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¡Bienvenido al amor y a la vida!. Antonio Duato

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¡Bienvenido al amor y a la vida!. Antonio Duato

Fernando y Victoria. Un hombre y una mujer. Se quieren. Manifiestan abiertamente esa relación de amor.

 

Domingo 24 de junio de 2012.
 
 

Fuente: Atrio

Es para que todos les felicitemos. Y punto. Lo malo es que ese amor haya tardado más de lo debido en hacerse público por un detalle que debería ser irrelevante: Fernando era obispo. Y, además, importante: tenía la responsabilidad de Caritas para toda América latina y Caribe y le esperaban nuevos peldaños en su carriera eclesiástica.

Lo que ha sucedido en Argentina con el Obispo de la diócesis de Merlo-Moreno, Fernando Bargalló, es paradigmático. Un obispo considerado como bueno y dinámico. Tiene una relación amorosa. Eso no está mal sino bien y seguramente ninguno de los dos involucrados podían, en su interior, considerarlo malo. Pero decidieron mantenerlo en oculto por “importantes exigencias” y amor a otros. Ella por amor a él y él por amor a la comunidad cristiana a la que se había, seguramente con sinceridad, entregado. En esto se equivocaban. Un verdadero amor, si se oculta, se pudre y resulta incapaz de engendrar vida y felicidad. El bien por el que se pensaba poder justificar la ocultación se convierte en mal para la persona amada y para la comunidad. La hipocresía tiende a corromper todo el resto de la vida.

Finalmente la relación entre los dos se hace pública. Las fotos de su cariño, en un encuentro del año pasado, aparecen en todos los medios. La publicidad que ellos no quisieron dar oportuna y discretamente a su amor otros la consiguen con ribetes de escándalo mundial.

Lo más triste es el capítulo siguiente, el del jueves. Un obispo que convoca a los medios a la puerta de su casa para leer un comunicado: “esas imágenes están fuera de contexto; se trata del encuentro fortuito con una amiga de la infancia con la que me une una familiar amistad desde la niñez; he sido imprudente pero sigo comprometido con mi misión pastoral”. ¿Alguien se lo podía creer? ¿Le insinuó esta solución un superior eclesiástico de los acostumbrados a tapar todo con mentiras, “por el bien de la Iglesia”?

Menos mal que la farsa dura poco. El último y definitivo capítulo, la declaración a sus sacerdotes hecha pública ayer mismo, viernes: “efectivamente, estoy unido afectivamente con una mujer y voy a la nunciatura a presentar mi dimisión como obispo”.

Tal vez, Fernando, estas fotos hayan conseguido el objetivo político de quienes las han hecho públicas: que no llegues a ser elegido por el Papa Benedicto XVI para reemplazar a Jorge Bergoglio en el Arzobispado de Buenos Aires, la diócesis más importante de tu país. ¡Hubieses podido llegar a ser cardenal nada menos! ¡Qué vida tan horrorosa! Por cierto, las mismas estratagemas utilizaron contra el obispo Jerónimo Podestá. Sólo que entonces fueron sólo acusaciones falsas. Pero del supuesto fracaso eclesiástico surgió un nuevo tipo de obispo casado, ejemplar y más feliz.

Pero si, como espero, tras tantos años de hipocresía hay alguna raíz humana viva en ti, deja que el amor humano se apodere de tus entrañas, vive en autenticidad tu vida de pareja y orienta tu fidelidad al compromiso cristiano dando otro tipo de testimonio y servicio. ¡Os haréis más bien el uno al otro y haréis más bien a los demás! ¡Qué pena que no hayáis optado por esto, voluntariamente, no forzados, desde el principio! ¡Bienvenido al amor y a la vida!

 

 

 

 ¡Bienvenido al amor y a la vida!. Antonio Duato

 
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