| |
“POR UNA TEOLOGÍA LIBERADORA
DESDE CCP”
(Ideas y preguntas para un taller
comunitario)
DEME ORTE
Valencia
¿TEOLOGÍA?
Si la teología es “tratar de Dios”(teologos) ¿cabe hacer teología si “a Dios
nadie le ha visto”? ¿cómo podemos hablar de Dios?. Además, a muchas personas
creyentes nos marca el escepticismo de no creer en muchos dogmas tal como
están formulados. Escepticismo que se hace extensivo también a la razón como
forma de conocimiento para la fe.”El corazón sabe razones que la razón
desconoce”
Por otro lado, sentimos el contraste de simplificar mucho la fe,
desvistiéndola de creencias y reduciéndola a un sentimiento: la fe es
“confianza”. Y a la vez, como personas creyentes y maduras, y presentes e
implicadas en el mundo de hoy, vemos que no nos basta la “fe del carbonero”.
Hay tantos problemas serios que interpelan fuertemente nuestra fe, que
necesitamos cierto “armazón ideológico”: tener y acumular razones,
argumentos, motivaciones... para intentar responder a esas interpelaciones.
Además, siempre se ha dicho que para una buena práctica hace falta una buena
teoría.¿También para una buena fe hace falta una buena teología?
¿QUÉ TEOLOGÍA?
En ese sentido entendemos la teología que buscamos no como tratados
intelectuales abstractos, sino como reflexión de nuestra fe. Una reflexión
permanentemente abierta y renovada, desde la vida que vivimos, con sus
dudas, sus miedos, sus logros, sus convicciones...; y que sea para la vida:
que nos sirva para vivir nuestra fe con más convicción, con más ánimo, con
más lucidez. Si no es así, no nos interesa una teología meramente
intelectual, especulativa o desarraigada de nuestro mundo.
Entendemos así que la teología es un “acto segundo”: el primero es la vida,
la acción concreta, el compromiso. Desde el Evangelio creemos que lo más
importante es el “darse”, el amor concreto y real a los demás...aunque no
sepas ni por qué, ni qué sentido religioso tiene, ni qué fundamentación
teológica...(Mat 25,35). Y ha de revertir a un “tercer acto” que es que
vuelva a la vida, al compromiso..., que sirva para animar al compromiso
creyente. La teología es “instrumental”: está al servicio de la
evangelización de los pobres y la liberación de los oprimidos. La liberación
es más importante que la teología.
TEOLOGÍA , ¿DESDE DÓNDE?
Por eso, cualquier teología tiene un condicionante previo que es
fundamental: el “desde dónde” se hace esa teología. Primero hay que
situarse, o mejor dicho, tomar conciencia de que ya estamos situados. Cada
persona, y las Comunidades como tales, tenemos una historia concreta, una
realidad, unos condicionamientos, y también unas opciones y unos
comportamientos, que ya nos sitúan frente a la realidad y condicionan
nuestra fe, y por tanto nuestra reflexión sobre ella: nuestra teología.
¿TEOLOGÍA LIBERADORA DESDE EL PRIMER MUNDO?
Aparte particularismos, el contexto principal que nos condiciona es el
primer mundo en que vivimos, con toda la carga de condicionantes que nos
marcan: dos mil años de cristianismo europeo, una iglesia católica
configurada como institución poderosa, una sociedad secularizada marcada por
un capitalismo neoliberal y una democracia parlamentaria...
Gustavo Gutiérrez constata que el interlocutor privilegiado de la teología
europea progresista es el burgués no creyente, ateo o escéptico, el espíritu
moderno y la ideología liberal, cuyo sujeto es la clase burguesa. Desde ese
contexto europeo, casi toda la teología europea, aun la más progresista,
está marcada por ser eurocéntrica, intelectual, burguesa. Y no digamos la
más oficial, reflejo de una iglesia bien instalada en la sociedad burguesa y
que considera sucursales a las iglesias de la periferia.
Aun las personas y las comunidades que nos consideramos más o menos de
izquierdas y más o menos comprometidas, no somos en verdad tan pobres ni
excluidas; no estamos debajo del puente, sin papeles, sin trabajo, sin
familia...; en general formamos parte de unas clases medias de un primer
mundo en el que somos, queramos o no, cómplices de la injusticia mundial.
Nuestra opción por lo pobres, es por tanto muy relativa, aunque sea sincera.
Y nuestra radicalidad evangélica y profética ¿cómo medirla? ¿por la
persecución que sufrimos?
TEOLOGÍA DESDE COMUNIDADES.
Aun así, nuestra experiencia comunitaria de fraternidad, de igualdad, de
corresponsabilidad, de presencia e inserción en barrios y ambientes
populares, nuestros compromisos con causas de transformación social en una
dirección de mayor justicia, nuestros compromisos solidarios, nuestro estilo
de espiritualidad secular, nuestra vivencia (aunque sea mediocre) de las
bienaventuranzas como clave de felicidad... nos posibilitan formular nuestra
fe de un modo muy diferente a la teología tradicional en que nos educaron, a
cuestionar muchos comportamientos y expresiones de la oficialidad de la
Iglesia, a celebrar la fe con expresiones bien diferentes de la liturgia
oficial, a trabajar por el Reino de Dios no desde claves confesionales o
proselitistas...
Entendemos que la comunidad cristiana es
el primer sujeto de la teología. Es ella quien reflexiona sobre su fe, quien
se pregunta y se deja interpelar, quien profundiza, y quien se expresa.
Recordamos además que fueron las primeras comunidades las que elaboraron la
primera teología, reflejada en la redacción de los evangelios como expresión
de su reflexión sobre la experiencia del seguimiento de Jesús. Teología que
ya entonces era diversa.
“TEOLOGÍA IMPLÍCITA”
Podemos decir que en nuestra vivencia personal y comunitaria ya hay una
“teología implícita”, que a veces es cuestión de expresarla, de formularla,
de hacerla consciente en palabras. Para ello puede hacer falta una ayuda de
personas que formulen esa “teología implícita”.Algunos teólogos, sean o no
profesionales, nos han hecho a veces ese servicio. También ellos han sabido
situarse “desde dónde” hacían esa teología. Y es de agradecer ese servicio,
que a la vez nos ha motivado para seguir comprometiéndonos con mayor lucidez
y profundidad. Por ej.: J.Lois, J.J.Tamayo, J.M.Castillo, D.Aleixandre,
M.Pintos, Chini Rueda...
Como también vemos necesario que la teología que elaboran los profesionales,
se haga asequible a las bases, a la gente no intelectual de nuestras
comunidades. También es un servicio necesario traducir a lenguaje común y
sencillo la teología más intelectual.
La propuesta de ir haciendo una “teología narrativa” a partir de nuestras
vivencias, experiencias y compromisos, nos parece sugerente para ir
formulando lo que ya creemos y vivimos. Por ej., algunas crónicas en Utopía,
Alandar, Tiempo de Hablar...
NECESARIA LUCIDEZ.
Superando el candor, la ingenuidad o la simplificación, es necesario
cultivar una serena lucidez en el análisis del mundo, de la iglesia y de
nosotros mismos. Hoy día hay tanta información que puede desconcertarnos o
apabullarnos si no sabemos poner unos filtros
que nos hagan distinguir lo esencial de lo secundario, o lo más importante o
significativo... desde la óptica previa de la opción por los pobres, de la
perspectiva evangélica de las Bienaventuranzas y del horizonte del Reino. Si
no, nos podemos marear en un mundo tan complejo.
-análisis del mundo actual, con sus rasgos más definitorios y
condicionantes: la globalización neoliberal, la creciente desigualdad Primer
mundo-Tercer Mundo, el imperialismo yanki, la destrucción del medio
ambiente, la violencia institucionalizada (armas, guerras...), el machismo,
la falta de respeto a los derechos humanos, la exclusión en el primer mundo
(cuarto mundo), etc etc...Y también datos positivos o “signos de los
tiempos”: creciente conciencia de igualdad, de paz, de corresponsabilidad,
de sensibilidad ecológica, solidaria, etc
-análisis de la Iglesia: absolutización de la institución, dogmatismo,
involución, insensibilidad, aferramiento al poder y privilegios, resistencia
a la laicidad, marginación y represión de la disidencia, machismo,
clericalismo, homofobia, centralismo...Y signos de esperanza: iglesia
emergente en la periferia, movimientos y redes de renovación, participación
de la mujer, sentido comunitario, diálogo interreligioso...
-nosotros mismos: colectivo CCP: limitaciones, condicionamientos,..y logros,
por pequeños que parezcan. En cada comunidad y en cada persona: necesaria
conversión permanente...
Ese análisis no es ajeno a la teología. Es necesario para que la teología no
sea ajena a la realidad que pretende iluminar. La teología no es sólo un
tema religioso. Ha de ser interdisciplinar (como suelen hacer los Congresos
de teología de la Asoc. Juan XXIII).
Nosotros, en el primer mundo europeo, o somos lúcidos en situarnos
correctamente y desde una óptica coherente, o caeremos en las mismas trampas
de hacer una teología demasiado intelectual, eurocéntrica y poco profética
respecto a cuestionar el sistema en que vivimos.
Una forma de esa lucidez o sabiduría puede ser no perder la perspectiva de
que esto “va para largo”, no confundir optimismo con esperanza, y que hace
falta “paciencia histórica” y “terca esperanza”...También la teología puede
ayudar a ello. Basta recordar el libro del Apocalipsis como “libro de la
resistencia”.
TEOLOGÍA...¿LIBERADORA?, ¿DE QUÉ?, ¿PARA QUIÉN?
En buena parte necesitamos una “liberación de la teología”. Necesitamos
liberarnos de la teología recibida muy marcada de taras de dogmatismo, de
fundamentalismo, de machismo, de clericalismo, demasiado intelectual e
individualista, demasiado vaticana, eurocéntrica y justificadora de
situaciones primermundistas insostenibles, poco sensible a la ecología, al
respeto a la diversidad y a dimensiones afectivas de las personas, incluida
la sexualidad...
Necesitamos una teología que nos resulte liberadora a nosotros y nosotras
mismas, que nos libere de prejuicios que han lastrado demasiado nuestra fe.
Y que nos ayude a liberarnos de condicionamientos que dificultan nuestra fe
y nuestro compromiso: nuestra propia integración en el primer mundo en que
vivimos nos hace cómplices de este sistema injusto. ¿cómo ser fieles y
coherentes sin salirnos del mundo y sin dejarnos dominar por él?
La teología podría llegar a ser “cínica” (como sugiere H. Assmann) si no
logra superar su indiferencia ante la situación de los pobres y su
complicidad con el sistema injusto.
Una teología “liberada” sería una primera condición para que fuera
“liberadora”. Haría nuestro anuncio evangélico liberador para quienes
pudieran recibirlo, y podría ser también una aportación liberadora en
nuestro compromiso por ir construyendo el Reino de Dios en nuestro mundo.
¿TEOLOGÍA LIBERADORA O TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN?
La teología de la liberación latinoamericana ha sido una aportación muy
importante al entendimiento y vivencia de la fe cristiana desde la opción
por los pobres. Y a nosotros (CCP) nos ha enriquecido en muchos aspectos: ha
fecundado nuestra experiencia comunitaria con la perspectiva de la opción
por los pobres, con la solidaridad con el tercer mundo y una relectura
bíblica y de la realidad en clave de liberación.
Y creemos que sigue vigente y actual. A las CCP nos sigue inspirando y
animando, en comunión con las comunidades eclesiales de base hermanas
latinoamericanas. Seguimos escuchando y leyendo a sus teólogos y testigos de
fe.
Creemos, con ellos, que a Dios no se le conoce como una verdad abstracta,
sino desde la práctica. Dice Ion Sobrino: “se va conociendo al Dios
liberador en la praxis de liberación, al Dios bueno y misericordioso en la
praxis de la bondad y la misericordia, al Dios escondido y crucificado en el
mantenerse en la persecución y en el martirio, al Dios plenificador de la
utopía en la praxis de la esperanza”.
¿UNA TEOLOGÍA EUROPEA DE LA LIBERACIÓN?
Creemos que no es posible una traslación tal cual, ni una copia o imitación
desde nuestro primer mundo europeo de la teología de la liberación
latinoamericana.
Clodovis Boff explica tres diferencias entre Europa y América Latina:
-diferencia histórica: dos mil años de cristianismo en Europa frente a
quinientos en A.L. Lo cual no significa que haya calado más el mensaje
cristiano en Europa que en A.L. (metáfora de la piedra en el río: seca por
dentro).
-diferencia social: una sociedad “desarrollada” frente a una
“subdesarrollada”, un mundo de riqueza frente a un mundo de pobreza
generalizada: capitalismo salvaje. El cristianismo europeo se ha adaptado a
la sociedad bienestante y ha sucumbido a la tentación del “término medio”:
prudencia para no enfrentarse. Ha inventado el “camello enano” o la “aguja
gigante” (en referencia Mateo 19,24)
-diferencia religiosa: la secularización de la sociedad europea frente a la
religiosidad popular latinoamericana.
Esas diferencias explican en parte las diferentes actitudes con que ha sido
percibida en Europa la TL latinoamericana: de aceptación en comunidades de
base y sectores eclesiales periféricos, reticencia en teólogos y sectores
intelectuales, y rechazo y condena en el Vaticano y gran parte de la
jerarquía. Mns Evaristo Arns agradecía con humor la “propaganda eficaz y
atinada” que la condena vaticana suponía para la difusión de la teología de
la liberación...
¿TEOLOGÍA PROFÉTICA?
Varios teólogos progresistas europeos sí que aceptan el reto de “mirar el
escenario de la historia con los ojos de las víctimas “(Metz), y creen, como
Girardi, que “por difícil que resulte en Europa una teología de la
liberación realizada en la perspectiva de una cultura alternativa, la fe
cristiana, con su original fuerza subversiva, sigue siendo, también en
Europa, un fermento de creatividad cultural. Si no existe una total
autonomía de la fe, sí existe una autonomía relativa de la misma que le
permite inspirar iniciativas históricas”
En Europa se ha hablado de teología política, teología de la esperanza...
No podemos hablar de teología de la liberación en el mismo sentido, sobre
todo porque creemos que aquí no hay la misma conciencia de una mayoría de
pueblo oprimido como sujeto activo de liberación. Los “pobres” aquí son
sobre todo el “cuarto mundo” de la exclusión, y este mundo tiene unas
connotaciones bien diferentes. El sugerente folleto de José Laguna “¿De la
liberación a la inclusión?” (Nº 127 de Cristianisme i Justícia) hace una
propuesta de “teología de la inclusión” muy a tener en cuenta, y con muchos
aspectos que nos interpelan a las Comunidades a revisar y profundizar
nuestros planteamientos.
¿DE LA LIBERACIÓN A LA INCLUSIÓN?
(Algunas referencias al folleto citado)
Nuestro primer mundo no está marcado, como el Tercero, por una inmensa
mayoría de gente pobre, que vive oprimida bajo el yugo de unos pocos
explotadores. La proclamada globalización no es la extensión de los
beneficios del liberalismo a toda la humanidad. Más bien se ha ensanchado el
abismo entre la acumulación de riqueza en cada vez menos ricos (personas,
familias, empresas, instituciones o países) que son cada vez más ricos... a
costa de la exclusión de esa globalización de quienes no entren en la rueda
de producción y consumo. El primer mundo se enriquece a costa del tercero.
Pero dentro del primero hay a su vez una diabólica dinámica de inclusión en
el mundo del consumo (seducción) o de exclusión.
“El discurso neoliberal que campa faraónicamente en nuestras sociedades
opulentas se encarga sutilmente de culpabilizar al sujeto particular por no
haber sido capaz de encontrar un lugar en un mundo lleno de oportunidades a
su alcance”. El becerro de oro consumista capta sus creyentes también entre
las clases más necesitadas. No es lo mismo la pobreza en un contexto de
supervivencia generalizada, que la pobreza en un contexto de consumismo
frenético. El sistema dominante se ha encargado de atomizarnos en individuos
satisfechos con las ollas de Egipto. No es nada fácil ver la dinámica
diabólica que se esconde detrás de las ollas de Egipto. La salvación no está
en Egipto, la Liberación acontece al ponerse en camino.
La exclusión no es el último escalón de una cadena de precariedades; no es
fruto de carencias sino de injusticia. Es síntoma de una sociedad enferma,
no tanto de individuos. Una sociedad que necesitará un sistema represor cada
vez más fuerte para contener la frustración que ella misma alimenta. Hay que
escuchar la pregunta radical por la desestructuración no del individuo
marginado sino del sistema social marginador.
La solución a la exclusión tampoco será integrar al individuo en un sistema
que es de por sí excluyente, sino trabajar por una nueva sociedad en la que
se supere esa exclusión.
Estar al lado del pobre luchando contra la pobreza, autoexcluirse del
sistema para situarse al lado de los que son marginados por el mismo, es el
lugar social desde el que iniciar cualquier teología.
Esa solidaridad horizontal nos pondrá en guardia respecto a un
asistencialismo desde arriba (“absolutismo caritativo”:todo para el pobre
pero sin el pobre), que puede acabar siendo contraproducente: aun con la
mejor intención se le puede estar haciendo el juego al sistema, si sólo se
ponen parches o medidas paliativas sin llegar a cuestionar el sistema
injusto. Al mundo de la exclusión no hay que ir con respuestas
prefabricadas. Al mundo de la exclusión hay que entrar en silencio, con
contemplación respetuosa, escuchando y dejándose interpelar por ella.
JESÚS LIBERADOR-JESÚS INCLUYENTE
Para hacer una teología cristiana es necesaria una referencia al Jesús
histórico. Recuperar el Jesús histórico, con una relectura del Evangelio,
superando esquemas anquilosados, y redescubriendo desde una óptica nueva la
múltiple riqueza de la Escritura, desde perspectivas diferentes: desde la
exclusión descubrir al Jesús incluyente; desde la opresión, encontrar al
Dios liberador; desde la perspectiva de género, encontrar al Jesús que nos
muestra a un Dios Padre-Madre, etc.
Jesús no era, en principio, un excluido. Era un judío piadoso, que iba a la
sinagoga, al templo, conocía y respetaba la Ley. Pero, según se fue
encontrando con situaciones de exclusión, de injusticia, de opresión, se fue
poniendo de parte de los débiles, y denunciando los abusos de la religión,
de la ley, del poder. Su creciente compromiso con las personas excluidas
fueron haciendo de él también un excluido. Se saltó todas las leyes para
hacer visible lo que para él era la ley de Dios: el hombre no ha sido hecho
para servir al sábado, sino el sábado para el hombre. Ese camino le llevó a
ser asesinado “fuera de la ciudad”, como blasfemo para la religión oficial,
y como subversivo o terrorista para el poder político.
Con su vida, con sus gestos y palabras, fue mostrando un Dios Padre-Madre,
misericordioso; anunciando proféticamente la liberación de los oprimidos y
la buena nueva para los pobres. El proyecto de Dios lo refleja en el Reino
en el que precisamente los excluidos de este mundo son los primeros
invitados al banquete festivo de la inclusión.
“COMUNIDAD DE SALVADOS”.
Los discípulos y discípulas de Jesús constituyeron una comunidad de iguales,
que seguían su ejemplo y su camino. El cristianismo no es tanto una doctrina
ni una religión, sino un modo de vivir, un camino a seguir. Y estuvo desde
el principio abierto a la “universalidad”, a superar exclusiones por
cualquier motivo: ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre o
mujer...
Nuestra reflexión como comunidades cristianas se ha de hacer sobre la marcha
de una práctica que significa no sólo acercarse a los excluídos, sino
incluirlos en nuestra vida comunitaria, lo cual sólo será posible en serio
en la medida que seamos excluídos por el sistema del que formamos parte
aunque nos consideremos de izquierdas. Es momento de pensar en qué medida
creemos y estamos dispuestos a incluir en nuestra vida a los excluídos, y a
caminar hacia una comunidad que haga creíbles o visibles las
bienaventuranzas.
OTRA TEOLOGÍA ES POSIBLE...
Y NECESARIA!
Sin descalificar globalmente toda la teología elaborada por los teólogos
“profesionales” (de los más críticos y comprometidos ya se encarga la
Congregación pertinente), desde las Comunidades de base sí constatamos la
necesidad de una teología más asequible, y no por eso menos profunda. Por
ejemplo, ya se está dando una teología feminista, elaborada por mujeres y
con clara perspectiva de género, con otra sensibilidad y lenguaje. La mayor
parte de la teología ha sido elaborada por hombres, además célibes y
clérigos, intelectuales, europeos y “profesionales”.Lo cual,
inevitablemente, deja su marca.
Sí creemos necesaria la teología de investigación y creativa, pero también
la teología asequible, de andar por casa... y por la calle; la teología
elaborada por las propias comunidades, también con ayuda de “profesionales”
que les ayuden (a ser posible desde dentro o desde cerca) a elaborar y
formular su reflexión de fe de forma crítica y articulada, no meramente
espontánea y sentimental.
También es preciso cultivar una espiritualidad coherente, en línea con un
estilo de fe y por tanto de teología; espiritualidad “nueva” no sólo en las
formas, sino renovada en contenidos, talantes y orientaciones...¡Todo un
reto!
La “teología narrativa” que expresa la experiencia reflexionada de las
comunidades es una pista sugerente. Como lo puede ser el lenguaje simbólico,
especialmente el celebrativo, en el cual se expresa y se profundiza la fe. Y
la necesaria poesía para expresar el mundo que escapa a la fría razón, como
es, entre otras dimensiones la propia humanidad, la fe y el Amor como
realidades divinas y humanas, la locura evangélica de las bienaventuranzas,
o la utopía del Reino de Dios...
Y todo ello, con humor y alegría, pues si se trata de “Buena noticia” ha de
ser alegre y transmitir alegría, no en sentido superficial sino de la
profunda felicidad que Jesús nos da y nos encarga transmitir y construir. Si
la teología no sirve para eso ¿para qué sirve?
CUESTIONARIO:
1.-¿Veis la necesidad de reflexión, de formación teológica, personal y
comunitariamente?
2.-¿Cómo hacéis teología en tu comunidad?
(Estudio de libros, preparación de temas, charlas, debates...)
3.-¿Se aborda la reflexión desde un análisis de la realidad? ¿cómo?
4.-¿Qué supone la Palabra de Dios en vuestra reflexión creyente? ¿Qué claves
de lectura bíblica utilizáis?
5.-¿Qué os ha aportado la Teol. de Lib. latinoamericana?
¿En qué medida creéis que sigue vigente hoy?
6.-¿Qué condicionantes crees que marcan (consciente o inconscientemente)
nuestra reflexión y teología? (Contexto socio-político, eclesial, económico;
herencia cultural y religiosa; educación...)
7.-¿Cómo afrontar como creyentes la secularidad? ¿Cómo vivir la fe en un
contexto laico? ¿Cómo “evangelizar” un mundo secularizado?
8.-¿Cómo revisar y renovar nuestra opción por los pobres? ¿Qué importancia
tiene nuestro compromiso para nuestra fe?
9.-¿Cuál crees que ha de ser la aportación de CCP a la renovación de la
Iglesia?
-¿diálogo, crítica y “tender puentes” con la Jerarquía?
-¿vivir nuestra realidad desde la marginalidad (“que nos dejen existir”)?
-¿hacer “comunión eclesial” con otros grupos afines, en horizontal, haciendo
“redes”?
10.-¿Cuál crees que ha de ser la relación entre las comunidades y los
teólogos/as “profesionales”? ¿cómo?
11.-¿Cómo elaborar una “teología narrativa” desde nuestra experiencia?
12.- ¿Cómo cultivar otros lenguajes para expresar la fe y desarrollar una
teología más cálida...?
-Otras cuestiones, propuestas, sugerencias...
Reconocimientos:
Hemos de agradecer a nuestros hermanos Damià Socías y Antonio Andrés su
aportación personal, de la que he tomado algunas referencias, así como el
citado folleto de José Laguna “¿De la liberación a la inclusión?”, y del
libro de JJTamayo “Para comprender la Teología de la Liberación”.
Esta chapuza casera de bricolage teológico ha sido preparada por Deme Orte,
como borrador para ser corregido por si sirve para el previsto taller “por
una teología liberadora” en el encuentro estatal de CCP en Valladolid, del 4
al 7 de Diciembre de 2004.

DE LA CONFESIÓN AL
SACRAMENTO DE LA ALEGRÍA
Juan de Dios Regordán Domínguez
Existe cierta preocupación en la jerarquía al constatar
que cada vez se acercan menos católicos a los confesionarios. Lo confirma la
experiencia sin necesidad de estadísticas. Decir que se ha perdido
religiosidad y fervor sería una respuesta muy simple y superficial. Muchas
personas auténticas, con una preparación bíblica fuerte, que se sienten
Iglesia y con verdadera determinación de progresar en la vivencia cristiana,
huyen de la rutina y de formas caducas. Ante la realidad que se está dando,
se hace necesario profundizar y buscar el verdadero significado para el
momento presente.
Este sacramento fue instituido por Cristo como fuente de vida. Pero, a
través del tiempo, las formas han sido establecidas por la jerarquía según
los momentos históricos. Hoy también pueden cambiarse las formas si ello es
necesario y conveniente. La práctica actual centra el Sacramento en la
“confesión oral” y el “cumplimiento de la penitencia” como lo testifican las
denominaciones empleadas: confesarse, sacramento de la penitencia. Sin
embargo, la esencia de este Sacramento consiste en la vuelta al Padre, en la
conversión, en abrirse al amor.
Analicemos la actitudes de Jesús ante las personas necesitadas de perdón.
Lucas en el capítulo 15 nos presenta actitudes de perdón y acogimiento.
Cuando el hijo pródigo volvió, el padre “salió corriendo, se le echó al
cuello y le cubrió de besos” (Lucas 15, 21). Cuando el hijo harapiento
empezó a decir: “he pecado contra el cielo y contra ti, no merezco llamarme
hijo tuyo”, el padre le interrumpió devolviéndole la dignidad de hijo,
poniéndole el anillo, la túnica las sandalias, organiza una comida por todo
lo alto. Manda matar el ternero cebado y convoca una gran fiesta.. No hay
preguntas sobre lo que hizo ni cuantas veces lo hizo y mucho menos le
pregunta con quién malgastó su dinero. Del padre recibe besos, abrazos y
festejo “porque ha vuelto a vivir”. No le pide una confesión sino que
acepta, lleno de alegría, la actitud de arrepentimiento y conversión. Este
sacramento debería llamarse, con toda propiedad, el “sacramento de la
alegría”.
Jesús a la adultera no le pide explicación del pecado ni expresión de
arrepentimiento y le salva la vida: “¿Dónde están tus acusadores? ¿Ninguno
te ha condenado?... Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más” (Jn. 8,
10). Frente al pecado nunca exige acusaciones, nunca hiere la sensibilidad
personal, sino que perdona, libera, motiva y orienta. ¿Por qué es necesaria
la vergonzante desnudez de todos los pecados? La eficacia de los sacramentos
se basa en la actitud interior del receptor. La formación moral hay que
darla a quien la solicita, pero a poder ser fuera de la celebración del
sacramento.
A Zaqueo tampoco le pide la confesión de las culpas. Bastó la curiosidad, un
mínimo acercamiento, para que Jesús tomara la iniciativa: “Baja que hoy me
hospedaré en tu casa” (Lc. 19, 5). No le pidió un examen de conciencia. En
lo alto del sicómoro le miró y le sintió digno de ser su anfitrión. No le
juzgó ni le humilló, confió en él. Ante esa actitud positiva surgió lo mejor
del estafador: “La mitad de mis bienes se la doy a los pobres y, si a
alguien he defraudado, le devolveré cuatro veces más” (Lc. 19, 8). ¿No sería
más eficaz y evangélico un “sacra-mento de la alegría” en el que nos
ayudaran a reencon-trarnos con lo mejor de nosotros mismos y rectificar..?
En la primera y última confesión del «buen ladrón» no hay propó-sito de la
enmienda porque ya no hay tiempo, ni expresión de arrepentimiento, ni
petición de perdón. Tan sólo la intuición de que aquel condenado era
distinto y un ruego egoísta: “Acuérdate de mí cuando estés en tu reino” (Lc.
23, 42). Y la respuesta inefable: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, sin
requisitos formales, sin exigencia alguna, simple misericordia para quien la
solicita.
Una vez más Jesús se sitúa en lo positivo del hombre, ante la apostasía de
Pedro. Sin juicio, lleva a Pedro a lo más profundo de su ser: “¿Me quieres
más que éstos?” (Jn. 21, 15). La respuesta no es expresión de su
arrepentimiento Lo que importa es la evidencia de lo positivo que le sale
del corazón: “Sí Señor, Tú sabes que te quiero”.
A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los
retengáis les quedan retenidos” (Jn. 20, 23). En este pasaje evangélico hay
una llamada a ayudar: Dios Padre-Madre, Misericordia y Perdón, revelado por
Jesús quiere que el pecador se convierta y viva. Por ello, en vez de
potestad para “retener”, el texto revela una actitud e servicio, acogida y
libertad. ¡A quienes liberéis quedarán liberados, a quienes no consigáis
liberar quedarán retenidos !. Es un envío a perdonar, a curar, a ayudar.¡
Apresuraos y extended las manos!. Aquí también aparece el sacramento de la
ayuda, de la liberación, de la alegría.
La Pastoral Litúrgica y la Jerarquía Eclesiástica deberían replantearse la
fórmula del Sacra-mento, individual o comunitaria, basada en un buen
análisis de la interioridad y en una manifiesta actitud de cambio, que
desemboque en la absolución individual o comunitaria. Nadie sentiría
invadida su dignidad personal, ni surgirían frenos o aprensiones. Sería la
celebración de una fiesta, profundizar en lo mejor de nosotros mismos, el
gozo de volver a nuestra fidelidad interior y seguir progresando. Se hace
necesario dar cumplimiento al número 72 de la Constitución del Concilio
Vaticano II Sobre la Sagrada Liturgia que dice, en cuanto a la reforma del
rito de la penitencia, :”Revísense el rito y las formulas de la penitencia,
de manera que expresen más claramente la naturaleza y efecto del
Sacramento”.
¿Podría, en los momentos actuales, la Comunidad Cristiana, presidida por su
ministro, celebrar con frecuente el Sacramento de la Alegría para festejar
lo que va bien en nuestra vida personal y comunitaria, profundizar en lo que
va menos bien y después alegrarnos porque Cristo nos libera, nos perdona y
nos anima a progresar en nuestras aspiraciones de vivir como Testigos de la
Resurrección? Será cuestión de volver a las fuentes bíblicas y encontrar las
fórmulas de la celebración, adecuadas a nuestro tiempo.

|
|