En su empeño por ser una voz comprometida en la Iglesia y analizar con equidad los acontecimientos internos y externos que marcan su paso, Vida Nueva ha querido conocer la opinión de los más importantes vaticanistas sobre este complicado semestre.
“Está siendo verdaderamente un año difícil“. Gian Franco Svidercoschi, quien fuera subdirector del L’Osservatore Romano en tiempos de Juan Pablo II y célebre biógrafo suyo, reconoce, como varios de sus colegas, que el problema principal de la Iglesia, “y en particular de la Santa Sede”, es de comunicación.
Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa en el Vaticano desde 1974, señala las “diferencias” entre Benedicto XVI y su predecesor en sus relaciones con los medios de comunicación: “Juan Pablo II sabía cómo comunicar.
Sus convicciones morales o doctrinales eran exactamente las mismas de Benedicto XVI, que no por nada fue su más estrecho y fiel colaborador en un dicasterio clave como el de Doctrina de la Fe, pero las expresaba de una forma diferente. Aun cuando decía verdades incómodas e impopulares, sabía cómo hacerlas aceptar. Juan Pablo II tenía medida a la prensa”.
Andrea Tornielli, vaticanista del diario Il Giornale, exime al portavoz vaticano, Federico Lombardi de responsabilidad en las polémicas surgidas recientemente: “Quien comunica es sólo el último terminal de quien traslada (o no) las decisiones de la Secretaría de Estado”. En su opinión, existe “indudablemente un problema de gobierno en la Curia romana”, sobre todo en el dicasterio dirigido por el cardenal Bertone.
Luigi Accattoli, durante años vaticanista del Corriere della Sera, considera que estamos ante un Papa “solista”, cuya Curia no es “aquella especie de corte que tenían los pontífices precedentes, la cual condicionaba y obstaculizaba, pero también ayudaba a prever, predisponer y acompañar los actos papales”.
Observado con lupa
Las situaciones de crisis de los últimos meses han encontrado un enorme eco en los medios de comunicación, muchos de los cuales parecen juzgar a Benedicto XVI con mayor severidad que a su predecesor. Paloma Gómez Borrero, primera mujer corresponsal de TVE y hoy vaticanista de COPE, atribuye esto último a un “mayor grado de laicismo y nihilismo” de la sociedad de hoy: “Al actual Pontífice se le juzga con más dureza que a su antecesor. Molesta que sea un Papa teólogo que quiere poner las cosas en su lugar. Es, además, una persona que no ofrece anécdotas, sino doctrina y teología pura“. Gómez Borrero ofrece una recomendación para evitar que se repitan casos como los vividos en los últimos seis meses: “En la Iglesia no se pueden esconder los asuntos. Se ha de ir con la frente muy alta, reconociendo las equivocaciones que se han producido”.
Ser vaticanista
El reportaje se completa con una reflexión del corresponsal de Vida Nueva en Roma, Antonio Pelayo, en torno a lo que significa hoy ser periodista en el Vaticano. Pelayo cree que “una excelente forma de amar a la Iglesia es criticar sus defectos, sus carencias, sus contradicciones, sus infidelidades. Hay que saber hacerlo siempre sin acritud ni amargura“.