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¿QUE NOS ESTÁ PASANDO?
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| Qué pasa en la
Iglesia? ¿Qué nos está pasando para que caminemos tan lentamente o vayamos mirando hacia atrás? En 1971, en la Encuesta que se hizo a todos los sacerdotes de España, encuesta en donde la muestra era toda la población, por lo que no había posibilidad de error, encuesta que culminó con la Asamblea Conjunta de sacerdotes y obispos, un 78 % decía «es preciso que se arbitren los medios para llegar cuanto antes a la total independencia económica de la Iglesia» y como pistas en la asamblea se fijaban tres medios: el patrimonio de la Iglesia, la aportación de los fieles y el trabajo civil del sacerdote. ¿Qué nos ha pasado para que hayan cambiado tanto las cosas? ¿Qué nos está pasando en la Iglesia para que solo voz de iglesia sea la voz de la jerarquía tan tajante, reductora, impositiva y descalificadora? En la encuesta antes citada en la pregunta 1045 se sondeaban las opciones socio-políticas del clero y la respuesta mayoritariamente elegida era el socialismo: ¿qué nos ha pasado para que los obispos ahora digan cosas como «se quiere despedazar a la Iglesia» «se quieren socavar los cimientos del ser humano» « el psoe está acometiendo una pulverización religiosa de nuestro país»? ¿Qué nos está pasando? Si la teología se pretende que sea un tratado intelectual abstracto, con las conclusiones ya hechas, con la fe entendida como un depósito de verdades cerrado, en vez de una reflexión permanentemente abierta y renovada, desde la vida que vivimos, con sus dudas, sus miedos, sus logros, sus convicciones.... ¿qué nos está pasando? ¿Qué nos está pasando para que se prefieran las normas a la búsqueda, la ley a la persona? ¿Estaremos matando la alegría? ¿Qué está pasando en la Iglesia para que haya más fuerza en la exclusión que en la inclusión? ¿Tan importante es la ortodoxia? Jesús se saltó todas las leyes para hacer visible lo que para él era la ley de Dios: el hombre no ha sido hecho para servir al sábado, sino el sábado para el hombre. Ese camino le llevó a ser asesinado “fuera de la ciudad”, como blasfemo para la religión oficial, y como subversivo o terrorista para el poder político. Todos, obispos y pueblo, jerarquía y bases, tendremos que mirar cómo vivimos la iglesia para que realmente sea lugar de inclusión. Que en nuestro caminar nos duela la exclusión, pero no nos deje en el resentimiento, sino en el esfuerzo solidario por recuperar la ilusión y la esperanza que fue capaz de infundir en todos el Concilio Vaticano II. |