21.-"Reconciliación"
Siempre y en todo lugar
será bueno y justo darte gracias, Dios nuestro,
Padre misericordioso, porque nos amas
y haces salir el sol sobre todas las personas.
Pero hoy queremos bendecirte por algo especial:
por el don que por tu Hijo haces al mundo.
Lo hiciste al principio,
cuando incubabas el universo en el calor del espíritu,
para que pereciera la tiniebla
y naciera un mundo de luz y de vida,
que pudiera albergar al hombre y la mujer,
creados a tu imagen.
Te alabamos por la acción de los profetas,
que lo anunciaron como don interior y universal,
para cuando tú lo derramaras sobre toda carne,
purificándola y dignificándola.
Tú estabas y estás en él.
Jesús, tu Hijo, acogió a los pecadores y comió con ellos.
Tú, Padre de todos,
has repartido tu hacienda entre tus hijos pródigos,
quienes derrochan la fortuna de tus dones
"viviendo perdidamente".
No te cansas de esperar,
perdonas siempre sin sombra de rencor
y permites que celebremos la fiesta del retorno
cuando pedimos perdón.
Te damos gracias también, Padre,
por el Espíritu que habita en nosotros,
don inefable que llevamos en vasijas de barro.
Él derrama tu amor en nuestros corazones
y nos hace sentirnos amados, perdonados, reconciliados.
Él nos inspira un cántico de alabanza en tu honor:....
SANTO SANTO SANTO...
Santo eres en verdad, Señor, y digno de toda alabanza
porque has querido que la plenitud del Espíritu,
que llenaba a tu hijo, se transmitiera a todo.
Al recordar hoy el ministerio de tu Hijo
y su mensaje de reconciliación,
nos acordamos de su entrega para el perdón de todos.
Por eso nosotros hoy te pedimos
que ese mismo misterio se renueve entre nosotros.
Envía tu espíritu sobre estos dones del pan y el vino,
para que sean cuerpo y sangre de Cristo
y portadores de su Espíritu.
Así nos enseñó tu Hijo a hacerlo :
sentado a la mesa, tomó pan....
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz...
Nosotros ahora, al hacer memoria de su muerte salvadora,
y mientras esperamos confiados su vuelta,
te pedimos, Padre, que envíes tu Espíritu Santo
para que santifique nuestra ofrenda
y la haga agradable a ti.
Que Él purifique nuestra comunidad,
para que, libre de rencores y enemistades,
participe en la comida fraternal del cuerpo de Cristo.
Reconciliados contigo
por la confesión de nuestros pecados y por tu perdón,
nos acercamos a la mesa que nos reúne en torno a Cristo.
Que esta comida sea sacramento de salvación para nosotros.
Que el Espíritu nos dé fuerza para luchar por la verdad,
la justicia y el amor;
luz para comprender a todos,
ayuda para servir mejor,
profundidad para amar,
paciencia para esperar.
En comunión con toda la Iglesia, santa y pecadora,
y con todos los hombres y mujeres,
haznos instrumentos de reconciliación
para ir construyendo una persona nueva y una nueva sociedad,
fraterna y solidaria, en la que podamos alabarte sin cesar:
Por Cristo, con Él y en Él...