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SOCIEDAD ABIERTA |
“La Iglesia no pone su esperanza en privilegios
dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicios de ciertos
derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso
puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de
vida exijan otra disposición. GS, 76), |
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Se supone
que estamos en una sociedad
abierta, que es la propia de una
Democracia pluralista y laica. La sociedad democrática solo puede ser
plural y laica. El pluralismo deriva de la propia condición humana, de
la libertad de pensamiento, de conciencia y de cátedra. El pluralismo es
el único escenario posible de este modelo de sociedad abierta. En ella
se valora la dignidad del Ser Humano, es decir, la que se apoya en la
idea de que la persona no necesita andaderas.
La sociedad cerrada se configura por el nacionalismo radical, el
fundamentalismo religioso o político, además de la rigidez de los
planteamientos, apoyados por una autoridad de carácter religioso.
La laicidad reclama el derecho a promocionar la realidad secular
propiamente dicha. La laicidad se opone a las sociedades teocráticas,
donde la condición de ciudadano va unida a la de religioso y la de lo
civil supeditada a lo religioso. La laicidad surge como polo de
afirmación frente a sociedades sacralizadas o muy tuteladas por el poder
religioso.
En nuestro tiempo, a partir sobre todo del siglo XIX, la laicidad
representa el intento de asegurar la emancipación cultural y política
del poder eclesiástico.
La laicidad se convierte en base, ámbito y referente del programa de
todo Estado, que se precie de ser gestor del Bien Común, porque el Bien
Común es la coordinación del bien de todas las personas, en uno u otro
lugar , de una parte u otra, de una u otra religión, creyentes o ateas.
Los ciudadanos incluyen, como personas, una ética natural, que se
enuncia válida para todos y que los Estados deben manejar sensatamente
para articular la convivencia. Las religiones podrán albergar creencias,
principios, promesas, programas de futuro y felicidad que, a lo mejor,
no figuran en el programa básico de la ética natural. Podrán inculcarlo
a sus seguidores y ofrecerlo a cuantos lo deseen conocer, pero jamás
imponerlo y mucho menos hacerlo valer contraviniendo la dignidad y
derechos de la persona. La persona es el terreno firme, más allá del
cual no puede ir el Estado, la Religión ni Ideología alguna.
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