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Y Cristo volvió a llorar en los jardines del Vaticano

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Y Cristo volvió a llorar en los jardines del Vaticano

Lunes 30 de junio de 2008.
 
 

Y Cristo volvió a llorar en los jardines del Vaticano

Braulio Hernández Martínez

Eclesalia

Va a cumplirse un año que Leonardo Boff nos sorprendía con la impresionante parábola de el jardinero vaticano “Y Cristo lloró en los jardines del Vaticano” (leonardoboff.com). Hace una semana, en los mismos jardines, tuvo lugar otro encuentro inédito, “sin precedentes”, pero real, entre el presidente George Bush y su anfitrión el papa Benedicto XVI. Aquella lúcida visión, profética, de la parábola del jardinero de Boff se cumplía. Un encuentro “inédito”, “un protocolo particular para expresar su gratitud por el recibimiento que tuvo en su reciente visita a la nación norteamericana”, destacaban los medios. El mandamás de la política mundial y el mandamás de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, paseando embelesadamente, por los bucólicos jardines vaticanos, tras un encuentro privado de 31 minutos, en la medieval Torre de San Juan, charlando sobre “los principales temas de la política internacional”. Curiosamente, nadie contaba que allí, en el estudio de la Torre, fue donde Juan XXIII solía ir a meditar. Tal vez allí, con las ventanas abiertas, fue donde le sorprendió el mítico soplo de aire fresco, “como inesperada primavera” de convocar un Concilio, (el Concilio que, según palabras del teólogo José María Gonzáles Ruiz, derribó la Iglesia medieval de cristiandad) “para devolver al rostro de la Iglesia de Cristo todo su esplendor, revelando los rasgos más simples y más puros de su origen” (Juan XXIII, Discurso preparatorio del Concilio, 13 de noviembre, 1960). Era la séptima vez que el emperador del momento se reunía con el Pontífice. Tres encuentros con Juan Pablo II (2001, 2002 y 2004) y éste ya era el cuarto -un récord, en tres años de pontificado- con Benedicto XVI (9 de junio de 2007, 15 y 16 de abril de 2008 el 13 de junio de 2008). Mientras duró el reencuentro, en medio de imponentes medidas de seguridad, la basílica de san Pedro se cerró a los turistas, y su imponente cúpula fue tomada por francotiradores. El presidente Bush se dirigió al Romano Pontífice con los brazos abiertos y diciendo “gracias, qué honor, qué honor”. Un recibimiento inédito con el que el papa Benedicto XVI ha querido agradecer a George W. Bush su férrea defensa de los “valores morales y fundamentales”. Muchos prelados del Vaticano lamentaron (aunque bajo un “férreo” anonimato) que el papa diera tan excepcional y familiar recibimiento –“rompiendo el protocolo tradicional para corresponder a la fastuosa ceremonia de bienvenida que recibió el pasado 16 de abril pasado en la Casa Blanca, al inicio de su viaje apostólico a Estados Unidos”-, a un líder que desoyó las exhortaciones papales contra la guerra y a favor de la paz. Otros, en la Iglesia, han dado la cara, denunciando que semejante agasajo y reconocimiento es un diploma inmoral (“Diploma Inmoral”, Jesús López Sáez, www.comayala.es). En los jardines del Vaticano se escenificó una nueva edición de la antiquísima alianza entre el poder y el altar, que hace de Roma la nueva Babilonia, la prostituta de la historia. “Y nadie se acordó nunca más de las palabras que el Señor había dicho”: así termina la parábola del jardinero vaticano de L. Boff. El Papa también se olvidó, o pasó por alto, que las decisiones de Bush, declarando y manteniendo una guerra injusta, como hoy todo el mundo reconoce, han causado más de medio millón de víctimas, muchísimas de ellas inocentes. Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, declaró en su día que la Guerra de Irak es “Una guerra que no ha tenido más que dos vencedores: las compañías petrolíferas y los contratistas de defensa”. Cuando el cardenal Ratzinger fue elegido papa, y eligió llamarse Benedicto XVI, alguien atisbó en ese gesto una posibilidad de renovación. El último papa Benedicto -Giacomo della Chiesa, (1914-1922)- fue un papa muy crítico con la guerra y con el integrismo. Recién estrenado pontificado, Benedicto XV se encontró en su escritorio una denuncia secreta contra él, dirigida a Pío X, su antecesor, en la que se le acusaba de modernismo. “El último papa Benedicto se había opuesto a la primera guerra mundial, considerándola una “matanza inútil”, y a la exaltación nacionalista que le llegaba de los diversos frentes, adoptando medidas para mejorar la situación de los prisioneros, de los refugiados y de los deportados. Entonces el Vaticano funcionó como una segunda Cruz Roja. Ante las guerras actuales, habrá que ver qué actitud adopta el nuevo papa”. Lo recogía el sacerdote Jesús López Sáez, en una nota de la Comunidad de Ayala donde también recogía que Hans Küng, o el cardenal Martini, entre otros, daban al papa Ratzinger un voto de confianza. Ya hace un año, aquella remota posibilidad de renovación se daba definitivamente por desvanecida (VV.AA. “Claves de la restauración de la Iglesia Católica, ECLESALIA, 23/07/07). El encuentro entre Benedicto XVI y el presidente Bush ha sido percibido como la consumación de la vuelta a la Iglesia de Cristiandad. La Iglesia del prestigio entre los poderosos de la tierra. En su último viaje a Estados Unidos, el Papa Benedicto XVI aterrizó en una base militar, y fue agasajado con salvas de 21 cañonazos. “Los cumpleaños se celebran entre amigos”, le dijo al papa Ratzinger el presidente Bush, un señor de la guerra que alardea de cristiano, y con una misión divina, disfrazando de fe religiosa la invasión y Guerra de Irak. “La invasión americana de Irak creará nuevas y excitantes posibilidades de convertir a los musulmanes”, dijo impertérrito Marvin Olasky uno de sus consejeros de Bush (Emilio Menéndez del Valle, embajador, “Casi todos hablan con Dios en Estados Unidos”, El País, 26/05/08). Ahora el Papa le ha correspondido. Como colofón a su visita, se acercaron a la Gruta de Lourdes, una réplica exacta a la que existe en Francia, próxima a la Torre de San Juan. Allí, “rompiendo completamente con el protocolo, el Papa y Bush, junto a su esposa, se sentaron en grandes sillas de jardín de madera estilo italiano, y dio un estilo ‘familiar’ al momento. Allí el coro de la Capilla Musical Pontificia ‘Sixtina’, dirigida por el maestro Giuseppe Liberto, ejecutó las melodías ‘Exultate Deo’ y ‘Alma Redemptoris Mater’ y, en ese mismo lugar, oyendo música religiosa, se despidieron para concluir el encuentro.” En la última circular del obispo Casaldáliga “Parar la rueda bloqueando sus radios” (expresión del teólogo protestante Bonhoeffer, pronunciada en vísperas de su martirio por el nazismo), Casaldáliga nos refrescaba esta frase del teólogo y mártir alemán: “Nadie que no haya gritado contra el nazismo puede cantar gregoriano”. Pues que se la apliquen aquellos que conceden “diplomas” de “valores morales y fundamentales” a los emperadores que decretan y mantienen guerras injustas, con sus secuelas; o aplican torturas diseñadas para destruir a la persona, en sus inexpugnables Guantánamos, violando impunemente los derechos fundamentales de la persona y saltándose a la torera la legalidad internacional.

 

 

 

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