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Las familias que no fueron a Colón

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Las familias que no fueron a Colón

Lunes 31 de diciembre de 2007.
 
 

ARTURO DÍAZ - Madrid - 30/12/2007 22:08

Las nuevas familias, las tradicionales que discrepan de lo establecido por la Iglesia, las más heterodoxas y las indiferentes no se presentaron el domingo en el centro de Madrid.

Aunque hubiesen sido dos millones (como dice la Iglesia) los que proclamaron en La Castellana su adhesión con el concepto de familia católico, lo cierto es que en España están dejando de ser una rareza los que nunca asomarían por la kermesse de los obispos.

Como Mara y Jorge, un matrimonio formalizado en el juzgado con dos hijos, que paseaba a media tarde por la Puerta del Sol. Su concepto del yugo es práctico y en absoluto espiritual. “Si vives en una sociedad civil no puedes mezclar el matrimonio con ideas metafísicas como propone la Iglesia”, estima Jorge.

Para esta pareja que hace 30 años difícilmente podría decir estas cosas en público, “la Iglesia usa el matrimonio como una forma de controlar el orden social”.

Cambios sociales

La España que surge de la Constitución de 1978 (sobre todo por la igualdad de trato que sacraliza) y la prosperidad económica vivida han acabado mutando la manera de formar grupos familiares en un país uniforme y gris en este asunto. Las familias estaban formadas por papá, mamá y los niños o no eran tales.

Hoy son comunes las uniones no matrimoniales, las parejas que deciden no tener descendencia, las procedentes de uniones anteriores, las surgidas a partir del matrimonio de dos hombres o dos mujeres, y las de uno y su progenie nacidas de la decisión de tener hijos en solitario.

Como muestra de ello, lo más reciente es la revolución de las costumbres que ha supuesto la aprobación del matrimonio homosexual, una ley que ha atizado en gran medida a la Iglesia a tocar a rebato y repetir sin cesar que la familia está perseguida.

Al menos 2.600 parejas homosexuales han formalizado su unión ante el juez desde la aprobación de esta norma en 2005. Además, se estima que en España viven unos 80.000 hijos de familias homoparentales, de esas cuyo plácet legal, siempre según el cardenal de Toledo Antonio Cañizares, son “graves amenazas” que sacuden los cimientos de la familia.

Otro dato revelador de la abundancia de discrepantes: en 2006 había 84.000 familias monoparentales encabezadas por una persona soltera, según el Instituto de la Mujer. "Estoy escandalizado y cabreado con la jerarquía" Andrés, sacerdote secularizado, y su mujer, Tere, pelean por ‘una Iglesia más cercana a Jesús’.

Andrés Muñoz (64 años) era sacerdote en activo hasta que se secularizó en 1979. En ese momento se sentía “muy encorsetado en la Iglesia, sin libertad para ejercer el ministerio”, recuerda en su casa de Getafe (Madrid). La otra motivación para colgar alba, estola, casulla y cíngulo tras 12 años de sacerdocio se explica en un nombre de mujer, Tere Cortés, su esposa desde 1981.

Ambos son miembros de Moceop, el Movimiento Pro Celibato Opcional, y también son familia. Una familia católica, tradicional y, sin embargo, alejada de la jerarquía más recalcitrante en múltiples cuestiones. Los obispos no aportan cifras de sacerdotes casados, pero Andrés y Tere aseguran que en su asociación han atendido a “más de 3.000”, aunque, al no exigir afiliación, tampoco disponen de datos exactos.

Los secularizados rondarían “el 20% del clero diocesano, unos 8.000”, asegura Muñoz, dato difícil de comprobar porque la Iglesia no ofrece estos datos.“El problema con muchos obispos es que no salen a la calle”, arranca Muñoz su cascada de críticas al “involucionismo de la Iglesia”.

Según este cura (el orden sacerdotal imprime carácter), que ha trabajado 26 años con disminuidos psíquicos y hoy está jubilado, “la religión ha de ser ética. De lo contrario, no es verdadera. Y debe basarse en la ética natural humana”.

Tanto él como Tere creen que “la Iglesia no debe meterse en problemas de alcoba”. Tere sostiene que la jerarquía eclesial actúa “como el brujo de la tribu, mediando en problemas de asuntos de pareja como los preservativos. Promueve una visión conservadora del Evangelio, pero éste no es conservador sino revolucionario”.

El miedo a la libertad

Por ésta y otras muchas razones, Andrés se dice “escandalizado y cabreado con la jerarquía”, aunque no dejará de considerarse parte de la grey “porque Iglesia significa comunidad y pueblo de Dios”. El matrimonio acusa a la institución de “tener mucho miedo a la libertad por lo que sólo se preocupan de que nadie se desvíe haciendo valer el Código Canónico”.

Y asegura Andrés que no le va mal de seglar: “Se me ha purificado y robustecido la fe; dedico tantas horas a la religión como antes”. El fruto más evidente de abandonar el celibato es Javier, el hijo de ambos, de 25 años.

El derroche de amor es la característica que debería distinguir a los cristianos y en esta familia usan la palabra en todo momento. “¿Qué debería hacer un obispo frente a un homosexual pensando en qué haría Jesús?”, plantea; “pues amarlo, como hizo Él con la adúltera”, se responde.

Iglesia abierta y discrepante

Paco y Tomasi son católicos pero no sienten ‘que la familia esté siendo perseguida’.

“Está clarísimo que la manifestación de Colón se debe, como las otras que han organizado, a esa manía de que la familia está perseguida que tienen algunos en la jerarquía católica. Pero ¡qué casualidad que esa supuesta persecución ocurre con un gobierno socialista!”, reflexiona Tomasi Ruiz, de 60 años (en la foto, con su marido, dos nietos y un vecinito).

La mujer no es una extremista anticatólica sino que es un miembro activo de la Iglesia. Con su marido, Paco Llorente (62 años), forma un matrimonio de creyentes que ha educado a sus cuatro hijos en la fe. “No todas las familias católicas se manifestaron en Madrid; muchas no sentimos la necesidad de acudir”, afirma.

Tomasi y Paco pertenecen a las Comunidades Cemi de Madrid, un grupo de grupos laicos de base que se reúnen para celebrar la Eucaristía y tratar temas sociales, “dentro de la idea de la autogestión de los laicos”, explica la mujer.

Desde esta atalaya de “la Iglesia real”, la pareja promueve que el católico se adapte a la aconfesionalidad del Estado: “Los cristianos no debemos tener un trato especial; las leyes se hacen para todos, no sólo para creyentes”, señala la mujer.

Tomasi alude así al matrimonio homosexual. “Lo importante en el sentido cristiano es que en la unión haya amor y respeto; el matrimonio cabe no sólo entre hombre y mujer”, concluye. Juntas desde hace 24 años Marisol y María son pareja desde hace 24 años pero sólo pudieron casarse en 2005.

Tienen tres hijos“No entiendo cómo se puede ir contra los derechos a estas alturas, y sobre todo, si se hace desde el cristianismo”, se lamenta Marisol Galobardes, casada desde hace dos años con María Viñolas, su amor desde hace 24.

Cuando se pregunta a esta mamá barcelonesa de tres hijos en qué se diferencia la suya de las llamadas familias tradicionales responde sin dudarlo: “En nada. La nuestra es tan tradicional como las demás, y más longeva que muchas, además”.

Frente a la incomprensión de los ultramontanos, Marisol (vicepresidenta de la Asociación de Familias Lesbianas y Gays) recomienda “información”. La ignorancia es la madre de la discriminación, insiste la mujer: “Informaros, les diría a los radicales, ya veréis cómo mi familia es tan común como las demás”.

La vida de esta familia no parece alejarse de la anodina normalidad de la clase media. Incluso hay tiempo para visitar al párroco, “que nos conoce y nos aprecia mucho. Estoy segura de que si necesitáramos cualquier cosa, el hombre nos ayudaría”, añade.

En su asociación está inscrito “un centenar largo de familias” formadas por dos hombres o dos mujeres y su progenie. Muchas de ellas son católicas practicantes, asegura, “y viven la fe en sus parroquias”, explica. “El problema es la posición trasnochada de algunos obispos”, zanja.

lunes, 31 de diciembre de 2007 Periódico "EL PÚBLICO"

 

P.-S.

lunes, 31 de diciembre de 2007 Periódico "EL PÚBLICO"

 

 

 Las familias que no fueron a Colón

 
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