EL CURA RURAL
UN CURA RURAL

Urbano Andrés Peralta.Cura rural de la
Diócesis de
Teruel-Albarracín
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Prenotandos

Se me pide por un miembro del MOCEOP que escriba sobre “El cura rural”. Quiero hablar desde mi experiencia y desde el entorno en que estoy y vivo. Lo rural es muy diverso y complejo, pero convergente en algo que nos hace llamarnos “curas rurales”. No se puede estar hablando del cura rural sin que vaya de la mano su entorno.

No hay grandes pretensiones con el trabajo que voy a desarrollar, pero si un deseo que, siendo sencillos en la exposición, al leer estas líneas, nos sintamos reflejados y satisfechos por haberse dado un encuentro gratificante entre el mundo rural y nosotros.

ACERCARSE RESPETUOSA-MENTE al mundo rural es lo mínimo que se pide cuando se quiere hablar de él. Procuraré ser fiel a la realidad que me ofrece, no sin dejar que realidad y sueños corran parejos hasta encontrarse en un proyecto de vida rural renovado. Manifiesto mis respetos: Nací y vivo en el medio rural, una realidad que siempre la he visto en crisis y en continua transformación, pero nunca quedó absorbida, siempre supo superarse para luego tener que empezar de nuevo. El haber nacido y vivido en el mundo del campo no son avales suficientes que me lleven a decir soy y estoy en el mundo rural.

SABER ESTAR LO EXIGE EL MISMO RESPETO El saber estar-siendo es identificarse con la entraña misma del campo y sus gentes, sentir sus ritmos y latidos en uno mismo. Saber estar sin prisas en el mundo rural, es no confundirte con un paracaidista más de los que nos llegan a veces, demasiadas veces. No es la foto fija que te llevas como recuerdo del que pasó por allí. Lo que tiene identidad y entidad se renueva cada día, y uno también.

ES UN CURA RURAL de la Diócesis de Teruel-Albarracín quien escribe estas líneas desde el mundo rural y su experiencia, siempre limitada experiencia. Soy consciente de que lo particular no agota lo genérico. Se trata, simple y llanamente, de una experiencia personal.
El medio rural tiene su propia identidad, expresada de forma muy heterogénea, plural, pero convergente. La realidad de Aragón -Teruel- no es la del mundo gallego, sin embargo se enriquece cuando comparten sus experiencias y contrastan que son similares; es una vivencia captada en las asambleas estatales del Movimiento rural cristiano.

Nos acercaremos a la realidad del campo para escucharla y aprender de ella, entre otras cosas, “el saber estar sin prisas”, compartiendo con sus gentes todo lo que nos ofrecen.
Ojalá que se dé ese encuentro gratificante de nosotros y el mundo rural.




I.-…Y SIN EMBARGO EXISTE Y ES RENTABLE.

1.-¿QUÉ MUNDO RURAL TENEMOS?


Oímos frivolidades como la siguiente: “El mundo rural no existe o está desapareciendo, mas no es rentable lo que queda”
Mas bien deberíamos que no hay una pastoral rural, y coincidir con Medard Kenhl en asentir que la que hay son “tinglaos,” que no satisfacen a nadie. Con frecuencia oigo decir a los medios de comunicación y leer en la prensa y también de la boca de algún compañero que “ el mundo rural no existe y que lo que aún queda ya no es rentable”. ¡Ojo con la palabrica!. No es rentable –dicen- la sanidad, no es rentable la escuela, no son rentables nuestros métodos de producción, nuestros productos…, en el fondo de estas afirmaciones –tan atrevidas- se descubre el rostro todopoderoso del neoliberalismo y sus modas que todo lo llena y lo organiza desde sus claves de mayor rendimiento con mínimos costes.
Lo que está ahí, delante de nosotros, no necesario evidenciarlo. Tampoco tener que hablar de producción, renta, demografía, economía, cultura,….del medio rural para decir que existe. Sí se impone clarificar de qué economía, política,… estamos hablando. También se impone aclarar que, hoy día, lo rural no lo define lo agrario, y que lo agrario ha pasado a ser un componente más de lo que llamamos “mundo rural”. Lo rural es más amplio, tiene su propia identidad expresada en sus comportamientos, ritmos, talante, costumbres, lenguaje, indumentaria… y hasta su forma de rezar y de celebrar la vida o la muerte. Es, sencillamente, la “cultura rural”.
La realidad del campo sabe reconvertirse de tal manera que nunca perdió su identidad. Este movimiento de transformación lo he vivido de cerca en uno de los pueblos -Cedrillas- que me tocó atender en la Sierra de Gúdar. Una experiencia modelo, digna de estudio para el campo y para tenerla en consideración.
No haría bien pasar por alto no hablar de la cultura urbana y su relación con lo rural. La cultura urbana no lo llena todo de tal manera que no deje espacio a otras expresiones culturales, como puede ser la rural, pero en algunas ocasiones así lo pareció; la misma arquitectura del hormigón sustituye a la piedra, al barro, a la madera y a los yesos propios de la construcción del medio rural, sintiéndose agredido por la estructura del hierro y el aluminio de la urbe. En las mismas escuelas sólo hay que ojear los libros de texto, ¡qué poco de rurales tienen! No tenemos una pastoral rural elaborada desde y para el mundo rural, las mismas catequesis son de importación, viéndonos obligados a hacernos nuestras propias fichas, si queremos que los niños tengan un conocimiento de Jesús desde su medio. Lo urbano y lo rural coexisten sin diluirse el uno en el otro. En este punto, también el neoliberalismo tiene su influencia, quiere unos ciudadanos dóciles a la cultura híbrida del “todo vale”, nada debe ser cuestionado; es la cultura gregaria.
Sirvan, pues, estas anotaciones previas para acercarse al mundo rural con sentido crítico y datos objetivos. Son la mismísima expresión del respeto que merece ese mundo y sus gentes. EL teólogo gallego Manuel Regal en la Revista FRONTERA ilustra muy bien lo que hemos querido decir:

“Casi nadie valora lo que hay de más profundo en el mundo rural. Ni los mismos labradores y labradoras que viven y piensan su vida, según los criterios que desde la villa o desde la ciudad se han estado vertiendo sobre el mundo de la aldea. También aquí estamos entre generaciones y generaciones, que nos han ido transmitiendo una negación de sí mismas – “ser labrador es lo último”- y que de tal negación no nos recuperamos así como así en cuatro días”
(Revista FRONTERA, Nº 11)



2.- BREVE ANÁLISIS DE LA REALIDAD RURAL
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2.1.-Tenemos un mundo rural mareado en medio del oleaje de la democracia: nos llegó la democracia al mundo rural, nos la importaron; no fue conquistada, era demasiado para nosotros, demasiado carga y mucha responsabilidad. Se nos fue administrando por dosis muy prudentemente.
Han pasado treinta años y hemos podido comprobar que “el nuevo espacio de libertad y de pluralidad ideológica no ha resultado ser bien asimilados por los creyentes ni por la misma iglesia, no se sabía estar en la nueva sociedad democrática”, nos dice A. Alvárez Bolado en su obra Teología Política desde España. La presencia religiosa ha ido languideciendo con el paso de la democracia, a la vez que ha ido creciendo la distancia entre ciudadanía y fe católica. De un sentir cercano a la autogestión, como concepción romántica de la política, hemos pasado a posicionamientos de grupos que han hecho resurgir las antiguas expresiones de poder, sus influencias en los pueblos: el viejo caciquismo reconvertido.
Difícilmente se aceptará con carácter universal el mensaje de fidelidad al Evangelio que el cura rural coherentemente pueda presentar, pues cada grupo tiene definida ya su postura y sus intereses. La tentación de claudicar está servida y el inmovilismo aplaudido también.
En este contexto de democracia a la europea, democracia formal, las constituciones quedan burladas por las leyes del mercado libre o libre mercado, que es la divinidad del neoliberalismo, capaz de invertir la escala de valores y hacerla creíble como dogma. Surge la corrupción en todas las escalas y estatus sociales, percibida por el pueblo como una herida infectada que nunca cura, y creando en él una actitud de incredulidad y desencanto ante cualquier otra propuesta de futuro, cundiendo el escepticismo que les lleva a decir: “todos son iguales”.

El mercado libre y la democracia juegan a hacerse manitas, se obsequian en momentos felices, se perdonan…,pero engañan al pueblo haciéndole ver que también le regalan la capacidad del voto para no decidir nada con él. Votamos simples gerentes del sistema neoliberal, que son muy obedientes al capital y a las multinacionales. Votamos dóciles administradores del libre mercado, que durarán en la administración mientras le Hagan bien los deberes y no el tiempo que la intención del pueblo con su voto les quiso dar. En medio de estas constataciones vive el mundo rural, que no escapa a sus consecuencias: se crean cantidad de puestos de trabajo irregulares, explotación de emigrantes, economía sumergida, enchufismos, politiqueos, ..etc Se rompió el pacto moral de sus relaciones con la naturaleza, con los ancianos y sus dichos, mujeres y niños y con las instituciones, incluida la iglesia que siempre gozó de sus respetos.
La iglesia tampoco escapa a este nuevo tipo relación en el mundo rural contemporáneo a la democracia: “la realidad de la iglesia en el mundo rural es también reconocida en sus inercias ancestrales y en sus dinamismos actuales. Por un lado, durante largos siglos, la Iglesia, entendida como cosa de “ellos”, de los curas, ha formado parte de la representación rural para identificarse con ella o para oponerse. Por otra parte, en la actualidad, aunque persiste la presión eclesiástica sobre la vida social y sobreviven actitudes de cristianismo tradicional la vida del pueblo ha dejado de girar alrededor del templo, la religión ya no marca los hitos del transcurso del año y existen reacciones crecientes de abandono de las prácticas eclesiales y de recelo ante la Jerarquía que sigue manteniéndose distante del pueblo y de manera especial de la juventud.
Casimir Martí, en la revista FRONTERA, Nº11, pg. 58, nos dirá.:

“ La toma de conciencia de la realidad social y religiosa, lejos de realizarse con nostalgia o resentimiento, o con la convicción de tener derecho a descalificarla para poder ignorarla impunemente, interpreta como necesaria para garantizar la permanencia de la Iglesia en medio del pueblo para encarrilar dentro de un nuevo marco de comprensión de sí misma, para encarnarse en el medio rural y para poder percibir los signos de la presencia del Resucitado en el mundo tal como es y anunciar en él el Evangelio.”

Estos propósitos son los que constituyen el deseo de una pastoral de proximidad y de presencia en el mundo rural, que no debe ser nunca como ir de paso, como algo provisional.
2.2.-Un mundo rural influenciado por el modernismo, ya por el postmodernismo, que se aceleró con la entrada en la C.E:E. Es llamado a modernizarse, invitación cargada de ambigüedad, abstracta, es una llamada que no se sabe a qué proyecto o modelo de medio rural. La modernización es utilizada como cajón de sastre. La propuesta carece de información transparente, sólo unos pocos privilegiados la tienen y nos la van dosificando cautelosamente, según su conveniencia. ¡Cuántas decisiones tomadas sin haberlas asimilado! El mundo rural ha pasado en estos últimos lustros de una sociedad tradicional a una sociedad técnica y tecnificada con una buena dosis de economicismo neoliberal. Las antiguas costumbres y formas de vida han quedado obsoletas, sin ser reemplazadas adecuadamente por otras que den perspectivas. Todo este influjo modernista está haciendo surgir otro tipo de relaciones laborales en los pueblos con otros ritmos no tan sujetos a los ciclos de la naturaleza con los que el hombre y la mujer rurales se sentían identificados. Los mismos dichos de los mayores ya no forman parte de lo cotidiano. La modernidad también ha tocado a lo religioso y la Iglesia no ha sabido estar a la altura de dar una respuesta adecuada, se marchó por lo folklórico y la religiosidad popular trasnochada, no reciclada. La pilló en la inopia y despertó de comparsa.

3.-LA SECULARIZACIÓN O SECULARISMO,

algunas veces, que desacraliza por mandato de la razón científico- técnica hasta lo más sagrado para el pueblo: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Lo religioso deja de ocupar el lugar que tradicionalmente ocupó en otro tiempo en el hogar, la familia, la parroquia. El sacerdote anda dudoso sin saber qué lugar ocupa y dónde situarse, más aún, se siente desorientado, reducido a brujo de tribu o figura decorativa en los actos festivos en los que queda reducida la fiesta a lo folklórico y no hay escrúpulos de poner en el mismo programa de fiestas en honor de la Virgen un stripteasse con presencia de niños. El sacerdote ha pasado a ser una figura decorativa del paisanaje. Se impone ir de comparsa si no quieres desentonar del momento, lo contrario sería caer en el “conflicto” Los mismos sacramentos son reducidos a mera sociología: bautizos, bodas entierros… Gerardo Villar, párroco de La Rioja nos dice: ”Me impresiona ver cómo proliferan en estos últimos años, a nivel oficial, las concentraciones masivas de cristianos en congresos, sínodos, jubileos, y visitas del Papa, y aún me duele más ver que por ahí no cambian las cosas lo más mínimo”.


4.-LA GLOBALIZACIÓN

de las economías y la producción ha significado para el mundo rural la desaparición de las explotaciones familiares y sí ha aparecido la concentración de las tierras en muy pocos amos que política y socialmente ya estaban en buena posición. La globalización ha significado decirnos que no eran rentables tantos servicios desperdigados: había que concentrar la sanidad, la escuela, los mataderos…Las consecuencias no han tardado en aparecer: empobrecimiento demográfico, despoblación, desertización del campo, cierre de escuelas. El pueblo se siente descalzo de cualquier proyecto de supervivencia o de pastoral con cierto éxito.
La realidad rural se siente, otra vez, atropellada por la globalización -vaya pedrusco-. Oíamos hablar de la aldea global, luego de la economía global, un poco más tarde, se habló y se sigue hablando de un nuevo orden…;todo suena muy bien, pero los resultados son: reconversión brutal, . No éramos rentables tal y como estábamos organizados. Lo pequeño no servía, lo ruín era algo inútil, había que cambiar la clave para entender el mundo rural moderno que nos ofrecían. Quitábamos vacas, mañana poníamos vacas. Nos daban subvenciones que nos iban matando. Nos llevaron adonde ellos quisieron. : el 80% de las subvenciones van a parar al 20% de los productores—¡Ah! Ya no nos llaman labradores, sino productores- y el 20% de las subvenciones eran para el 80% de los mismos. Desde el año 78 que había el 20% de la mano activa en el campo, hoy está en el 6%. Al ministro Solbes le salieron las cuentas a placer, lo firmó todo en la CEE y sin oposición alguna de los sindicatos del momento, que eran muchos y mal avenidos. Jesús Jaime Navarro nos lo resume Así: “Las multinacionales nos han llevado a sus intereses, y el neoliberalismo campa por sus fueros.
Llegó la ley del más fuerte. Lo débil no puede sobrevivir, no puede subsistir. Nada escapa al poder neoliberal. Su secreto es la fuerza con que se presenta y se impone con tal sistema de poder hegemónico, haciéndose creer que es invencible, que nadie puede derrotarlo ni transformarlo, que no hay nada que hacer, que está mal, pero no hay otro mejor. ¿Cómo se siente un cura rural ante tanto poder? Tendremos que confiar en la fuerza del mundo rural, que siempre ha sabido sobreponerse y salir airoso.


5.- EL PENSAMIENTO ÚNICO,


hijo del neoliberalismo, nos hace creer que su poder es tan inmenso, su capacidad de organizar la sociedad y de organizarnos la vida es tan importante que es absolutamente inútil cualquier intento de oposición o cualquier alternativa que no sea la suya. Lo malo de todo es que muchos se lo creen, algunos obispos también y a otros les queda los estigmas de la frustración.
Al campo también le llegó el “pensamiento único”, va de la mano de la “globalización”. Llegado a este punto, me pregunto por los intelectuales, juristas, las grandes religiones, la misma independencia de los medios de comunicación… ¿Dónde están escondidos con el chaparrón que nos está cayendo? La misma Iglesia debe ofertar algo creíble, porque ella misma se lo cree como modelo de otro orden global, que dé respuesta a las inquietudes más profundas del ser humano. No son momentos de uniformidad, sino de pluralismo, aquel pluralismo que tanto defendió el Padre Arrupe en el Concilio Vaticano II. ¿Dónde está la independencia de los intelectuales y de los medios de comunicación? Vergonzantes los argumentos esgrimidos por los políticos a la hora de justificar la invasión de Irak, pero más vergonzoso- si cabe- que los medios de comunicación, algunos medios- se hayan alineado y limitado a reproducirlos tal cual.




6.-LA ALDEA GLOBAL.

Jesús Jaime Navarro en la pg. 21 de la revista FRONTERA dirá:» ”Cada vez somos más conscientes del proceso de mundialización en el que estamos inmersos Pueblos y naciones del mundo estamos sometidos a unas mismas influencias. Se mundializa la economía, las finanzas, las ciencias, las tecnologías y, hasta cierto punto, los mismos comportamientos humanos. Nuestro mundo ha quedado ya definido irremediablemente como la “aldea global”. ¿Qué otra semilla que no sea el neoliberalismo podré tomar en estas tierras convertidas a la sazón en páramos, que entierra cadáveres de ancianos no reclamados por nadie?

PERO EL DESIERTO ES FÉRTIL Y RENTABLE.

Al oir que el mundo rural no es rentable, no es cuestión de huir, sino de saber estar, saber permanecer acompañando hasta el final, haciendo realidad en nosotros ,los curas rurales, aquella frase:”el último que apague la luz”. Creo que se trata de acompañar con lucidez y espíritu crítico, que nos ayude a saber interpretar lo que acontece en cada momento por los que pasa el mundo del campo. Es un saber estar y acompañar por vocación, esperando con paciencia, hasta poder volver a encontrar nuestra identidad humana, rural y cristiana. Es por lo que urge una pastoral rural misionera que sirva ala identidad y entraña misma del mundo rural hasta fecundarse mutuamente; no se trata de una presencia que se pasean por la ciudad. Hay que tener esperanza en la capacidad regeneradora que tiene el mundo rural. Así se expresará José Guarc Pérez y Jesús Jaime Navarro en la revista FRONTERA. Nº 62 :
“El mundo rural apuesta por su futuro. Es en este contexto de no rentabilidad del mundo rural, donde debemos rescatar el potencial transformador de la utopía social y de la fuerza transformadora del pueblo y sus organizaciones en esta coyuntura histórica. Hay quienes estamos creyendo en el futuro de este mundo rural en transición, porque hay calidad de vida, los nuevos trabajos que surgen…y por sus raíces históricas con capacidad en sus personas de continuarla. Esta fuerza de la utopía humana y evangélica hay que buscarla en nuestro interior y en los pobres”
Hay que tener fe en las organizaciones y plataformas y aún en la misma Iglesia que no puede renunciar en lo que le queda y posee como suyo. Pongamos en común toda esta energía y hagámosla producir , convirtiendo el desierto en campo.
En el mundo rural va dejándose configurar por las múltiples influencias que cada momento histórico le depara, en la actualidad están obligando a una reconversión, que hasta los mismos sindicatos agrarios califican de “brutal”.
Espero haber dado una visión, familiar con el mundo rural en el que vivo, una visión suficiente,, no total ni acertada, como para hacernos una idea aproximada de lo que tenemos delante. Es el momento de saber qué hago, cómo vivo y presentarme como tal “cura rural”.

SITUACIÓN VITAL Y EXISTENCIAL:


en ese mundo que no existe y que no es rentable, ahí estoy y vivo yo.

En la realidad descrita anteriormente , estoy y vivo. Vivo en mi elemento. Nací y viví en un pueblo eminentemente rural. A los doce años
Marché al Seminario, para volver en periodo de vacaciones, sin perder el contacto con el medio. Aún no tenía hecha mi opción por el mundo que me vió nacer, es por lo que no puedo asegurar mi identidad con él. En esta última etapa siempre quise estar cerca, encarnado, me trae apuro creerlo, pues me siento más “un cura rural” que “un rural cura”.
Desarrollo mi ministerio en el mundo rural, la realidad en la que he encontrado sentido a lo que vivo y hago. Son veinticinco años de apuesta por la Diócesis de Teruel y Albarracín . Opté por esta Diócesis como mi medio natural. Venía de Valencia, donde estudié la Teología, estudios que compaginé con el trabajo manual en la construcción a lo largo de siete años. Es una experiencia que compartí con otros dos compa-ñeros dioce-sanos, que no llegaron a ordenarse. ¡Qué experiencia tan gratificante y enriquecedora!. Aprendimos a convivir bajo un mismo techo y lo que significa tener en común bienes, proyectos, trabajo, vida….Aprendimos a aceptarnos como somos. Esta misma experiencia la vivimos con otros seminaristas jesuitas con los que celebrábamos la fe, así como encuentros en los barrios obreros y las clases de Teología.
A este plan de estudios, la facultad de Comillas le llamó “Tutorías”, que estaban coordinadas por J. Ignacio González Faus y un cuadro de profesores que nos enseñaron a estudiar y hacer vida la teología. Gracias a todos por lo mucho y lo bueno que nos dieron.
Tenía que decidir dónde desarrollar mi ministerio, y opté por la Iglesia Diocesana de Teruel y Albarracín, opción que vivo con la misma frescura con que la hice en aquel momento.
Dichas vivencias arrancan de los años setenta. Quise experimentar que era posible compaginar el estudio de la Teología con el trabajo manual, sentir cómo esos dos mundos tan distantes – así nos lo habían hecho ver- eran capaces de fecundarse el uno al otro y dar a luz una teología de ENCARNACIÓN Y KENOSIS. Quería estar cerca del hombre y de la mujer de cualquier momento, sigo en el empeño. Fueron vivencias inolvidables. Una experiencia vital, gracia de Dios
Queríamos -humildemente- dar respuesta a muchas cuestiones que se nos planteaban desde la Teología impartida en el Seminario. En nuestras reuniones comentábamos la falta de respuesta que dicha teología daba a las inquietudes y realidad social a la que un día tendríamos que servir o atender de forma acertada. Optamos -no sin dolor y con algún rasguño moral y psicológico- por otro sistema de estudios y otros contenidos más cercanos a la mística del Vaticano II, sin estrenar hoy todavía por algunos sectores de la Iglesia.
Esta apuesta supuso una ruptura dolorosa con la Institución -Seminario- y también con el criterio del Ordinario del Lugar en aquel momento. Por todo lo que aquella experiencia me reportó de madurez humana e intelectual. Volvería a repetirla. Es una experiencia, que pasó a formar parte de mi vida y también en los otros dos compañeros como seglares.
La idea de equipo era fundamental a la hora de hacer realidad nuestros proyectos. Pensábamos volver los tres a Teruel, no pudo ser. Sólo yo me ordené de sacerdote, desbaratándose toda posibilidad de vivir en equipo. Ante tal situación, medité la decisión de volver a Teruel. Tuve que renunciar a otras posibilidades que me fueron ofrecidas. Para algún Sr. Obispo –de cercana memoria- mi opción por Teruel fue un error. También se equivocó Jesús de Nazaret al optar por la humanidad.
He estado y sigo, en la actualidad viviendo solo en los pueblos que me han tocado atender. No es una situación que yo haga querido o buscado. El equipo no pudo hacerse realidad, y mis padres, que entonces aún vivían, no pudieron acompañarme por circunstancias que superaron todos mis buenos deseos. Siempre huí de la soledad, de aquella soledad que significara vivir en solitario. Estaba muy reciente la experiencia de haber vivido siete años con otros dos compañeros bajo un mismo techo. Fue muy doloroso para mí tener que vivir solo, renunciando, a la fuerza, a tan enriquecedora experiencia con los dos compañeros. Tuve que hacer mía la situación de vivir en soledad.
Perdonad que insista. Creo con firmeza en el equipo. Su ausencia en mi vida, como cura rural, marcaría mis sentimientos, pues siendo persona extrovertida y de fácil comunicación, supuso en mí una frustración no poder compartir casa y cuanto de trabajos y proyectos pastorales hubiéramos podido realizar. Los recuerdos de familia, afectos no correspondidos y la necesidad de sentirse acogido al arrimo de la Institución….para luego no encontrarla y sí la norma o lo dispuesto por ella, tratando de eludir el reclamo del hijo, que quiere seguir siéndolo. Pasada la noche o las noches, sí encuentras el grupo de creyentes que te insufla el aire fresco del Espíritu Conciliador. Es entonces cuando se da el encuentro con la comunidad de Jesús, que aún se le notan las llagas del dolor.
He de hablar de los espacios de lugar y de los tiempos de celebración. En este año, 2003, he celebrado las bodas de plata en comunión con el Presbiterio de Teruel- Albarracín, con los familiares y amigos, Parroquia y feligreses. Son veinticinco años de “cura rural” en plena sierra. Siete años en las estribaciones de los Montes Universales, lindando con los tres reinos – Valencia, Castilla y Aragón – fueron mis siete primeros años de pastoral rural misionera: El Cuervo, Castielfabit, Arroyo Cerezo y Cuesta del Rato, un trabajo que compartí con otros sacerdotes de la cuenca colindante a mi zona, que era el Rincón de Ademuz. Fueron siete años inolvidables, en los que aprendí a vivir sin prisas, saborear el sentir del pueblo. Eran estos cuatro pueblos una realidad rural demográficamente muerta, la emigración los dejó prácticamente desiertos, envejecidos, pero aún sentía el latido de su corazón y el pulso de su ritmo sereno, ya resignado.

En el año 1.985 me incorporé a la Sierra de Gúdar, la zona opuesta a la anterior, atendiendo cuatro pueblos, que formaban la unidad pastoral. Sin prisas, curtiéndome por el tempero y dando temple a la pastoral de Encarnación con aquellas personas de sierra y raza, pasé 15 años. ¡Cuánto poso de buen vino quedó en este frágil vaso de barro, que es mi corazón! En la actualidad ejerzo mi sacerdocio en la Sierra de Albarracín, dentro de los Montes Universales, en un pueblo, junto con otros dos más, que forman la unidad pastoral. En ellos llevo tres años. Vuelvo, otra vez, a la misma sierra que dejé al principio. Permanezco en la dinámica de ver, contemplar, decidir, encarnar…y rezar todo lo que acontece desde el Resucitado, con la esperanza de creer y hacer creíble esa vivencia del mismo. Especial mención merecen las Hermana Clarisas Capuchinas de clausura, a quienes me cabe el honor de atender y de compartir con ellas el rezo de la realidad del mundo rural. Con ellas participo del silencio, la soledad y los momentos fecundos de la gratuidad de Dios.
Permitidme una breve referencia al Movimiento Rural Cristiano. Sin él no sería nada de lo que soy. Desde los años setenta con la JARC y ahora con el Movimiento Rural Cristiano de adultos, he estado madurando este proyecto de cura rural.. En él encontré los medios que hicieron posible hacer vida en mí la Teología de la Kénosis aprendida en Barrio del Cristo –Valencia- con Antonio de Andrés y otros profesores jesuitas.
En el Movimiento Rural Cristiano encontré la metodología de trabajo, las claves desde las que podía analizar la realidad rural, evaluarla y planificar la pastoral. En él encontré la mística que iba creando en mí un espíritu cual junco que dobla pero no quiebra. Encontré las opciones que hacían realidad en mi persona los valores del Evangelio. Fue el MRC el mejor regalo que me pudo deparar mi continua búsqueda de sentirme a gusto conmigo, siendo útil, evangélicamente hablando, al mundo rural, en el que nací y vivo. Estudié los primeros ritmos de transformación, crisis y reconversión…por los que ha tenido que pasar y sigue pasando el mundo rural. Crecí y maduré en el MRC, en él sigo como militante esperanzado en mis apuestas y opciones, que debo creerme y hacerlas creíbles desde lo que significa y representa ser militante en el medio rural. Con el militante convive mi sacerdocio bien avenidos con lo que ambos proclaman y viven.
Hablando de experiencias, situaciones vitales y existenciales con las que el cura rural ha tenido que familiarizarse, sería bueno hacer una breve exposición de aquellas carencias o lagunas con las que también he tenido que convivir, bien porque ya estaban en el medio o en uno mismo.
1.-Precariedad de medios, pueblos desertizados por la emigración, llenos de jubilados por anticipo, debido a la reconversión que llegó de la CEE, la cual no supo o no hubo voluntad política de dar futuro. Allí sólo se hablaba de abandono de tierras y retirada de ganados. Las escuelas se vaciaban, no había entidad suficiente de niños para las catequesis, ni celebraciones; tampoco había casa digna en la que vivir el sacerdote ni salones para las catequesis. Había que improvisar. Precariedad subjetiva y objetiva corrían parejas, sin que por ello tengamos que hacer un canto a la resignación como derrota.
2.-Precariedad, sobriedad y austeridad en la forma de vida, que acepté como consustancial a mis opciones. De no haber sido así, la tentación del consumismo y el derroche estaba servida. Nunca tuve, tampoco me faltó.
3.-No había equipo pastoral. Fue y es una carencia muy significativa. Hacer equipo es difícil, primero, porque se nos educó en el seminario, y segundo porque dada nuestra condición de sacerdote, nos es aún más difícil hacer amigos -si cabe- que en la condición de seglares.
4.-Una afectividad llena de lagunas, que inconscientemente se buscan llenar con referentes familiares, materno- paternas, y que no siempre se encuentran. Ante tal experiencia, no nos llevemos a engaño cayendo en la estúpida sublimación que estudiábamos en sicología. Mas bien, se trataría de aceptar con naturalidad tal limitación y encontrar en uno mismo terapias que, de alguna manera, sean consustanciales a la capacidad de salud espiritual que también llevamos dentro en los momentos de desafecto y de desazón. Si difícil es amarse a uno mismo, más aún encontrar “ el amado”, como nos dice San Juan de la Cruz.
5.-Algún que otro desencuentro con la realidad, por falta de madurez humana o inexperiencia pastoral, una realidad dada muy poco a la renovación y sí muy agarrada a su tradición. Nacen los malos entendidos que hieren la sensibilidad, teniendo que saber sobreponerse, aprovechando esos momentos para curtirse uno por dentro y no caer en la intolerancia, la insensibilidad o la evasión concebida de mil maneras. Se aprende con estas carencias a ser prudente, que no reservado, para así poder seguir transmitiendo el Evangelio con trasparencia. Como diría Emmanuel Mounier “encajamos la realidad en la que todo lo que nos acontece es bueno”. Nos sentimos fecundados en nuestra espera paciente del hombre de fe, que sabe guardar todo en su corazón. Nace la experiencia de que el Señor visitará a su pueblo y abrirá sus ojos para que le pueden ver en cada acontecimiento y circunstancias de la vida.
¡Qué apuestas jugosas pueden surgir de este mundo rural, que dicen no existe y que no es rentable! Nacerán apuestas jugosas por un Dios vivo, encarnado, que haga brotar de la monotonía y del aparente fracaso un “nuevo orden”, que sea capaz de configurarse con el proyecto del Reino de Dios, mediante una pastoral que no sólo sea de conservación o mantenimiento, sino más bien misionera cargada de futuro y con capacidad de hacer renacer la esperanza en el futuro. Sería una pastoral con futuro, que haga creíble la experiencia de un Dios regalo, que llama , interpela a que es posible la derrota del mal.
En este Dios regalo, no por ellos supérfluo, el Resucitado venció todo enemigo del Cosmos y del hombre: el pecado, la ley, la muerte. Con esta pastoral o en esta pastoral estará ocupado el cura rural, significando y representando, con respeto, la tarea de hacer entre todos un mundo rural vivo, que sabe pagar con creces a todo el que se acerca a trabajar por el y permanezca en el. ¿Qué mundo rural nos alumbrará este momento histórico por el que estamos pasando?




III.-BUSCANDO NUEVOS CAMINOS QUE NOS LLEVEN A UN MUNDO RURAL VIVO.


¿Qué significa y representa hacer creíble la experiencia del Resucitado? ¿Qué significa en el mundo rural de hoy hacer futuro o crear futuro? ¿Qué significa hacer que el desierto sea fértil en la línea que nos cuenta Isa. 32, 15-20?
Este cura rural, que se acerca con respeto y quiere saber estar sin prisas, permaneciendo en la realidad rural y que ha vivido el momento claro- oscuro de crisis y reconversión, quiere vivir también siendo fiel a su sacerdocio como posible respuesta al campo y los interrogantes que nos lanza.
El talante del cura rural le debe llevar a estar y a vivir con conciencia rural y cristiana, evidenciando los valores irrenunciables al mundo rural, así como los del nuevo orden que queremos hacer brotar. No debe estar en la dinámica o dialéctica de la confrontación o lucha de contrarios, sino ofrecer otra alternativa, otra forma de vida, que lleve su razón de ser y de existir, lleve algo en su misma entraña, como es la capacidad de hacer posible lo que se ve necesario, como diría Herver Marqus. Ha de hacer creíble uno nuevo orden, que no sea el propuesto por el neoliberalismo, sino que desde la obediencia de Jesús, haga brotar una nueva aldea, una nueva globalización, que liberen al hombre en todas sus dimensiones de esclavitud, salvando el pluralismo evangélico tan opuesto al pensamiento único, sintiéndose realizado en su vocación de cura rural, que es por lo encuentra sentido a su ser y a su existir.

1.La fidelidad al ministerio sacerdotal como camino a un mundo rural vivo.

El cura rural en el ejercicio de su ministerio, es el enamorado de la vida, reconociendo en ella el espacio privilegiado, el lugar por donde Dios pasa junto a hombres y mujeres y junto a su historia. Junto con la comunidad de creyentes, celebra la fe y convierte la vida en plegaria de alabanza, súplica, agradecimiento, perdón o queja profética Siempre está motivada a abrir sus manos a la vida para recoger sus frutos y admirarse, siendo sumiso y aprendiendo de la vida que ellos llevan.
El cura rural se sabe ser portador de todo lo necesario para adentrarse con todos en el corazón mismo de Dios. Todo es ofrenda y oración, a la vez que es consciente de que los gozos y esperanzas, tristezas y angustias del pueblo, son algo consustancial a los seguidores de Jesús de Nazaret............
El “cura rural” está llamado, como nos dice el Concilio Vaticano II en la Constitución G.S. a ser, junto con los laicos, intérprete de los signos de los tiempos, siendo crítico y mirando con profundidad los acontecimientos, al estilo de los profetas. Ha de saber hacer lectura creyente de los hechos y mirarlos con los ojos de Jesús de Nazaret, para acercar “EL MISTERIO LIBERADOR” a las gentes y nunca ocultarlo, siendo buen maestro, cuya autoridad le viene dada por su coherencia de vida y compromiso ministerial vivido con vocación de servicio y no de imposición. Es el cura rural el Pastor de la Comunidad a la que tiene que presidir con el bastón donde apoya sus debilidades y señala la entrega y el servicio como el camino más corto que conduce a Dios, que es el único que llena sus carencias y cubre todo tipo de dependencias del medio rural. Es el que facilita las referencias religiosas de encuentro con El Señor, El Salvador, referencias que el secularismo y la cultura híbrida del Neoliberalismo tratan de borrar sumiendo al pueblo y a la misma Comunidad en dudas e inseguridades, titubeos ante lo religioso como sentido de su vida.
El ejercicio del pastoreo significa estar presente y pendiente de la Comunidad, es sosegarla y protegerla de posibles extrañezas que puedan sobrevenirle. Pastorear con el significado de acompañar y permaneciendo en ella.

2.- La fidelidad a la Iglesia de Jesús y encarnándose con el pueblo.

Dado el cierzo que corre por el medio rural, es tentador pasar este mal trago, retirándonos de la calle, a la que el Concilio Vaticano II y el gran Papa Pablo Vi nos habían sacado y volvernos a las sacristías, así como a los conventos por miedo a constiparnos. Pero no son tiempos de esconderse del mal tempero, sino de rezar a la intemperie, abrazados a la cruz, esperando el clarear de la Pascua, la visita de Dios a su pueblo que nunca abandona. Son momentos de rezar al desnudo, para, sin grandes pretensiones, ser un ciudadano más en medio de ellos, un buen vecino, un cristiano, que da razón de su esperanza, y un sacerdote que mira al pueblo hasta encontrarse entrañablemente con él, que sabe observarlo con atención, contemplarlo con sosiego sin caer en la impaciencia, sabiendo esperar el momento, que se parezca más al gozo de vivir como anticipo los valores de Reino “el ya si...todavía no”
La voz del cura rural, no debe ser extraña a los procesos cotidianos de la Comunidad, ha de ser la voz del pastor que conoce a sus ovejas y ellas...Una voz que ayude a vivir, sintiéndose acompañados en el compromiso de bautizados, a la vez que él mismo intenta ser fiel a su ministerio, como cual de ese sosiego.
Los nuevos caminos para un “mundo rural vivo”, piden al “cura rural” fidelidad a Cristo y al Pueblo de Dios, viviéndolo.
La fidelidad desde las claves evangélicas, capaces de hacer brotar un “Orden Nuevo”, que nos trae Jesús, El Resucitado, la Nueva Luz que brilla en medio de esta espesa oscuridad del orden neoliberal que nos envuelve.
En Cristo se rescató para todos un “Nuevo Orden” Cols. 3,1,11 “...aquí no hay ni griego ni judío, circunciso ni incircunciso, extranjero o bárbaro, esclavo, ni libre, lo es todo y para todos Cristo. En El quedó vencida toda antigua condición del hombre viejo, e hizo renacer la “Nueva Creación” y precisamente desde los elementos despreciados por el sistema”.
En Heb.4,7-10 se nos “...y Dios lo escuchó, pero después de aquella angustia, Hijo sobre todo como era, sufriendo, aprendió a obedecer y así consumado se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen a El...”
Lo que es pequeño, ruin, escandaloso y necedad al sistema, para Dios es Sabiduría y Salvación, pues la obediencia del Hijo es la insubordinación o sublevación de Dios al sistema, la insumisión de Dios al mundo o al Siglo, como gustaba llamarlo en la Edad Media. En Gal.se nos dice “...sólo me glorío en la Cruz de Cristo...circunciso o incircunciso, ¡que más da! lo importante es una “Nueva Humanidad”, que fue conquistada a la Ley, cuando Cristo cumplió el plazo. “...fue enviado por Dios, nacido de mujer, sometido a la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley y recuperar la condición de Hijos y poder llamar a Dios Abba, Padre”
El sometimiento de Cristo a estas Leyes es la desobediencia divina a toda norma de este mundo “...si moristeis con el Mesías a lo elemental del mundo, ¿por qué os sometéis a sus reglas como si aún vivierais sujetos al mundo? Cols. 2.20-23.
Dios hace sabiduría suya lo que es escandaloso para los hombres religiosos del mundo judío y también lo que es necedad para la sabiduría que se ajusta a estos tiempos: “...de hecho, el mensaje de la cruz para los que se pierden resulta una locura; en cambio para los que se salvan, para nosotros, es un portento de Dios, pues dice la Escritura: anulé el saber de los sabios, descartaré la cordura de los cuerdos, Isa.29,14 y 1ªCor.1,18-19.
Este “Nuevo Orden” se encuentra en la misma entraña del cosmos y del hombre, pelea por hacerse realidad, a pesar de las fuerzas del mal, que se lo están impidiendo: “...de hecho la humanidad entera está impaciente aguardando a que se manifieste lo que es ser Hijos de Dios” Rom.8,19-21.
El mismo Jesús hace realidad su condición de Hijo de Dios, no condicionándola, sino al contrario, se desnudó de ella, haciéndose uno de tantos y sometiéndose a una muerte ignominiosa, muerte de cruz, es por lo que Dios le concedió el nombre el Nombre sobre todo nombre, lo constituyó el SEÑOR...”Fil.2,6-11 y digo que lo hace realidad en el Evangelio cuando llamando a los Apóstoles los reúne para decirles “...vosotros sabéis que los príncipes de las naciones los subyugan y los grandes imperan sobre ellas. No así entre vosotros...” Mt. 20,24-27. Ya en el Antiguo Testamento se daba esta paradoja, de que lo sabio para los hombres es necedad para Dios y que lo fuerte de los hombres a Dios le hace ser débil para confundirlos en su fortaleza.
Anticipar este “Nuevo Orden” significa descubrir nuevos caminos que lo hagan posible o habrá que echar las redes a otro lado del de siempre, obedeciendo a Dios, que la desobediencia al sistema. Cuáles serán esos nuevos caminos? ¿Dónde se encontrarán? ¿Qué supondrá para el “cura rural”?
a) Habrá que hacer posible entre todos una pastoral y una Comunidad Cristiana que asuman todo lo que es el mundo rural, encarnando su existencia, su misma esencia y proceder, encarnar todo de él, menos el pecado. Todo menos lo que ya se filtró en él del sistema como cultura falsa y forma de vivir en la esclavitud. Tendrá que asumir todo lo que para el medio rural es irrenunciable, como puede ser su derecho a tener estudios superiores sin que para ello le suponga un sobreesfuerzo, que los de la ciudad no lo tienen, resultando ser para el mundo del campo una carencia o marginación. Habrá que respetar su capacidad de integración colectiva: todos tienen lugar y familia, nombre, nadie es ignorado, comparten sus sufrimientos, celebran sus alegrías, lloran sus muertos, nada queda diluido. Respetaremos su cultura integradora, ordenada: a los duros trabajos les suceden tiempos de fiesta. Todo ello va tejiendo la llamada sabiduría popular, que supone sabérselas buscar, aprender, y me memorizar. Es saber sobrevivir en medio de la quema, añadiendo a todo su propio lenguaje y expresiones que le definen. Una pastoral y una Iglesia que encarnen todo de tal manera que, ningún rincón quede en el olvido por indigno. Habrá que contar con todos a la hora de hacer pastoral e Iglesia, descubriendo que la causa del Pueblo es la causa de Dios, tal como se expresaba la hermana Medeleine de Jesús de las hermanitas de Jesús: “Nuestra primera tarea al acercarnos a otro pueblo, a otra cultura, a otra Religión, será quitarnos las sandalias porque el lugar al que nos acercamos es santo. Si no lo hacemos así, puede que pisemos los sueños de la gente y, más grave aún, puede que olvidemos que Dios estuvo allí antes de nuestra llegada.
b) Habrá que hacer posible entre todos una Iglesia y una Pastoral de KENOSIS, renunciando a una Iglesia Jerárquica por una Iglesia Comunidad: “Si la Iglesia carece de poder para imponerse, esto ha hecho muchas veces, entonces puede aprender, seguro que humildemente, dolorosamente, a ofrecer de manera gratuita y convencida: esto creo, esto llena mi vida, esto os ofrezco por si os parece bueno para vuestras vidas”, MANUEL REGAL, Revista Frontera pág. 55.
La Iglesia ha de vaciarse de todo tipo de poder de este mundo con el que haya podido familiarizarse: poder político, económico, social o de pensamiento único que lleva a castrar las mentes más lúcidas de los hombres más generosos y entregados y hacerse eco de acogida al pluralismo que tanto defendió el Padre Arrupe en el Concilio Vaticano II.
Al desprenderse de todo tipo de poder, no cometa el error histórico de las desamortizaciones, que lo tuvo que entregar a manos ya llenas de poder y riqueza, quedándose ella misma sin poder y sin pueblo.
Ha llegado la hora de hacer una pastoral desde las precariedades antes descritas, carencias y privaciones de esta realidad rural, ciñéndonos a las claves evangélicas de lo poco, débil y ruin tal como nos .lo expresa San Pablo en 1ª Cor.1. 25-31. …”porque la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más potente que los hombres. Y ….fijaos a quienes llamó Dios: No a muchos intelectuales…Y débil del mundo se lo escogió Dios para humillar a lo fuerte. Habrá que asumir la realidad que esconde la expresión “resto-fiel”. Estamos ante una oportunidad histórica nos dirá Manuel Regal, en la revista antes mentada: “Oportunidad de oro para encarrilar a la Iglesia en un marco nuevo de comprensión. Precisamente la debilidad institucional de la misma Iglesia, que se veía a sí misma como poder sagrado, la puede llevar a percatarse de la inexactitud de esa manera de entenderse y vivirse”.
Sólo así la Iglesia podrá ganarse el reconocimiento de todos y en especial de los jóvenes que, en otrora tuvo con las primeras comunidades: “eran bien vistos por todos”. Eran unas comunidades koinonía y diaconía. En este planteamiento global que debe tener en cuenta lo concreto: una pastoral rural misionera de futuro y con futuro, cuidándose mucho de no reducir la pastoral a conservación y mantenimiento de lo que hay. Una pastoral que se reencuentro con la frescura del primer Pentecostés, haciendo surgir comunidades que sean levadura en la masa, contando con todos, también con los alejados, sin que el cura mediatice todo, sino que considera el papel del seglar y el lugar que le corresponde. Hay un paralelismo entre nuestros tiempos y los que describe Esds.en 9,8 ss…”Pero ahora nuestro Dios nos ha concedido nos ha concedido un momento de gracia, dejándonos un resto y una estaca en su lugar santo, dando luz a nuestros ojos y concediéndonos respiro en nuestra esclavitud”. Dios se servirá de mil manera y medios para llevar adelante el plan de salvación.
En el nacimiento de estas pequeñas comunidades que viven la unidad con la celebración en común de la oración y la Fe, los bienes, la vida y el trabajo se va tejiendo la Iglesia Universal, el seglar ejerce su Sacerdocio, su misión profética y su ministerio de servicio, misiones que le son consustanciales por su bautismo que le incorpora a Cristo. El seglar debe ir aprendiendo de Jesús, también seglar a madurar su experiencia religiosa el cual se insubordinó a la religión de su momento, se zafó al sistema. Él expresó su FE más en lugares profanos que en lugares religiosos.
¿A qué retos está llamado el cura rural y la pastoral de una Iglesia Comunidad Encarnada?.
Bien nos pudiera servir el congreso de Barcelona del año 1.997 que se expresaba en estos términos: “Además de los retos clásicos, como la promoción de la justicia y del bienestar, se necesita:
“Un cambio de lenguaje sobre Dios y la FE”
“La apertura a otras culturas y religiones”
“La articulación de las iglesias en sociedades democráticas, laicas y pluralistas”
“Una nueva antropología sexual, la igual de sexos, la libertad de conciencia y el pluralismo intraeclesial”
“Hacer que la Iglesia, por su testimonio, sea modelo de que se puede vivir de otra manera”
José María Mardones en la revista Iglesia Viva nº 33 nos dice al respecto de la Iglesia qué queremos:
“Una Iglesia que quiera servir al mundo, tendrá que ser la Iglesia de un cristianismo experiencial, solidario, fraterno y celebrativo” En estos rasgos veo la tarea y las posibilidades de una Iglesia de futuro y con futuro.
Visto el talante que se le pide al cura rural, la Iglesia misma debe hacer suyo el talante de Jesús para salir del debate que mantiene entre el ser y el deber ser, la cual en medio de una sociedad secularizada está dando respuestas de tiempos de cristiandad, encontrándose dividida entre la masa y los grupos, el rito y la vida, entre el servir a los pobres y cuidarse a sí misma. Se podría resumir lo de salir al encuentro de nuevos caminos de pastoral rural en una palabra que Manuel Regal cita en la revista Frontera: “dignificar”.
Dignificar al mundo rural “Dignificar especialmente aquellas personas y grupos que la sociedad y la religión convierte en indignos. Pensamos que los caminos propuestos para acompañar evangélicamente a la realidad del mundo rural, se puede resumir en la misma palabra: dignificar. Y dignificar devolviendo al campo su protagonismo, a menos en la esfera eclesial, reconociendo el valor total de los componentes de su vida y acogiendo agradecidos el cúmulo de sabiduría popular recogida de manera humilde y callada”.
Si todo esto se hace, corremos el peligro de que el mundo rural vuelva a ser lo que fue en épocas lejanas en los mismos primeros siglos de la Iglesia, cuando ésta, ubicada fundamentalmente en las villas y ciudades, contemplaba al campo como aquellos “pagos” abandonados de las manos de las instituciones, que no de Dios; allí vivían a su aire, aquellos hombres y mujeres, llamados “paganos”. Y sólo falta que, a un sector social que se le están alejando sistemáticamente todos los servicios, se le aparte también del servicio del Evangelio.

Urbano Andrés Peralta.