| |
LA
MUJER EN LA IGLESIA
XII SEMANA ANDALUZA DE
TEOLOGÍA
Comunicado final
Al finalizar la XII Semana Andaluza de Teología, en la que hemos participado
más de 300 personas, queremos expresar la riqueza que encuentros como este
producen, y nuestros deseos de seguir trabajando por una Iglesia más
inclusiva, en una sociedad más justa e igualitaria.
Hemos recordado y aumentado nuestra conciencia a través de un recorrido
histórico sobre el proceso de exclusión de las mujeres en la Iglesia. La
actual involución eclesial de silenciarnos, infravalorarnos, no nombrarnos y
ser consideradas indignas para el altar, nos produce rabia, dolor y una gran
falta de respeto. Aún así, creemos en el cambio desde dentro, recuperando el
modelo fraternal que Jesús vivió y deseó. Modelo donde cada persona pueda
participar en todas las responsabilidades eclesiales sin exclusiones por
razón e inclinación de sexo o estado civil.
Por lo tanto es urgente, justo y necesario que dentro de la Iglesia de Jesús
desaparezcan las diferencias de género a todos los niveles y donde las
mujeres seamos nombradas en los distintos sacramentos y celebraciones
litúrgicas.
Pedimos que nuestra Iglesia facilite la integración de más teólogas
feministas en las mismas condiciones que los teólogos, y se cambie el
sistema androcéntrico y patriarcal que existe. Una Iglesia donde las hijas
de Dios tengan la posibilidad de acceder a los distintos ministerios desde
una perspectiva de género; teniendo las mismas oportunidades de
participación, partiendo de un discipulado paritario de mujeres y hombres,
en la que los servicios se alternen y complementen sin jerarquización; donde
las relaciones sean comunitarias y no de poder, desterrando las divisiones
creadas y los honores para algunos.
Nos sentimos responsables de comunicar la Buena Noticia del Evangelio con un
estilo cercano e inclusivo de todas las personas excluidas, denunciando los
mecanismos que conducen o provocan la marginalidad, la frustración y la
anulación como personas.
También lamentamos profundamente los distintos escritos emanados del
Vaticano, la conferencia episcopal española y los obispos, donde a las
mujeres no se nos reconoce, sino que se nos acusa y se nos juzga. Así
entendemos que la jerarquía de la Iglesia Católica pierde legitimidad moral,
ante el resto de la sociedad, cuando exige el respeto de los derechos
humanos, y ella no reconoce esos mismos derechos a sus miembros en su propia
organización interna.
Estas jornadas, nos reafirman en la utopía del Vaticano II, de que la
Iglesia sea realmente Pueblo de Dios en Jesucristo, “donde ya no hay hombre
ni mujer, ni esclavo ni libre... porque somos uno en Cristo”.
MÁLAGA, 01/11/04

CARTA ABIERTA AL
OBISPO DE MÁLAGA
A propósito de la Eucaristía de la XII Semana Andaluza de Teología
POPE GODOY,
02/11/04.-ANDUJAR (JAÉN).
Estimado D. Antonio: Regreso a mi casa tras la
celebración de la XII Semana Andaluza de Teología que ha tenido lugar ahí en
Málaga. Sigo rumiando el “incidente” que supuso la celebración de la
Eucaristía. Necesito expresar de forma pública los sentimientos que se me
iban agolpando durante aquella celebración y los comentarios que oí aquella
noche y al día siguiente.
Verá, D. Antonio: Como ya sabe, el tema de la Semana de Teología era “Las
mujeres en la Iglesia”. El protagonismo era de ellas, las ponentes eran
todas mujeres y un colectivo de mujeres había preparado la Eucaristía. Ya es
tradicional en estas Semanas de Teología la cuidadosa preparación de la
Eucaristía como celebración fraternal y festiva, con cantos, palmas y
aplausos, si hace falta. Es como una síntesis de lo que se ha tratado
durante la Semana, con nuevos textos alternativos que actualizan y
rejuvenecen la celebración y con una participación muy activa, gozosa y
entusiasta, de toda la concurrencia.
Frente a esta experiencia de tantas otras veces, Vd. aterrizó allí como un
aerolito, desconectado de la dinámica vivida. Sin haber escuchado las
interpelaciones y hasta los reproches que las mujeres formulaban, con toda
elegancia y respeto por otra parte, hacia esta organización eclesiástica tan
patriarcal y tan machista. Sin conocer las alternativas que se iban apun-tando
y los caminos de esperanza. Eso sí, Vd. venía atento y celoso a que se cum-plieran
las “normas litúrgicas”, las directrices emanadas de la curia vaticana. Esa
era su función principal y el objetivo de su presencia. El resultado fue
deplorable. No se moleste, D. Antonio. Muy probablemente lo percibió Vd.
mismo, pero sobre todo lo percibíamos quienes estábamos allí, testigos,
partícipes o casi sólo espectadoras y espectadores de lo que ocurría. Ya
sabrá que en torno a un 25-30% prefirió no participar en la Eucaristía y
realizó su celebración de otro modo y en otro lugar.
Lo que allí realizamos con Vd. fue más una “misa oída” que una Eucaristía
celebrada. Al terminar, dijo una asistente: -Esta misa ha sido más triste
que el funeral de mi hermano. ¡Efectivamente! El comentario más común es que
había sido una misa tristísima y adormecedora. Una “celebración” donde ya no
quedó espacio para la sorpresa y la interpelación. Se nos ofreció un
producto perfectamente enlatado y conservado, con todos sus componentes
garantizados de proteínas teológicas y sus respectivos conservantes y
colorantes... ¡Un fósil! Frente a este producto trasnochado, el colectivo de
mujeres había confeccionado una ensalada fresca y exuberante, con productos
de nuestra tierra y de primera mano. Es posible que el tomate o la lechuga
de huerta no reunieran todos los requisitos de garantía que Vds. exigen,
pero tenga la seguridad de que nos hubieran sentado mucho mejor y hasta nos
inmuni-zarían más eficazmente contra los virus de la apatía y el consumismo
que nos acechan por todos lados.
¿Qué nos está pasando, D. Antonio? Matamos la vida y la alegría. Preferimos
los cerrojos a las puertas abiertas. Colocamos las normas por encima de la
búsqueda. Seguimos manteniendo que es la persona la que tiene que someterse
a la ley. ¡Después de veinte siglos en que Jesús dejó bien sentado todo lo
contrario...! Por mi parte, asistí a aquella “misa”, más como espectador
dolido y humillado, que como participante activo y entusiasta. No comulgué.
De verdad, no me sentía en comunión, me sentía en imposición. En este
contexto, me pareció admirable la elegancia, la adultez y la discreción de
quienes asistieron. Personas sencillas y personas más preparadas le dieron
una lección de tolerancia y de respeto a quien pretendía ser el
representante cualificado del Espíritu, por encima de todas y de todos los
demás.
Ya sé que Vd. cumple normas y directrices. Y esto es justamente lo que
lamento: que esas normas y ordenamientos no favorecen ni la adultez, ni el
compromiso ni la alegría de este sector, por otra parte tan comprometido, de
personas creyentes. En lugar de ilusión, felicidad y entusiasmo, provocamos
opresión y abatimiento. ¡Qué lejos de la inyección de esperanza que Jesús
introdujo en sus seguidoras y seguidores!
Con todo respeto y cariño
Pope Godoy:
popegodoy@telefonica.net

|
|