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"Mi suerte”
Alguien me preguntó: ¿eres gay?
-No tengo esa suerte- respondí.
Y a su gesto de sorpresa , le expliqué:
Sí... Como no tengo la suerte de ser mujer,
ni de ser africano, ni músico, ni rico...
Tengo la suerte de ser el que soy,
de tener la edad que tengo, ni menos ni más.
Tengo la suerte de estar vivo, de tener casa y trabajo,
de estar casado y ser padre, tener familia y amigas y amigos.
No tengo la suerte de ser pobre
para ser privilegiado cara al Reino de Dios.
Tampoco la de ser rico, y para evitarla
procuro no jugar a loterías.
Tengo la suerte de tener más de lo que necesito,
la suerte de aceptar mi suerte, sin conformarme con ella.
No tengo la suerte de ser obispo, ni político, ni funcionario...
En cambio, tengo la suerte de no querer serlo.
No tengo la suerte de ser ateo, ni budista, ni cartujo...
Tengo la suerte de ser creyente, y en esa suerte confío.
No tengo la suerte de ser soltero, ni parado, ni jubilado,
ni de haber nacido en Valencia, ni en Río ni en Bombay.
Otras personas tienen otras suertes - mejores y peores-.
Ni me dan envidia las que parecen mejores,
ni me suscitan desprecio las que parecen peores.
Compartir mi suerte me da la suerte de compartir otras suertes.
Y la suerte de jugar mi suerte con otras suertes.
Ojalá que cada quien y cada pueblo fuera dueño de su suerte,
y nadie decidiera la suerte ajena.
Lo que la vida nos da es una suerte; no es un destino fatal.
La suerte puede cambiar, o la podemos cambiar.
O vivirla de manera que sea una suerte vivir.
Tengo muchas suertes, pero otras no.
Y entre ellas, no está la de ser gay.
¡No se puede tener todo!
Deme.
Junio 2004
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