El Verbo Divino, en el misterio de la Encarnación, se hace palabra humana, ubicada, samaritana, libertadora.
Gracias por tu generosidad histórica, por tu radicalidad evangélica ya comprobada en tus opciones y en tu misión. Confiamos plenamente en tu coherencia, en tu lucidez y en esa opción por el Reino. Por los pobres del Reino, por los/las militantes del Reino, en la Sociedad y en la Iglesia.
Confiamos también en tu voluntad, ya expresada por varios gestos, de asumir Nuestra América en una comunión entre pueblos hermanos y reivindicando, con gratitud histórica, con espíritu ecuménico y ecológico, los derechos de nuestros pobres y de nuestros pueblos aborígenes y la sangre pascal de nuestros mártires.
Tu discurso, al tomar posesión, es una auténtica declaración de principios y un juramento "bautismal" de seguir dándote todo entero, "con un oído al Evangelio y otro oído al Pueblo", como nos
pedía el hermano obispo mártir Angelelli.
Seguiremos unidos, en comunión misionera de discípulos seguidores de Jesús de Nazaret, en coherencia personal y social, descalzos de privilegios y ostentaciones, con una invencible esperanza;
"esperanzados y esperanzadores", como pedía el otro mártir Ellacuría.
Recibe, hermano, un fuerte abrazo, en la Paz subversiva del Evangelio y en la incansable caminada del Pueblo Guaraní hacia la Tierra sin Males.
Pedro Casaldáliga,
Obispo emérito de São Félix do Araguaia, MT, Brasil