Y cuando el tejido social, en un país, en un pueblo, en una cultura, se desintegra, las consecuencias son imprevisibles. Por ejemplo, una sociedad rota, de esa manera, es una sociedad en la que inevitablemente se desencadenan formas de violencia que no imaginamos: violencia de de los hombres contra las mujeres; y de éstas contra los hombres.
Y, lo que es más preocupante, la violencia contra los hijos, contra los niños, en todas las formas imaginables. Por eso, creo que el cardenal Rouco ha hecho bien en recordar la importancia de la estanilidad de la familia para asegurar así la estabilidad de la soxiedad en Europa. Es un tema capital y en el que nos jugamos mucho.
Pero me sospecho que la propuesta de Rouco apunta a algo más concreto. No se trata, en esta propuesta, de asegurar la estabilidad de la (...)