobamos que hacen caso omiso de la experiencia de las mujeres, sus realidades cotidianas, sus reflexiones sistemáticas, el trabajo de los colectivos implicados y todo el esfuerzo de tantas mujeres y muchos varones que reconocen el feminismo como camino de liberación colectiva.

CON TRISTEZA, consideramos que han usurpado la Buena Noticia del evangelio, han neutralizado su energía positiva, su osadía y su profetismo para convertirla en un conjunto de normas morales y directrices que pretenden ordenar las vidas ajenas y controlar las conciencias.

CON PERPLEJIDAD, entendemos que sus palabras sobre la "excelencia" de la virginidad y el celibato como superiores al matrimonio son una lectura bíblica deficitaria y una observación ridícula e increíble en el siglo XXI

CON ESCÁNDALO, vemos la demonización que hacen de otras formas de relaciones humanas y de sexualidad (homosexualidad, parejas de hecho, situaciones de divorcio...) Cuando en el evangelio no hay apenas alusiones a la sexualidad u sí, sin embargo, de forma definitiva, al amor.

CON SENTIDO COMÚN, les recordamos que nadie tiene capacidad para hablar sobre tan amplio espectro de temas, máxime cuando, en su caso, los temas les resultan tan alejados por su condición de varones célibes, sin hijos a quienes educar ni compromisos familiares.

CON PREOCUPACIÓN, leemos su intención de que los conceptos y enfoques vertidos en el documento sean llevados a la escuela, lo que supondría afianzar el estilo de relación hombre-mujer que, esa sí, tan amargos frutos ha producido y sigue hoy, de forma más evidente y cruel, produciendo.

CON CLARIDAD, constatamos que continúa vigente la alianza secular de la jerarquía eclesiástica con el poder político-económico para conservar mutuamente sus privilegios. Ambos poderes parecen necesitar un modelo de mujer y de familia que no sólo es obsoleto sino pernicioso porque produce dominación y sometimiento.

CON ESPERANZA, seguimos trabajando por una Iglesia enraizada en el Evangelio: abierta, inclusiva, misericordiosa, igualitaria, justa ,profética, comprensiva y tierna, a la que estamos TOD@S invitad@s

MUJERES Y TEOLOGÍA DE MADRID, 8 de febrero 2004

(mujeresyt@latinmail.com)