29.-"Cerca"
Te damos gracias,
Padre fiel y lleno de ternura,
porque tanto amaste al mundo
que le has entregado a tu Hijo
para que fuera nuestro Señor y nuestro hermano.
Él manifiesta su amor predilecto
para con los pobres y los enfermos,
para con los pequeños y pecadores.
Él nunca permaneció indiferente
ante el sufrimiento humano;
su vida y su palabra son para nosotros
la prueba de tu amor;
como un padre siente ternura por sus hijos,
así sientes tú ternura por tus fieles.
Por eso
te alabamos y te damos gracias,
y, con los ángeles y los santos,
cantamos tu bondad y tu fidelidad,
proclamando el himno de tu gloria:
Santo...
Te glorificamos, Padre santo,
porque estás siempre con nosotros
en el camino de la vida,
sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega
para el banquete pascual de su amor.
Como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús
él nos explica las Escrituras
y parte el pan con nosotros.
Te rogamos, pues, Padre misericordioso,
que envíes tu Espíritu sobre este pan y este vino,
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro.
Él mismo, la víspera de su pasión,
mientras estaba a la mesa con sus discípulos,
tomó pan...
Por eso, Padre de bondad,
celebramos ahora el memorial de nuestra reconciliación
y proclamamos la obra de su amor:
Cristo, tu Hijo, a través del sufrimiento
y de la muerte en la cruz
ha resucitado a la vida nueva
y ha sido glorificado junto a Ti.
Dirige tu mirada, Padre santo, sobre esta ofrenda:
es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo y con su Sangre
y, por este sacrificio,
nos abre el camino hacia Ti.
Señor, Padre de misericordia,
derrama sobre nosotros
el Espíritu del Amor,
el Espíritu de tu Hijo.
Fortalece a tu pueblo
con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
y renuévanos a todos a tu imagen.
Derrama tu bendición abundante sobre tu Iglesia,
sobre el Papa, sobre nuestro Obispo,
sobre los sacerdotes y servidores de las comunidades
y sobre todos los miembros de la Iglesia.
Que sepamos discernir los signos de los tiempos
y crezcamos en la fidelidad al Evangelio;
que nos preocupemos de compartir en la caridad
las angustias y las tristezas,
las alegrías y las esperanzas
de las personas que están a nuestro lado,
y sepamos mostrarles el camino de la salvación.
Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos
que murieron en la paz de Cristo,
y de todos los difuntos
cuya fe sólo Tú conociste.
Admítelos a contemplar la luz de tu rostro
y llévalos a la plenitud de la vida.
Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana;
inspíranos el gesto y la palabra oportuna
para con la persona sola o desamparada;
ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de amor y de verdad,
de libertad, de justicia, de perdón y de paz,
para que todos en ella encuentren
un motivo para seguir esperando.
Y cuando termine nuestra peregrinación por este mundo,
recíbenos también a nosotros en tu Reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria.
En comunión con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires, y todos los santos,
te invocamos, Padre, y te glorificamos
por Cristo nuestro Señor.
Por Cristo, con él y en él...