58.- Tocar y curar.
Al proclamar hoy nuestra acción de gracias
lo hacemos tocados por el testimonio y el mensaje de Jesús,
cuando, compadecido del leproso que le pedía ser curado,
antes que salvaguardar su pureza ritual, prefirió tocarlo y curarlo,
no sólo de la lepra sino de la maldición social y religiosa.
Tocando y curando al leproso expresó su solidaridad
con las personas excluidas de la sociedad y de la religión,
cuestionando la marginación injusta.
Su actuación liberadora,
su mensaje subversivo con el orden establecido
y el impulso solidario al que nos anima
nos invitan a darte gracias y proclamar tu santidad diciendo:
SANTO, SANTO, SANTO...
También hoy la sociedad en que vivimos
proyecta sus propios miedos en rechazos, exclusiones y marginación.
el miedo a cuestionar el propio bienestar
hace rechazar al inmigrante que viene buscando trabajo...,
el miedo a perder la propia seguridad basada en la posesión,
llena la sociedad de alarmas, guardias y cárceles...,
el miedo a cuestionar lo que se tiene por verdadero
lleva a rechazar lo diferente, a marginar a quien no piensa o actúa
como la mayoría dominante...
Incluso la Iglesia, que debería ser madre misericordiosa con las personas marginadas,
se convierte en demasiados casos en inquisición condenadora de las personas disidentes.
Invocamos, Padre, la gracia salvadora de tu Espíritu
para que descienda sobre nosotros y nos limpie de todo mal,
y sobre estos dones del pan y el vino
para que, tocados por la fuerza transformadora de tu Espíritu,
se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, tu Hijo bien amado.
El cual....
Al proclamar el misterio salvador de su muerte y su resurrección,
proclamamos también nuestra fe en Jesús,
nuestra confianza en que Él nos puede liberar de nuestras miserias.
Él, que nos libera, quiere que vivamos como personas libres, como personas nuevas,
liberadas de leyes marginadoras, de prejuicios estigmatizadores,
de condenas excluyentes.
Sintiéndonos liberados por Él, como el leproso curado,
podemos divulgar con entusiasmo la Buena Nueva del Evangelio,
por encima de normas y mitos.
Haciéndonos solidarios con los excluidos de nuestra sociedad,
con las personas marcadas por cualquier maldición injusta,
podemos recorrer con Jesús y como Él el camino de ser personas nuevas
y hacer una sociedad más justa, solidaria y fraterna,
donde los últimos de este mundo sean los primeros para tu Reino.
Jesús nos demuestra que el amor es la fuerza curadora,
liberadora y transformadora de todo, capaz de superar exclusiones y rechazos.
Danos, Padre, el Amor suficiente para querernos
y el amor para cambiarnos como personas;
el amor para compartir la suerte de los perdedores,
y el amor para transformar en lo que podamos nuestra sociedad y nuestra Iglesia.
Una sociedad más humana
y una comunidad cristiana liberada para liberar
serán la mejor alabanza que te podemos brindar como acción de gracias.
POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL...