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Es la hora de los curas casados (junto a los célibes) en la Iglesia católica. José Manuel Vidal

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Es la hora de los curas casados (junto a los célibes) en la Iglesia católica. José Manuel Vidal

Lo que no han conseguido los más de 100.000 curas secularizados ni el masivo deseo de los fieles católicos (que, en todas las encuestas, se muestran partidarios, hasta en un 80%, del celibato opcional), lo va a lograr el escándalo de la pederastia del clero.

 

Sábado 13 de marzo de 2010.
 
 

Fuente: Religión Digital

Son ya muchas las voces (del pueblo, de los teólogos e, incluso, del alto clero) que apuestan por la abolición del celibato obligatorio en la Iglesia católica romana. O al menos, por la coexistencia de un doble modelo de curas: los célibes y los casados.

Es decir, en un primer momento, la Iglesia católica romana podría poner en marcha una evolución gradual hacia una disciplina mixta, con clero celibatario y casado, como ocurre desde siempre en las Iglesias orientales, incluidas las de rito católico. O como el mimso Papa Ratzinger estableció para los "ordinariatos" que acogerán a los anglicanos de regreso a Roma.

El escándalo de los curas pedófilos podría, pues, ser la puntilla del celibato obligatorio. Aunque hay otros muchos y más importantes factores que aconsejarían esta evolución en la discplina eclesiástica.

En primer lugar, el "invierno vocacional". Cada vez hay menos curas y son más ancianos. Y las vocaciones languidecen. No hay, en cualquier caso, relevo generacional. Y muchas parroquias y comunidades se tienen que quedar sin eucaristía por falta de pastores.

En segundo lugar, el concubinato habitual y masivo de los curas africanos (donde el no casarse y tener hijos es antinatural) y de gran parte del clero latinoamericano. Esos, a las claras. En los demás sitios, a escondidas.

En tercer lugar, dado el fenómeno de las migraciones y la globalización, también religiosa, las comunidades católicas ya no sólo no se asustan por tener curas casados (al contrario, los piden), sino que, además, conviven con otras iglesias cristianas (incluso algunas de rito católico) presididas y guidas por curas casados.

Pero es que, además, en Roma dan por descontado que el fragor de los escándalos de los abusos del clero no ha hecho más que comenzar. Estamos ante la punta del iceberg. Comenzó por Norteamérica, pasó a algunos países de Europa y pronto cundirán las denuncias en Latinoamérica. ¿Y por qué no en España?

Es verdad que el fenómeno de la pederastia no atañe sólo a la Iglesia católica. Pero también es cierto que la Iglesia es la única institución normativa planetaria. Ella dice a los demás como comportarse y, por lo tanto, tiene que dar ejemplo. A manos de los curas confiamos los padres a nuestros hijos desde su más tierna infancia y, por lo tanto, tenemos que estar seguros de que merecen nuestra total y absoluta confianza.

La Iglesia católica, con el Papa a la cabeza, es una autoridad moral planetaria y un icono mediático. Quizás el máximo, junto a la Casa Blanca. Por eso, los medios no le dan nunca la misma importancia a lo que digan las demás Iglesias (protestantes, anglicanas u ortodoxas) ni las demás religiones que a lo que dice el Vaticano. Pues, lo mismo ocurre con los escándalos.

A eso hay que añadir el prejuicio anticatólico de países, sobre todo anglosajones, de confesión mixta, como Alemania, Inglaterra u Holanda. Y el anticlericalismo de los países católicos mediterráneos, como Portugal, España o Italia.

Por ahora, tanto el Papa como la mayoría de los altos eclesiásticos sostienen, y con razón, que no hay una relación causa-efecto entre el celibato y la pederastia. Siendo eso cierto, tamibén lo es que no se puede negar una influencia indirecta sobre los cristerios de selección de los futuros sacerdotes.

Es decir, ante la escasez vocacional y la imposibilidad de ordenar a hombres casados, los obispos se ven tentados (y caen a menudo en la tentación) de acoger y ordenar a seminaristas de dudosa madurez afectiva. Obligados por las circunstancias, los obispos hacen la vista gorda. Y es peor el remedio que la enfermedad.

Es, por lo tanto, la hora del modelo mixto en la Iglesia católica romana, que no tendrá más remedio que aceptar en sus filas a los curas casados junto a los célibes. Bienvenido sea.

José Manuel Vidal

 

 

 

 Es la hora de los curas casados (junto a los célibes) en la Iglesia católica. José Manuel Vidal

 
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