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Signos de Esperanza en América Latina. Fernando Bermúdez-López

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Signos de Esperanza en América Latina. Fernando Bermúdez-López

En las tres décadas que he caminado con el pueblo latinoamericano, he aprendido mucho más de lo que he enseñado.

 

Domingo 7 de noviembre de 2010.
 
 

Fuente: CCP

El pueblo latinoamericano me ha enseñado que ser cristiano es comprometerse con la causa de la justicia y la esperanza en un mundo más humano y solidario. Hay un canto de la misa popular salvadoreña que dice: “Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar libertad… Cuando el pobre crea en el pobres podremos construir la fraternidad”. No es sólo la estrofa de un canto. Esto arranca de la realidad de la vida.

Cuando en 1982 se agudizó la represión en Guatemala, miles de campesinos emprendieron el éxodo hacia la frontera de México, en Chiapas. Era una noche de intensa lluvia. En un poblado de la selva de Margaritas, en el municipio de Comitán (Chiapas), la población escucha, en el silencio de la noche, un murmullo lejano como de mucha gente. Los hombres del poblado, atemorizados, se juntan y salen con machete en mano y unas linternas, para ver qué era aquello.

Cuál no fue su sorpresa cuando se encuentran a centenares de personas, hombres, mujeres, niños… cubiertos con plásticos, “nylon” dicen allá, de pié, algunos cargando los pocos enseres que pudieron rescatar después de que el ejército de Guatemala entrara en su aldea secuestrando a los líderes e incendiando casas. Allí estaban, de pié después de varias horas de camino por la montaña y la selva. Estaban como paralizados a causa de la lluvia, el frío, el hambre y la oscuridad de la noche, pero sobre todo por el dolor que cargaban encima.

Los campesinos chiapanecos al verlos en este estado les invitan a entrar en su aldea. Todas las familias abren las puertas de sus humildes ranchos, les ofrecen ropa para que se cambien, sobre todo a los niños. Los distribuyen en las casas y les ofrecen comida caliente. Ninguno de los refugiados quedó a la intemperie. A pesar de la lengua diferente, pues los refugiados hablaban el kanjobal, se entendieron con la lengua del amor y la solidaridad, que es la lengua de los pobres de la tierra, la lengua del Espíritu, la lengua universal. Samuel Ruiz, obispo emérito de San Cristóbal (Chiapas) siempre recuerda esta acogida como un signo de la solidaridad entre los pobres.

No pretendo idealizar al pueblo pobre latinoamericano. He tratado de ser crítico para analizar las luces y sombras. Pero los testimonios de fraternidad para compartir lo poco que tienen con los más necesitados es un auténtico testimonio evangelizador y de esperanza de una nueva humanidad. En medio de estas luces de esperanza, hay también sombras de muerte.

Voy a dividir esta ponencia en tres partes: 1.Una radiografía de la realidad latinoamericana, 2. Hermenéutica socio-teológica de esta realidad, y 3.Los caminos de esperanza.

1. Radiografía de la realidad latinoamericana con sus luces y sombras.

1.1. La injusta distribución de la riqueza, que es la causa principal del empobrecimiento de la gran mayoría de la población, siendo el pueblo indígena, campesino y afroamericano el más afectado. América Latina tiene más de 570 millones de habitantes, de los cuales 41% se encuentra en la pobreza y un 16% en situación de miseria o extrema pobreza (PNUD). América Latina es un continente rico. Tiene petróleo, gas, minas de cobre, oro, plata, estaño, níquel… Es rico en agricultura (café, caña de azúcar, frutas tropicales…). Pero es un continente lleno de empobrecidos.

El empobrecimiento de la población se ha acelerado en los últimos veinte años, agudizándose aún más con la crisis económica mundial que vivimos. A.L. tiene la peor desigualdad del planeta, según el PNUD.

La población más empobrecida se halla en el área rural. Esto explica la creciente migración del campo a la ciudad, con lo cual se aumenta el cinturón de miseria que rodea a las grandes urbes. Por otra parte, el 42% de la población trabajadora se encuentra en el sector informal de la economía, conocido como subempleo.

La educación es deficiente en cobertura y calidad. De cada 100 estudiantes que inician la primaria, sólo 5 terminan los estudios universitarios. El analfabetismo afecta al 12% de la población adulta, siendo Haití, Guatemala y Honduras los países con el porcentaje más elevado. En este sentido es loable el sistema educativo de Cuba, en donde prácticamente no existe analfabetismo y tiene, asimismo, el porcentaje más alto de estudiantes universitarios.

En lo referente a la salud, la situación es todavía peor. Los servicios públicos de salud cubren el 49 % de la población. En Haití, antes del terremoto, había 2 médicos por cada 10.000 habitantes. También en este campo Cuba tiene la cobertura más satisfactoria del continente con 57 médicos por cada 10.000 habitantes, más que en EEUU. El 9,5 % de los niños latinoamericanos padecen desnutrición crónica. En Guatemala el 49% de la niñez vive en estado de desnutrición.

Esta situación es expresión del modelo socioeconómico, primero feudal y después capitalista neoliberal, que privilegia los intereses de una minoría nacional y de las transnacionales. El proyecto neoliberal de los empresarios y terratenientes se ha limitado a impulsar la inserción a la economía global basada en la exportación de productos primarios, a la explotación transnacional de los recursos naturales, a la entrega de los servicios y la infraestructura al capital privado para megaproyectos, así como al mantenimiento de una fuerza de trabajo barata.

La economía de las clases populares se sostiene gracias a las remesas de los millones de emigrantes en los Estados Unidos y en Europa y a la economía informal. La crisis económica y financiera está afectando a los emigrantes. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al menos unos 12 millones de adultos envían dinero a sus familiares en sus países de origen. El volumen de este dinero es cercano a los 60.000 millones de dólares anuales. Los países más afectados por la disminución del flujo de remesas son México y Centroamérica, Ecuador, Colombia y Bolivia. La problemática social se va agudizando debido al acelerado crecimiento demográfico.

1.2. La situación de violencia que está alcanzando límites increíbles, con el agravante de asesinatos de mujeres. La violencia tiene raíces muy variadas, desde el crimen organizado con sus distintas ramificaciones en el narcotráfico, trasiego de armas y la trata de mujeres, hasta la delincuencia juvenil, conocida como el fenómeno de las “maras”.

Éstas son grupos de jóvenes fuertemente armados, jerárquicamente organizados y sin ningún límite moral ni respeto por la vida, dispuestos a ejercer una violencia salvaje. Sólo en Guatemala, un país de apenas 14 millones de h., se estima en cinco mil el número de miembros de estas maras organizados en más de 300 bandas (CEG. 26.8.2010). Lo que dicen los obispos de Guatemala se puede decir de la mayoría de los países de América Latina: “Existe una estructura delincuencial bien organizada en la cual es difícil distinguir entre funcionarios de alto nivel, grandes empresarios, jefes de mafias, y ex-militares que para garantizar un estilo de vida cómodo se han involucrado en actividades ilícitas”.

Las maras son el resultado, entre otras causas, de una profunda desintegración familiar, de la pobreza y la miseria, y falta de oportunidades de estudio y trabajo digno. Muchos miembros de las maras son utilizados como sicarios por los señores del narcotráfico y del crimen organizado.

En algunos países, particularmente en Colombia, México y Guatemala, los llamados carteles del narcotráfico han creado grupos paramilitares que ejercen el control en amplias regiones del país y son causantes de secuestros, asesinatos y masacres. En estos países se habla, incluso, de un narcoestado. Esta situación ha creado un clima de temor e inseguridad ciudadana que, según las encuestas, es el fenómeno que más preocupa a la población.

El narcotráfico obedece a una red de la mafia y del crimen organizado que comprende también el trasiego de armas y la trata de mujeres. Existen mafias a nivel latinoamericano que engañan a las chicas jóvenes (entre 14 a 20 años) de El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala prometiéndoles trabajo en restaurantes de Tecún Umán (Guatemala) o Tapachula y Ciudad Juárez (México), para después encerrarlas en prostíbulos.

Cabe señalar entre la violencia que azota a estos países, las amenazas, intimidaciones y allanamientos contra líderes y organizaciones sociales y de Derechos Humanos. Los grupos de poder paralelo tienen una fuerte influencia económica, política y militar, operando impunemente. Tal es el caso de Colombia, Honduras, Guatemala, Perú… En estos países la fuerza pública, en vez de defender a la población, está al servicio de los empresarios, terratenientes y de las multinacionales, cometiendo allanamientos, detenciones arbitrarias e incluso asesinatos. El pueblo con sus impuestos paga a las fuerzas de seguridad y éstas le reprimen.

Dentro de este apartado de la violencia, no podemos dejar pasar por alto la situación de Colombia, en donde aún persiste un movimiento insurgente –las FARC- y la presencia de grupos paramilitares o escuadrones de la muerte que actúan impunemente al amparo del mismo ejército. A esto se suma la presencia militar de EEUU utilizando siete bases militares en suelo colombiano, so pretexto de controlar el narcotráfico.

1.3. La destrucción del medio ambiente. En A. L. no hay desastres naturales, como se nos quiere hacer creer. Hay fenómenos naturales. Las desgracias por estos fenómenos obedecen al sistema estructural injusto que arrincona a los pobres a vivir en lugares inhóspitos. A.L. es una región propensa a terremotos, huracanes y tormentas tropicales. El riesgo de desastres se acentúa por la alarmante deforestación (la frontera agrícola avanza a expensas de la frontera forestal) y la tala inmoderada de árboles con la consiguiente pérdida de la biodiversidad y la erosión de los suelos. Se talan bosques tropicales en función de los agrocombustibles (México, Colombia…) que, en primer lugar afecta la seguridad alimentaria, y en segundo lugar, impiden el monocultivo a base de destruir la biodiversidad.

1.4.El aspecto económico: Latinoamérica es hoy una región profundamente globalizada. Más que nunca antes, su crecimiento y prosperidad dependen de las economías de Estados Unidos, Europa y Asia. Debido a la crisis económico-financiera mundial el crecimiento económico ha disminuido significativamente en casi todos los países de la región (a excepción de Brasil), ha habido un aumento del desempleo y la pobreza, un menor gasto social y de servicios públicos, una caída de las reservas y un incremento de la deuda pública externa e interna.

No obstante, hay una creciente conciencia en los gobernantes latinoamericanos de una mayor autonomía económica y mercantil. En 1991 se creó MERCOSUR (Mercado Común del Sur), integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Venezuela (que está en vía), creado con fines esencialmente económico-comerciales.

UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). Es una comunidad política y económica que integra a los doce países de Sudamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guayana, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela y Surinam), para el desarrollo equitativo de la región en el orden social, económico, político, cultural y ambiental. La Unión se oficializó el 23 de mayo del 2008 en Brasilia, donde se firmó el tratado constitutivo. Uno de los motivos que aumentó la sensibilidad de algunos gobiernos de la región es el temor frente al potencial separatista de algunas regiones de Bolivia. En sus casi 200 años de vida independiente, los países latinoamericanos no habían conocido fenómenos de esta naturaleza. En México, los zapatistas nunca se plantearon la independencia de Chiapas, ni ningún otro movimiento guerrillero de los muchos que ha habido en A.L Al contrario, la izquierda tiende a reunificación del continente.

ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas): Venezuela, Bolivia, Cuba, Dominicana, Ecuador, San Vicente, Las Ganadillas (antes del golpe, también Honduras). El ALBA es una alternativa latinoamericana al ALCA (Alianza de Libre Comercio de las Américas) creada por Estados Unidos y obedece a su estrategia hegemónica hacia A.L. y El Caribe. Ahí se ubican los TLC,s, en los que las condiciones son impuestas por EEUU.

1.5. Aspecto político. En la década de los 80-90, A.L pasó de las dictaduras militares avaladas por el gobierno de EEUU a regímenes “democráticos” (democracias controladas por los militares y la oligarquía).

Hoy hay tres polos de influencia muy claros: el de Venezuela, el de México, y el de Brasil, países que de alguna manera se disputan el liderazgo a nivel continental.

Según el CPAL, América Latina mantiene enormes diferencias internas, dependiendo de las sub-regiones: La sub-región de México y Centroamérica está fuertemente marcada por su enorme dependencia de los Estados Unidos, sus marcadas deficiencias sociales y su aguda crisis en el aparato institucional y estatal responsable de la seguridad y la administración de justicia. El Caribe muestra una complejidad muy heterogénea, teniendo en común sus graves deficiencias económicas y altos niveles de pobreza, sobre todo Haití, en donde, después del terremoto de febrero pasado, se debilitó al máximo el mismo Estado, aumentando más la pobreza extrema. En América del Sur habría que distinguir la región Andina y el Cono Sur.

En los Andes predomina la inestabilidad, la polarización social, la creciente conflictividad y el papel de los militares en la política interna. En el Cono Sur se observan signos de crispación social y radicalización ideológica, pero los niveles de tensión socio-política son aún controlables, las dificultades socio-económicas parecen manejables, el control civil de las fuerzas armadas es más sólido y la democracia no está tan amenazada.

Una segunda distinción más de tipo económico-comercial muestra un contraste entre la Sudamérica del Pacífico y la Sudamérica del Atlántico. Los países del Pacífico (Colombia, Perú y Chile) miran más hacia Estados Unidos; los tres le asignaron un rol clave a los tratados de libre comercio alcanzados con Washington. Cuatro países del Atlántico (Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina) han buscado frenar la incidencia del Área de Libre Comercio de América (ALCA) y proyectar una estrategia económica más diversificada. Asimismo, Ecuador, que aunque está en el Pacífico y aún preserva la dolarización de su economía, se distancia de Washington.

1.6. Aspecto religioso. Es complejo. No es oro todo lo que brilla en A.L. Las comunidades eclesiales de base y la Teología de la Liberación (TL) florecieron en la década de los 60,s. Eran los tiempos del Concilio Vaticano II. La Conferencia del CELAM celebrada en Medellín en 1968 significó un respaldo al compromiso liberador de la fe.

En casi todos los países la Iglesia asumió la opción por los pobres y marginados, promoviendo el compromiso por la construcción de una sociedad más justa y equitativa como una exigencia del Evangelio de Jesús. Asimismo, asumió una postura crítica frente a las políticas neoliberales al lado de los pobres. En este sentido son significativos los pronunciamientos y acompañamiento al pueblo por parte de algunas Conferencias Episcopales, Pastorales Sociales, Conferencias de Religiosos y Religiosas de América Latina (CLAR), la Iglesia Episcopal e Iglesias Evangélicas históricas: bautistas, metodistas, luteranos, presbiterianos, menonitas y algunas iglesias pentecostales.

Esta opción de la Iglesia por los pobres y por la justicia asustó al imperio del norte, y fue cuando comenzó la ofensiva de los nuevos movimientos religiosos provenientes de EEUU y financiados por la derecha norteamericana, para neutralizar la corriente liberadora de la iglesia católica. Hoy estos grupos religiosos, de carácter fundamentalista, en algunos países se aproximan ya a la mitad de la población (Brasil, Guatemala…). Tratan de neutralizar las luchas y esperanzas del pueblo, desviando la atención hacia una religiosidad intimista, evasiva y desencarnada de la realidad social.

Respecto a la Iglesia católica, con Juan Pablo II y Benedicto XVI, ésta ha sufrido una involución. Han nombrado obispos conservadores, muchos de ellos opuestos a la TL o aliados con las oligarquías y abiertamente opuestos a los procesos de cambio social (Venezuela, Bolivia, Honduras, México…).

1.7. La resistencia y lucha popular. En medio de esta realidad tan compleja ¿dónde queda la esperanza? Me atrevo a afirmar que en América Latina existen luces de esperanza y signos de un nuevo amanecer.

Se percibe un auge de la conciencia social y gestos de solidaridad. Se está desarrollando un lento, pero constante, crecimiento de las organizaciones sociales: campesinas, indígenas, mujeres, estudiantes, maestros, intelectuales, sindicalistas, grupos ecologistas, comités de DDHH, comunidades cristianas de base…, conscientes de ir creando redes en cada país y a nivel continental y mundial, en búsqueda de un nuevo concepto de democracia. Buscan pasar de la democracia meramente representativa a una democracia participativa.

Con dificultades, las organizaciones sociales emergentes están protagonizando una revolución silenciosa, pero eficaz, creando espacios nuevos de participación y ayudando a transformar con soluciones concretas las realidades sociales. Existe ya multitud de expresiones sociales, pero todavía falta más cohesión. Más adelante, en el apartado 3º desarrollaré más ampliamente la lucha social y popular como un signo de esperanza.

Como sombras, hay que señalar que en algunos países se percibe rivalidades, resentimientos y luchas de poder entre los líderes de las mismas organizaciones sociales y partidos de izquierda (vg. Nicaragua…). Hay todavía oportunismos, manipulaciones, envidias, celos… Esto es un indicador de que la ética en la acción política todavía es débil.

En la realidad latinoamericana los cambios no parece que van a llegar tanto por los partidos políticos sino, sobre todo, por la sociedad civil organizada, es decir, el movimiento social y popular con conciencia de ser una nueva izquierda revolucionaria, coherente y con ética. Lamentablemente, muchos partidos de izquierda, en vez de ser una expresión del movimiento social y popular, se han convertidos en máquinas electoreras. Parece que sólo les interesa el poder, no el pueblo, aunque hablen en nombre del mismo. En realidad, los partidos políticos, tanto de derecha como de izquierda, han entrado en crisis.

Los de derecha porque, por su demagogia, falta de ética y defensa de los intereses económicos de los grandes empresarios, han perdido credibilidad ante el pueblo. Y los de izquierda porque se han distanciado de las organizaciones sociales y de las necesidades sentidas del pueblo, y con frecuencia tratan de utilizar a las organizaciones sociales como correa de transmisión del partido. También los partidos de izquierda se ven contaminados por el síndrome del electoralismo. Muestran más interés en alcanzar el poder que en promover las transformaciones sociales, económicas, políticas y ambientales que figuran en su ideario programático.

El movimiento social en América Latina se encuentran con una gran dificultad: la pobreza, que en amplios sectores es extrema. Mucha gente no tiene espacio para organizarse y luchar. La preocupación por conseguir el alimento diario acapara toda la atención de los pobres.

Preguntas:

1.¿Qué elementos de la realidad latinoamericana nos llama más la atención y por qué? 2.¿Dónde consideramos que radican las causas de la conflictividad que vive América Latina?

3.¿Qué luces de esperanza percibimos en esta realidad? 4. Mirando a España, ¿qué juicio nos merecen los partidos políticos de izquierda? ¿Qué papel deberían desempeñar frente al movimiento social y popular?

2. Hermenéutica socio-teológica de esta realidad

Un análisis de la situación mundial, y concretamente de América Latina, nos dice que el movimiento social que busca otro modelo de organización de la sociedad, más humano, justo, incluyente, verdaderamente democrático y cuidadoso del medio ambiente, se enfrenta a un gran monstruo. Frente a este monstruo, sobreviene la tentación de que no se puede hacer nada, que hay que dejar las cosas como están, aunque no nos gusten.

A finales del siglo I las comunidades cristianas vivieron también una situación de crisis. El imperio romano exigía a todos sus súbditos un sometimiento a su poder y a su estilo de vida, donde el emperador era considerado un dios al que había que rendirle culto; la sociedad estaba dividida en amos y esclavos. Su seguridad radicaba en su fuerza militar y el enriquecimiento.

Las comunidades cristianas se encontraron ante una alternativa muy dura: o aceptar vivir sometidos al pensamiento único del imperio o rechazar la idolatría imperial y vivir como marginados y perseguidos. Algunos claudicaron, pero la mayoría resistió y no pocos fueron perseguidos a muerte. El libro bíblico del Apocalipsis describe esta resistencia de las comunidades frente al imperio romano.

Ahora no tenemos el imperio romano, pero tenemos otro imperio más poderoso y destructor. El sistema económico-financiero neoliberal, marcadamente excluyente y destructor del medio ambiente, se ha globalizado y se ha convertido en el señor del mundo.

El Apocalipsis llama monstruo al imperio, porque destruye la vida de los pobres, impone valores contrarios al espíritu de fraternidad proclamado por el evangelio de Jesús. El monstruo se afana por dominar el mundo y someter la conciencia de los pueblos. Su ética es la ambición económica, el engaño y la violencia. Su dios el poder y el dinero. El monstruo entrega el poder a la bestia (Ap 13, 2-4). La bestia representa a todas aquellas personas y organismos que defienden y personifican los intereses del monstruo.

El Apocalipsis viene a revelar el sentido de la historia, reconstruye el plan de Dios en la conciencia del pueblo, revitaliza la esperanza de que es posible construir un mundo diferente, una nueva sociedad donde quepan todos y todas. Ayer como hoy, el Apocalipsis llama a la resistencia frente a todo sistema antivida, excluyente y que mata la esperanza..

Hay que decir que el Apocalipsis es uno de los libros bíblicos más leídos por las comunidades de Centroamérica. Carlos Mesters en Brasil y Pablo Richard en C.A. nos ayudaron con sus reflexiones.

Al igual que hicieron las comunidades cristianas de finales del s.I, urge desenmascarar al sistema imperial, el monstruo que domina el mundo, que es causante de la pobreza y del hambre de dos terceras parte de la humanidad y de las guerras que arrasan pueblos enteros sembrando destrucción y muerte.

Hoy día no podemos limitar el término de imperialismo –el monstruo- sólo a EEUU. Es verdad que este país ha actuado históricamente en A.L. como un monstruo destruyendo los procesos populares e imponiendo dictaduras militares que han derramado tanta sangre y sembrado tanto dolor y muerte a lo largo y ancho del continente. Hoy, el monstruo es el mismo sistema capitalista neoliberal globalizado que ha convertido el planeta en un gran mercado.

El imperialismo neoliberal tiene sus tentáculos, a través de los cuales trata de controlar al planeta y a la humanidad. Estos son: *El sistema económico-financiero: FMI, Banco Mundial, BID, OMC, Banco Central Europeo, que han impuesto una dictadura de los mercados, o dicho de otra manera, un “terrorismo financiero”, como lo llama el economista Juan Torres López. El monstruo ha idolatrizado el Mercado. No hay otro dios que el Mercado. Las corporaciones transnacionales han tomado a todo el planeta como su campo de acción, haciendo del libre mercado un dogma sagrado, un dios. (Hoy más que nunca se entiende aquellas palabras de Jesús: “No se puede servir a Dios y al dinero”.

*El Grupo Bilderberg, integrado por banqueros, poderosos empresarios y un selecto grupo de políticos que se reúnen para tomar las grandes decisiones que mueven el mundo.

*El armamentismo y el militarismo, liderado por EEUU. Actualmente este país tiene 823 bases militares en 130 países. “El nuevo orden mundial –señala Dani Estulin- se alimenta de guerras y sufrimiento, de descalabros financieros y crisis políticas para mantener la expansión de su aplastante movimiento. Se basa en el miedo de la gente a la libertad. Por eso, en el caso de Afganistán e Iraq, apenas parece que termine la guerra que ya se oyen voces que preguntan: ¿Quién será el siguiente? Irán, Siria, Corea del Norte… Las armas son necesarias, dicen. Se obtiene beneficio de las guerra”.

*Los medios de comunicación ligados a los intereses de las corporaciones económicas y financieras. Se piensa con lo que nos presentan los medios. *En lo Cultural impone el pensamiento único. En lo religioso favorece el surgimiento de los fundamentalismos y dogmatismos, sea católico, protestante, islámico o judío.

*El miedo al “terrorismo”. El monstruo necesita del terrorismo para justificar sus operativos. *Otro tentáculo del monstruo es el mismo Dios. Presenta una imagen deteriorada de Dios, un dios que está con el más fuerte, con los poderosos, los ricos, con Occidente. Es el dios del orden, el dios que llama a vencer y aplastar a los enemigos de la “democracia”. En definitiva, es el dios de la guerra y del poder, el Señor de los ejércitos, que tanto se menciona en el A.T.

En América Latina, este monstruo, con todas sus expresiones y tentáculos, se manifiesta muy particularmente a través del imperialismo estadounidense. EEUU tiene cuatro objetivos, que a su vez se configura en una metodología para controlar el continente:

1. El Militar. Hoy ya no utiliza invasiones abiertas en A.L., pero sí establece bases militares para controlar el avance de los movimientos y gobiernos alternativos de carácter socialista, vg. Colombia, Vieques, Guantánamo, Honduras…La Escuela de las Américas, en Fort Benning, que es un centro de formación de militares latinoamericanos y una forma de controlar el continente. So pretexto de combatir el narcotráfico EEUU realiza maniobras conjuntas con los ejércitos de cada país latinoamericano. Incluso se disfraza de “ayuda humanitaria” para ejercer el control, tal es el caso de Haití.

2. El Económico. Considera a A.L. como su patrio trasero (Reagan) o como una colonia de su propiedad. De ahí los TLC,s bilaterales poniendo EEUU las condiciones. Busca, asimismo, la dolarización del continente (ya está establecido el dólar en Panamá, El Salvador y Ecuador) y el terrorismo financiero o lo que otros llaman “dictadura de los mercados”

3. El Político, trata de afianzar las democracias neoliberales, sólo de carácter representativo, controladas y subordinadas a los intereses del poder económico internacional. Y, consecuentemente, combate y desacredita a las democracias participativas alternativas. Continúa con el bloqueo a Cuba y apoyo a los disidentes, algunos de ellos verdaderos terroristas.

4. El Religioso. Utiliza la religión como un arma ideológica. Favorece a los nuevos movimientos religiosos conservadores y fundamentalistas para contrarrestar a la Teología de la Liberación, considerada como un peligro para el sistema.

El monstruo en América Latina actúa en los movimientos desestabilizadores que se gestan en los países que caminan hacia el socialismo y en las fuerzas armadas que responden a los interese de las oligarquías. Tal es el caso del golpe de estado en Honduras y el intento de golpe en Ecuador para desestabilizar el sistema democrático ecuatoriano, ocasionado por la insubordinación de elementos de la fuerza pública contra la revolución ciudadana.

La lucha de la Revolución Ciudadana trasciende el espacio nacional y se inserta en la lucha de los pueblos del sur por la democratización del sistema internacional. Estos procesos advierte a los pueblos latinoamericanos que en la medida que las trasformaciones revolucionarias y democráticas en América Latina se consolidan, la política de desestabilización de los sectores de Poder Económico y la política agresiva intervencionista del monstruo se tiende a agudizar.

¿Cómo leemos esta realidad desde la fe? El pueblo hebreo vivía sometido a la tiranía del rey helénico Antíoco IV. Igual que el Apocalipsis, el libro de Daniel, llama al pueblo a afrontar con valor y firmeza la resistencia frente al opresor. Infunde ánimo y esperanza a la comunidad que vive en una situación de crisis, porque la última palabra no la tienen los poderes imperiales sino el Dios de la vida, el Dios de los pobres. Daniel describe al imperio con la visión de una estatua:

“Era una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario. Su aspecto era impresionante. Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro…Pero una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos. Del golpe se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como la paja cuando se limpia el trigo en verano, que el viento la arrebata sin dejar rastro. Y la piedra que deshizo la estatua creció hasta convertirse en una montaña grande” (Dn 2, 31-35).

El profeta se está refiriendo a los distintos imperios que han dominado al pueblo: el babilónico, el asirio, el egipcio y finalmente, el imperio griego macedónico, y que el Apocalipsis, después, se centrará en el imperio romano, como hemos señalado. La piedra representa el reino de Dios, que es don y es esfuerzo del pueblo. Es por eso que tenemos la certeza de que este imperio que hoy domina al mundo no es eterno. Caerá. Dice el Apocalipsis: “Cayó, cayó Babilonia la grande” (Ap.18,2), refiriéndose a Roma. Es el grito de esperanza de los profetas antiguos como de el de los profetas de nuestro tiempo: Sandino, Farabundo Martí, Che Guevara…, Oscar Romero, Helder Camara, Proaño, Gerardi, Méndez Arceo, Casaldáliga, Samuel Ruiz, Aminetu (saharaui), Ivon Guevara…

América Latina está descubriendo las flaquezas del monstruo, y a pesar de saberse débil, desenmascara su maldad y busca estrategias para debilitarlo. Pedro Casaldáliga dice: “Somos soldados fracasados de una causa invencible”, porque es la causa de la justicia, la causa del amor, la causa de Jesús. Es por eso que la esperanza es una característica fundamental del cristianismo liberador. La última palabra no la tiene el poder del monstruo sino el Dios que acompaña el caminar de los pobres.

Preguntas:

1.¿Cómo se manifiesta el Monstruo en América Latina, en España y en el mundo? 2.¿Qué estrategias utiliza el Monstruo para debilitar al movimiento social y popular? 3.¿Cómo responde el pueblo latinoamericano a las estrategias del Monstruo? 4.¿Qué estrategias debemos asumir para debilitar al Monstruo y dónde encontramos la fuerza para enfrentarlo?

3. Caminos de esperanza

Vamos a asomarnos a esos caminos de esperanza. En América Latina se levanta un grito clamando por la libertad y la justicia. Es el grito de los pueblos indígenas y afroamericanos, de los obreros, campesinos, jóvenes comunidades cristianas de base… La historia de la humanidad, y concretamente de América Latina, está llena de testimonios de hombres y mujeres que han luchado y siguen luchando por su libertad y por la justicia.

Los obispos latinoamericanos, reunidos en Puebla dijeron: “Desde el seno de de los diversos países del continente está subiendo hasta el cielo un clamor cada vez más tumultuoso e impresionante. Es el grito de un pueblo que sufre y que demanda justicia, libertad, respeto a los derechos fundamentales del hombre y de los pueblos” (Puebla, 87).

Esta historia está llena de hombres y mujeres mártires que, soñando y luchando por una sociedad libre y justa, cayeron asesinados. Esta sangre derramada grita desde lo hondo de la tierra, como la de Abel, y sus clamores llegan hasta el corazón de Dios.

La memoria viva de los mártires, es un desafío permanente para continuar con la lucha y los sueños por los que ellos dieron la vida. América Latina es tierra de mártires, tierra regada con la sangre de numerosos hombres y mujeres entre los que se encuentran centenares de catequistas como Víctor Gálvez, catequista y promotor y defensor de derechos humanos y ambientales, asesinado en Guatemala el 24 de octubre de 2009; líderes sociales, sindicalistas, defensores de Derecho Humanos, estudiantes, campesinos, maestros, intelectuales, políticos del pueblo, sacerdotes, religiosas, misioneros y obispos. Recodamos con especial veneración y cariño a los obispos Oscar Romero de El Salvador y Juan Gerardi en Guatemala. Pedro Casaldáliga decía: “¡Ay de la iglesia si se olvida de sus mártires que fueron asesinados por luchar por otra sociedad más justa!”.

La memoria viva de los mártires, la opción por los pobres, la denuncia profética y la esperanza de que otro mundo de justicia es posible, son expresiones claves de la teología de la liberación. Esta teología no es producto de la elaboración de los teólogos, sino que arranca de la misma vida de las comunidades cristianas. Los teólogos de la liberación sistematizaron y reflexionaron sobre esta vivencia de fe de las comunidades.

Por lo tanto, la experiencia de fe en el Dios de la vida, que es el Dios de los pobres, revelado en Jesús, y el análisis de la realidad socioeconómica y política son los dos grandes pilares de la teología de la liberación, que es una liberación integral, porque abarca las distintas dimensiones humanas (espiritual, moral, socioeconómica, política, cultural…). El Evangelio de Jesús o es liberador o deja de ser Evangelio.

El cristianismo liberador no tiene un proyecto socioeconómico propio, sino que analiza y descubre los signos del Espíritu en las distintas expresiones sociales que buscan otro modelo económico alternativo y las apoya críticamente. Es consciente de que el mundo no necesita parches ni una refundación del capitalismo, sino que se requiere un cambio profundo y revolucionario.

En medio de la situación crítica que vive América Latina, se presiente que muchas cosas están muriendo y algo nuevo está se gestando. El movimiento social y popular crece. “¡Nuestra América está en camino!”, fue el tema del IV Foro Social de las Américas celebrado en Paraguay el pasado mes de agosto (2010). Y como bien dice Juan José Tamayo “Amerindia camina hacia la utopía de la liberación de los imperios y de los poderes hegemónicos y hacia la utopía de la integración política y social desde los pueblos, como respuesta a la crisis provocada por el neoliberalismo”.

No hace mucho hablamos por teléfono con nuestro antiguo obispo, Álvaro Ramazzini, de San Marcos (Guatemala) y nos decía: tenemos ahora más violencia que en tiempo de la guerra, más pobreza que hace 20 años, sin embargo, hay ahora más conciencia, organización y movilización social.

Están surgiendo movimientos de resistencia social y popular frente a la explotación de las multinacionales y a la ingerencia imperialista de Estados Unidos en el continente. Surgen, asimismo, proyectos y alternativas políticas a la globalización neoliberal

Hay un renovado énfasis en lo nacional-continental, pero no en el nacionalismo; se está impulsando la defensa y promoción (en lo socio-económico, en lo político y en lo cultural) de lo propio, de lo autóctono. Esta conciencia es generalizada en toda América Latina, tanto en el pueblo como en sus gobiernos, en unos más que en otros.

Un elemento común a todos estos sectores sociales es la resistencia y rechazo al ALCA y TLC con Estados Unidos y a la explotación minera a cielo abierto por parte de las compañías multinacionales. Es significativo lo que dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales, respecto a las multinacionales: “sean bienvenidas como socios, no como patronos”.

Hoy es, en América Latina, la sociedad civil organizada la protagonista de las luchas sociales y populares. Existe multitud de expresiones sociales que claman por un cambio, que buscan un nuevo modelo socioeconómico y político. Se va extendiendo un movimiento político social amplio de izquierda con una nueva visión, plural, incluyente, en base a la construcción de una sociedad con justicia social, que busca poner en marcha un proceso de reconstrucción y de unidad de las izquierdas, para que un día pueda ser una alternativa en cada país y a nivel continental.

Se están formando nuevos partidos y movimientos que han liderado en algunos países la llegada al poder político de gobiernos con un claro compromiso por el cambio de las viejas estructuras sociales y económicas causantes del empobrecimiento de la población. Ahí tenemos la revolución bolivariana en Venezuela, la revolución ciudadana en Ecuador, la revolución indígena en Bolivia… todas ellas buscando construir el socialismo del Siglo XXI. Sin el movimiento social no serían posibles estos procesos.

El movimiento social y popular es el sujeto de cambio en América Latina. Este sujeto se moviliza en busca de un mundo más justo, solidario, humano y cuidadoso del medio ambiente. Desde todos los países se escuchan voces y hay movilizaciones proponiendo nuevas alternativas para otro mundo posible, apuestan por otro modelo de sociedad, defienden la soberanía de los pueblos de Amerindia, afirman su identidad, pero abiertos a otras identidades, y apuestan por una revolución en la ética.

Asimismo, la Iglesia de los pobres, las comunidades cristianas de base, muchos obispos, religiosas, religiosos, sacerdotes y teólogos, pese a los “huracanes de miedo” que vienen de Roma, se mantienen en pie de fidelidad profética al Evangelio. Son un signo de esperanza en un renovado modelo de ser Iglesia: iglesia-comunidad, fraterna, sencilla, abierta al Espíritu, renovada y renovadora, con sabor a profecía y a pueblo, sin privilegios, participativa, incluyente, servidora de la humanidad, al lado de los pobres y defensora de los derechos humanos. Soy testigo de esta Iglesia, pueblo de Dios en marcha hacia la utopía de una nueva sociedad que sea signo del reino de Dios.

Otra América es posible, no por la guerra sino por la vía del diálogo y de la unidad del pueblo. Fernando Lugo, presidente de Paraguay dice: “América Latina se está convirtiendo en una fábrica de sueños realizables de ‘otra América’ y creando nuevos paradigmas de desarrollo…Y ello mediante el aprendizaje autónomo de miles de latinoamericanos que ofrecen resistencia al modelo económico voraz del neoliberalismo”.

El monstruo trata por todos los medios imponer la cultura de la desesperanza. Pues “cuanto más se profundiza en la desesperanza, menos resistencia hay, porque no se puede dar sentido a una resistencia”, afirma Franz Hinkelammert.

El pueblo latinoamericano no se resigna a continuar bajo el yugo de la explotación. Con dificultades, tensiones, errores incluso, se ha lanzado a buscar nuevos caminos de liberación. Ahí tenemos la lucha de los “sin tierra” de Brasil, la lucha de los sindicalistas de Venezuela por la nacionalización de los recursos naturales, el movimiento indígena de Bolivia, la lucha contra la minería y nacionalización de la energía eléctrica en Guatemala, la resistencia y lucha por la soberanía del territorio de los indígenas mapuches en Chile, de Perú y Colombia, el movimiento de resistencia nacional en Honduras, la lucha zapatista en Chiapas…. Organizaciones indígenas, campesinas, afrodescendientes, ecologistas, pacifistas, sindicalitas, intelectuales, artistas, educadores, estudiantes, feministas, comunidades cristianas…están en acción.

Es la hora de acción. “No de una acción impaciente, -señala José Mª Vigil- que pretenda cambiar el mundo en unos pocos días, pero sí de una acción paciente, serena, que sepa que el futuro cambio comienza por pequeñas realidades, pequeñas acciones bien hechas y articuladas en red: de abajo arriba y de dentro afuera”. Pero es necesario estar alerta porque, como dijo también Fernando Lugo, los procesos democráticos y de cambio todavía no están consolidados y corren peligro. Ahí tenemos el golpe de Estado en Honduras. Y más recientemente el intento de golpe a la revolución ciudadana impulsada por Rafael Correa en Ecuador. El monstruo sigue vivo, no se resigna a perder. Utiliza los medios de información para desacreditar a los gobiernos y a sus líderes que avanzan hacia su emancipación. De ahí la mala imagen que los medios constantemente ofrecen de Cuba, de Venezuela, de Bolivia…

Entre los países que caminan hacia el socialismo apuntan: Venezuela, Bolivia y Ecuador. Los tres han reformado sus constituciones para beneficiar a sus respectivos pueblos; están implementando procesos de nacionalizaciones de los recursos estratégicos; freno y control a las multinacionales, así como políticas agrarias, laborales y de servicios públicos. Frente a la dominación imperial del monstruo, han sabido superar los golpes de Estado de las oligarquías, llevan a cabo políticas de autonomía y soberanía nacional. Así también están frenando el abuso de los partidos burgueses de sus propios países.

No todo está conseguido, pero pese a las dificultades e incluso errores, el proceso avanza. Cada vez hay más conciencia de que el avance social, cultural, económico y político sólo es posible en el marco de la unidad y la solidaridad. Es justo recordar la solidaridad del pueblo cubano ofreciendo médicos y maestros a los países más necesitados del continente. Asimismo, la solidaridad de Venezuela proporcionado petróleo a otros países hermanos.

¿Qué modelo de sociedad y de Estado buscan los pueblos latinoamericanos? En la sociedad liberal el Estado estaba configurado por tres grandes fuerzas: 1. La oligarquía, es decir, la iniciativa privada nacional y transnacional. 2. El Gobierno como expresión de los intereses de la oligarquía, 3. Las Fuerzas Armadas al servicio de la oligarquía.

En la nueva sociedad que se está gestando en América Latina, conocida como el “socialismo del siglo XXI”, el perfil de Estado sería:

1. El movimiento social y popular. Aquí está la fuerza de todo el proceso revolucionario, y dentro de este movimiento es trascendental la conformación de asociaciones económicas, al estilo cooperativista. 2. El Gobierno y demás poderes de estado, como expresión del movimiento social. 3. Fuerzas Armadas (ejército y policía) al servicio del proyecto social y popular. 4. Las Empresas de la iniciativa privada. Las multinacionales, decía Evo Morales, sean bienvenida como socios, no como dueños.

El movimiento social y popular busca ser el protagonista del proyecto de socialismo del siglo XXI, no tanto los partidos.

Considero que uno de los elementos más importantes para lograr transformaciones son las asociaciones económicas. Orlando Núñez, sociólogo e intelectual sandinista, dice que “Es fundamental que en las asociaciones encontremos sujetos económicos que puedan ir sustituyendo a las corporaciones y al capital privado.

No podemos poner la esperanza de sustituir las relaciones capitalistas y de construir una nueva sociedad sólo con el Poder Ejecutivo. Hemos aprendido que esa transformación depende de construir nuevas relaciones de producción, construyendo nuevos sujetos económicos con la gente organizada en asociaciones”.

En América Latina, primero fueron los encomenderos, después los terratenientes, después la burguesía nacional, últimamente la burguesía transnacional. Y hoy se está construyendo el nuevo sujeto económico, que es el que podría darle viabilidad a este proyecto: los pequeños y medianos productores asociados.

Todavía hay muchos retos pendientes para la construcción de una nueva sociedad en A.L.: * El fortalecimiento de la mística y la ética. Aunque es verdad que ni la mística ni la ética nacen solas, nacen cuando hay un proyecto, no de un partido, sino de un proyecto social. El partido es un medio y el gobierno es un medio. El fin es el proyecto del pueblo, que los cristianos lo leemos como un signo del reino de Dios. Y junto al proyecto socioeconómico y político debe ir la ética. Muchos proyectos de izquierda han fracaso por falta de ética. Esto es un reto apremiante: la reconstrucción de la ética en la acción política, social y económica, que es coherencia y fidelidad con lo que creemos.

* Otro reto es la Unidad en la diversidad. Dentro del mismo proyecto puede presentarse distintas estrategias políticas. Es necesario liberarse de los dogmatismos y aceptar el pluralismo en aras de la unidad y del éxito del proceso popular.

* Otro reto, relacionado con el anterior, es la revolución de la conciencia. Lo cual implica: conciencia social, que es conocimiento de la realidad y sensibilidad ante las injusticias. Conciencia crítica para analizar las causa estructurales de la realidad. Conciencia ecológica. Y conciencia de ciudadanía universal, pues el movimiento social está llamado a revertir la globalización neoliberal por la globalización de la justicia y la solidaridad. En palabras de Pedro Casaldáliga decimos que hay que pensar globalmente, actuando localmente. De ahí la necesidad de superar los nacionalismos.

.* La superación de las luchas de poder y desconfianzas, el armamentismo, la ineficacia agraria, la gran pobreza existente, junto con la deficiencia en educación, salud, alimentos y empleo.

* Fortalecimiento de las organizaciones de base a todos los niveles y articulación de redes sociales, culturales, políticas, religiosas…Creo que no hay otro camino que la creación de redes.

Sigue en pie la esperanza. El pueblo latinoamericano trata de superar la resignación, la amargura de la represión y el derrotismo. Trata de quitarse de la mente la idea de que no se puede hacer nada contra el monstruo neoliberal. Trata a toda costa de imaginar un futuro nuevo de justicia global y, soñándolo, lo anticipa, como señala Cipriano Díaz.

El imperio del capital tiene la fuerza, las armas, el dinero y el poder, pero le falta la verdad, que la tienen las víctimas del sistema y cuantos anhelan y luchan por un mundo de justicia y de vida digna para todos. La revolución que hoy se está gestando no se librará mediante las armas, ni por el dinero, ni por la violencia, sino por la fuerza de la razón contra la razón de la fuerza, por la organización y la unidad de los pueblos (Vigil, J.Mª y Richard, P).

Es hora de soñar. “Tengo un sueño –dijo Luther King–. Esta noche tuve el sueño de que un día, toda la nación se pondrá en pie y vivirá el verdadero significado de su credo: que todos los hombres son creados iguales”. Este es el sueño de los pueblos latinoamericanos y de todos nosotros. Es hora de mirar con esperanza hacia el futuro y caminar hacia la conquista de ese otro mundo posible. Es hora de unir esfuerzos. Es hora de pasar de la protesta a la propuesta sin abandonar aquella. Es hora de actuar.

Es hora de romper fronteras, de destruir muros, de abrir puertas y ventanas y tender puentes a los pueblos del mundo en una alianza de civilizaciones, con actitud de respeto y diálogo. Todavía hay razón para tener esperanza. Jesús nos dice: “No temed, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33), yo he vencido al monstruo. “Levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación” (Lc. 21,28).

Ponencia del autor en el XIV Encuentro estatal de Comunidades Cristianas Populares en La Almunia de Doña Godina

Fernando Bermúdez-López es Teólogo misionero Miembro de la Asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII

 

 

 

 Signos de Esperanza en América Latina. Fernando Bermúdez-López

 
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