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Enrique Miret Magdalena, teólogo: «no hay ninguna razón teológica para el celibato sacerdotal».

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Enrique Miret Magdalena, teólogo: «no hay ninguna razón teológica para el celibato sacerdotal».

Martes 13 de octubre de 2009.
 
 

Enrique Miret Magdalena, teólogo: «no hay ninguna razón teológica para el celibato sacerdotal».

Publicado el 12 Octubre 2009 por nabaizaleokbost

«Si los curas se casaran cambiarían sus consejos sobre el matrimonio» «No se trata de tolerar situaciones irregulares; hay que regularizarlas»

Enrique Miret Magdalena (Zaragoza, 1914) es un teólogo que no ha dudado es mostrarse crítico ante algunos planteamientos de la Iglesia. Referencia ineludible para los católicos más progresistas desde hace décadas -sus artículos en ‘Informaciones’ y ‘Triunfo’ fueron una bocanada de aire fresco en los últimos años del franquismo-, Miret defiende en esta entrevista la voluntariedad del celibato sacerdotal, ahora que la boda del arzobispo Milingo y el informe sobre la conducta de algunos misioneros en África ha reabierto el debate.

Pregunta.- Usted ha dicho muchas veces que la Iglesia necesita una profunda renovación. ¿Un aspecto a renovar es el del celibato de los sacerdotes? Respuesta.- Es uno de los aspectos importantes que requiere esta reforma, que la pidió el Concilio Vaticano II y de la que ya han hablado bastantes obispos. No se trata de cambiar las órdenes religiosas, que tienen un voto de castidad especial y conservan una tradición antiquísima de los monjes que vivían retirados del mundo. Pero lo lógico era que quien vivía en el mundo y en contacto con sus problemas estuviera casado. Eso se ha conservado en la Iglesia ortodoxa y en los católicos de rito oriental unidos a Roma, como los maronitas o los de rito rumano oriental. En nuestro ámbito, fue en el concilio de Letrán donde comenzó a exigirse ya de manera más amplia el celibato, pero hasta Trento no se tomó una decisión completamente clara y seguida de forma universal en la propia Iglesia. P.- ¿Qué razones teológicas existen para el celibato? R.- No hay ninguna razón teológica para el celibato sacerdotal. No hay más que leer a San Pablo, quien pide que los presbíteros «sean maridos de una sola mujer», lo que quería decir que no debía autorizarse de ninguna manera la poligamia. Muchos de los apóstoles eran personas casadas, y ése es el ejemplo precisamente de los fundadores de la Iglesia. P.- ¿En el trasfondo del celibato está la creencia de que las personas que renuncian al sexo son de calidad superior a quienes no lo hacen? R.- Esa es una de las razones que se han esgrimido, pero es evidentemente falsa. La única razón que puede haber es la misma que en otros ámbitos: por ejemplo, el de los grandes filósofos que se dedicaron a ello de manera tan exclusiva que no quisieron casarse. Pero no quiere decir que todos los filósofos ni todos los sacerdotes deban ser célibes.

Cumplimiento

P.- En sus artículos suele aportar datos del bajo cumplimiento del celibato entre los sacerdotes de EE UU. ¿Hay alguna estimación sobre lo que sucede aquí? R.- En EE UU, un catedrático que es sacerdote ha hecho encuestas sobre el cumplimiento del celibato por el clero y los resultados son abrumadores: la inmensa mayoría lo incumple, no digo que continuamente pero sí de forma ocasional. Aquí hay divagaciones, pero nada de tipo científico. Antes de la Guerra Civil un famoso teólogo, Ripoll, hablaba de un elevadísimo incumplimiento. En algunas zonas del país, en aquellos años, eran conocidos los casos de sacerdotes con hijos. No estaría mal que ahora se hiciera algún estudio sobre la materia. Hace años se publicó uno en Francia, y decía que un 25 ó 30% del clero no cumplía con rigor este precepto. El porcentaje será mayor o menor, pero es evidente que hay un problema. P.- ¿Qué sería distinto en una Iglesia en la que los sacerdotes estuvieran casados? R.- Cambiarían radicalmente algunos consejos que se dan ahora sobre la relación matrimonial. También vivirían más centrados en el sentido humano, puesto que conocerían el amor, el cariño, y podrían aconsejar al seglar en sus problemas de manera más práctica. P.- ¿Podrían personas con obligaciones familiares dedicarse plenamente al sacerdocio? R.- Esto hay que mirarlo de una manera muy objetiva. Hoy en día muchos sacerdotes no tienen una dedicación práctica exclusiva. En realidad, se convierten un poco en burócratas. Hay muchos sacerdotes que tienen demasiado tiempo libre y por eso se dan algunos problemas. De la misma forma que un seglar puede vivir su profesión y su familia, sería posible que un sacerdote compartiera ambas. P.- ¿Los fieles prefieren que les aconseje alguien que conoce sus problemas por experiencia directa o quien está al margen de ellos? R.- ¿Qué pasa donde hay sacerdotes católicos de rito oriental que pueden casarse? El Concilio Vaticano II hizo una apología del sentido religioso y pastoral de este clero, luego no hay problema por ello. P.- ¿Cómo se vería en nuestro ámbito a un sacerdote casado? R.- Hay encuestas que muestran que la gente no tiene tanto recelo ante la posibilidad de un sacerdote casado. También le diré otra cosa: en el Siglo de Oro, hubo grandes personajes, escritores, poetas, que eran curas y muchos de ellos no vivían el celibato en la práctica. Esto ha existido y la gente se ha amoldado a esa situación irregular. Algo que no comparto: lo que hace falta es regularlo.

Vocaciones

P.- ¿El final del celibato terminaría con casos como el reciente de África, o son problemas diferentes? R.- Hay un problema en África y en América Latina. En esta última región hay sacerdotes que viven en poblados alejadísimos de cualquier relación con su obispo u otros sacerdotes. Viven en una soledad muy grande y el pueblo se da cuenta de eso. Por ello, cuando va a llegar un sacerdote nuevo, es muy frecuente en esos pueblos alejados que pidan que el obispo le mande ‘arregladito’, que quiere decir con su mujer y sus hijos. Si eso está pasando, regularicémoslo, en vez de mantenerlo como algo que tenemos que tolerar. P.- ¿Hay alguna relación entre la crisis de vocaciones sacerdotales y el celibato obligatorio? R.- Sí, se ha dicho claramente por parte de personas muy preocupadas por ello. En los años cincuenta, conocí a un famoso teólogo italiano que había estudiado el tema. Y fue tan valiente que en una revista escribió un artículo hablando de la necesidad de hacer un celibato libre, porque con ello, pensaba, se resolvería en buena parte la crisis de vocaciones que ya comenzaba por aquellas fechas. P.- Supongamos que se admite el matrimonio de los sacerdotes. ¿Qué consecuencias pastorales podría tener una ruptura? R.- Se vería como uno de los tantos fracasos que en la vida humana existen. Puede ocurrir porque los sacerdotes son seres humanos. Lo que hay que hacer es enfocarlo de una manera correcta.

Cesar Coca

 

 

 

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