MI RADIOGRAFÍA EN EL MOCEOP

Javier Fajardo

 
 

            Mi sacerdocio lo entendí desde el principio en clave misionera. España, como en la experiencia francesa, no estaba evangelizada sino que vivía en un clima de cristiandad impuesto desde arriba. La clase obrera, las clases populares tenían una cultura religiosa pero el evangelio de Jesús no se le había presentado de una manera autentica.
Consecuentemente aprendí un oficio (en el astillero de Puerto Real), y me puse a trabajar, compartiendo la vida de los trabajadores. Hice una opción de clase para toda la vida. Mi “parroquia” no radicaría en ningún templo sino en la fábrica y en el barrio. También en las organizaciones populares (sindicatos partidos políticos, asociaciones de vecinos…) Allí intentaría vivir mi fe, en medio del pueblo. En la frontera de la institución eclesiástica. No como un clérigo sino secularmente.
          Llevo 36 años intentando ser fiel a mi vocación misionera. No sin dificultades. Con pocos maestros que hubieran recorrido un camino similar. Un poco a tientas. Probando. Haciendo y deshaciendo caminos. Con mucha ilusión pero también con desfallecimientos. Apoyándome en comunidades de creyentes con inquietudes parecidas. Aprendiendo a rezar en reuniones de militantes, preparando una asamblea de fábrica, luchando contra peligrosas reconversiones que han acechado al Sector Naval.
Me enamoré de Carmen y no ví contradicción alguna entre el amor y mi fe. No pedí la secularización ni renuncié a mi vocación. No sólo mi matrimonio no fue un impedimento para mi sacerdocio sino que lo potenció. Ella era más evangélica que yo, más austera, más entregada a los demás. Me animaba en los momentos malos. Me ayudaba a descubrir a Dios en la vida. Tuvimos dos hijos maravillosos.
Me sorprendió comprobar que la vida en pareja era luminosa. Que la relación amorosa era un lugar privilegiado para encontrar a Dios. Que el sexo estaba íntimamente relacionado con la mística. Y me sorprendió la mirada ruin de la teología clásica sobre la mujer y el sexo. ¡Que poco se ha escrito en positivo sobre el amor conyugal! Tal vez los sacerdotes casados tendríamos que hablar de ese tema con más valentía y libertad de lo que lo hacemos. Porque hay como un muro de silencio sobre esta cuestión. El celibato puede ser un carisma concedido por Dios. No lo niego, aunque en la mayoría de casos que yo conozco no es sino una imposición frustrante que deja tocados del ala a muchos sacerdotes. En cualquier caso, el amor de la pareja es un sacramento, es decir, un signo privilegiado del amor de Dios. Y además, en muchos casos, el celibato por sí mismo, no hace más libres ni más entregados. Conozco muchos ejemplos de personas casadas que viven una vida de entrega superior a la de muchos célibes.
Cuando Carmen murió, en el año 1999, el mundo pareció derrumbarse bajo mis pies. La vida pareció dejar de tener sentido para mí, salvo terminar de criar a mis hijos. Pero Dios puso a Rosa delante de mí y, pasado el tiempo de duelo, me volví a enamorar. Si Dios le da una mujer maravillosa a algunas personas, a mí me ha dado dos. Porque Rosa es también una mujer creyente y evangélica. Generosa. Comprometida. Alegre. Me siento feliz de nuevo. Y especialmente mimado por Dios.
Mis hijos han ido creciendo en edad y sabiduría. Son unos jóvenes normales, llenos de valores, inquietos, preocupados por los demás, responsables, solidarios.
En un primer momento mi relación con la iglesia se tornó un poco más difícil, pero nunca se rompió. En algunos ambientes clericales parecía que al romperse la “solidaridad celibataria” yo dejaba de ser uno de ellos. Pero para otros seguí siendo el mismo. Seguí coordinado con el movimiento de Curas Obreros, con Comunidades Cristianas Populares y por supuesto con los amigos y compañeros de trabajo, del sindicato etc. Creyentes y no creyentes.
En MOCEOP encontré mucho apoyo. Otras personas habían pasado por procesos similares. Mucho más traumáticos que el mío. Conocí gente maravillosa. Me ayudó a vivir mi sacerdocio. Nuestra participación en reuniones y asambleas del movimiento nos aportó serenidad y firmeza a nuestras convicciones.
En la actualidad la Iglesia institucional se ha ido enrocando en posturas cada vez más reaccionarias. Me resulta penoso comprobar día a día como va asumiendo un rol en la sociedad cada vez más alejado de todas las personas que piensan por sí mismo. Parece que sólo le interesa acumular poder para “hacer caja”. Reprime, silencia, excluye a todo aquel que no sea una oveja obediente y sumisa. Parece querer reeditar una nueva versión de Cristiandad, aliándose con los nuevos caciques y los poderosos. Parece que nos invita a marcharnos a quienes no pensamos igual. Me resulta muy doloroso y escucho a mis amigos (dentro y fuera de la Iglesia) que empiezan a verla, de nuevo, como uno de los principales enemigos del pueblo. La evangelización de los pobres está volviendo a encontrar en la institución eclesiástica a uno de los obstáculos más fuertes. Estamos retrocediendo a la época en que se calificó de Cruzada a una guerra fraticida. Se está retrocediendo en el camino avanzado en la década de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado.
Con todo, he encontrado comprensión e incluso solidaridad en ambientes clericales. Nunca olvidaré la visita de mi Obispo al hospital donde agonizaba Carmen y la presencia del Vicario en el tanatorio.
¿Qué debemos hacer? Sentirnos libres. Referirnos al evangelio de Jesús. Aferrarnos al Reino de Dios, tal como nos lo presenta Jesús. Construir comunidades donde todos seamos iguales. Hombres y mujeres. Célibes y casados. Etero y homosexuales. Teólogos y personas sencillas. Inventar ministerios, con el ejemplo de las primeras comunidades cristianas. Vivir según el evangelio, no el derecho canónico inventado por la cúpula clerical. Reivindicar que otra Iglesia es posible e intentar, humildemente, dar pasos concretos sin esperar permisos desde arriba.
MOCEOP debe seguir existiendo y hablando con claridad. Puede ser importante para muchas personas. No hay que tirar ninguna toalla. Esta es nuestra iglesia, le pese a quien le pese. No reivindicamos ni mendigamos un lugar el las estructuras del pasado. Somos quienes somos, sin complejos.

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MI TESTIMONIO

                                                         Antonio Castillo

Soy Antonio Castillo
Abascal, de 54 años, de
Guadalajara, cura desde el 10 de julio de 1982, y ejerciendo como tal hasta octubre de 1997; todo ello en la diócesis de Ávila.
Ramón y Andrés me han propuesto que relate de forma breve mi recorrido por el Moceop. Esto que cuento es lo que me ha salido.
Para empezar tengo que situar mi vida de estudiante entre los seminarios de Guadalajara, luego Sigüenza y los tres últimos años en Madrid. Dejo la diócesis de Madrid y marcho a Segovia a trabajar con otro compañero en un proyecto de animación social. Este proyecto se paraliza por cambio de planes y la propuesta que me llega es integrarme en Avila en un equipo de curas (Muñico) que están trabajando en proyectos de desarrollo rural (1978).
Me sitúo en Ávila como una persona foránea, bien acogida por un sector de compañeros, querida de la gente de los pueblos en los que vivo, muy a gusto con lo que hago y vivo, con muchísima libertad y con muchas ganas de aprender.
Cuando en 1996 Eva y yo decidimos hacer vida juntos, mi madre hacía cinco años que había fallecido; mi padre falleció en diciembre de este año 96. Aprovecho el verano de 1997 para comunicárselo a mis compañeros y amigos uno a uno. A algunos me cuesta comunicárselo, a otros, no: no ha sido la misma relación con unos que con otros. En todos los casos lo vivo con ganas, energía y temblor. En general, la respuesta de los compañeros curas es el silencio; percibo desconfianza. Intuyo que hay ganas de olvidar y pasar página. Encuentro apoyo de muy pocos compañeros curas, cuatro como máximo. Encuentro apoyo en dos parejas de curas casados de Avila. Encuentro respaldo incondicional en muchos amigos; de mi familia, como resultado, percibo falta de afecto y apoyo.
Cuando me planteo nuestra nueva vida, el futuro, vislumbro un horizonte positivo: mi vida ha sido siempre bastante laica, igual que mis dedicaciones y ocupaciones, en sindicatos, escuelas campesinas, trabajo en la agricultura y ganadería.
Como decía antes, en octubre de 1997 yo dejo la diócesis de Ávila tras una conversación de quince minutos con el obispo, en la que me encontré con el funcionario adecuado a quien debía decir que me iba. La diócesis siguió cargando con el pago de la Seguridad Social durante un año y me pagó durante ese año cincuenta y dos mil pesetas al mes.
Eva se queda en Madrid en un estudio alquilado, porque trabaja en Madrid y yo empiezo a vivir en Lupiana (Gu) porque allí tengo una casa. El recuerdo de este primer año es de vivir errante, sin encontrar lugar, sin encontrarme, desorientado. Es un año duro por las enfermedades de ambos. Recuerdo la angustia y el temor que me producía salir a la calle, especialmente en Ávila, hacer vida en público, encontrarme con gente que me conociera.
Como no se trata de contar mi vida, recojo de esos primeros años el esfuerzo por hacernos un hueco en el mundo nuevo en el que empezamos a vivir, hueco laboral, social, el esfuerzo por ser comprendidos y acogidos desde el corazón por las personas cercanas. El planteamiento era claro: hasta ahora la Iglesia se había encargado de continuar el cobijo, apoyo, sostén, acogida y cariño de la familia; por muy distanciado que me pudiera encontrar y sentir de la jerarquía, vivía en el seno y era reconocido por las personas del cada día. Todo ello se va al garete y emocionalmente en estos momentos me encuentro a la intemperie.
En este contexto, Eva y yo comenzamos a hacer nuestro proyecto de pareja. No es el mejor marco.
Yo entro en contacto con el Moceop en el año 2000 a través de Ramón. Ya entonces participo en las reuniones del grupo de rezos en Guadalajara.
El Moceop me ha ayudado a hacer y vivir normal algo que sentía como un drama. (Aquí tendría que contar lo de Pepe Yela, para mí don José).
Mi contacto e implicación en el Moceop es pequeño. Encuentro que uno de los lazos más importantes que aglutinan a la gente es la historia vivida en común, la amistad anterior y la que se ha ido haciendo en el grupo.
Yo no participo mucho porque tampoco tengo muchos lazos; tampoco tengo ninguna reivindicación que hacer. Sí veo necesaria la denuncia.
Yo no he llegado a entrar despacio en la vida de las personas, individualmente o en pareja, que deciden casarse después de una larga etapa célibe. Pero sí percibo, además de conocer mi experiencia-nuestra experiencia, que es una etapa muy dura, especialmente cuando se vive en soledad.
Por eso, lo que yo aporto y reclamo es un grupo que esté al lado de todos aquellos curas y monjas que están buscando nuevas formas de vivir su fe sin estar castrados afectiva y sexualmente.
Lupiana, 27 de abril de 2007.
  MIS PREGUNTAS:
¿Quién cuida el alma, el corazón de las personas que se desangran tras una decisión importante de su vida y no aceptada socialmente?
¿Quién sostiene la vida...
La esperanza...
La ilusión...
Las ganas de vivir de las personas que cambian de opción a mitad de camino?
¿Cómo se aprende a vivir en pareja el afecto y el sexo después de una vida castrada?
 

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X ENCUENTRO MOCEOP
(Trabajo de grupos)
resumió pepe centeno

I.-NUESTRAS EXPERIENCIAS en Moceop

1.- La experiencia de Iglesia que vivimos en nuestros grupos-comunidades base marcha por estos derroteros:
a) Frente a la Iglesia Institucional que insiste en la adhesión personal a la verdad racional, intelectual... nosotros estamos en búsqueda, individual y en comunidad, de Dios con todo nuestro ser racional, afectivo, sentimental
b) Ante una Iglesia que se muestra oficialmente como institución jerarquizada a través de la cual llega a los hombres y mujeres la salvación por los sacramentos, nosotros nos desenvolvemos en comunidades de experiencia de vida y de fe, relacionadas en redes, coordinadoras... forman-do movimientos en los que compartimos el evangelio, las celebraciones y los compromisos
c) Los distintos ministerios y responsabilidades de nuestras comunidades de base son ejercidas por voluntarios con el acuerdo del grupo y las capacidades de las personas
d) Mientras la alta jerarquía toma partido e intenta imponer a todos los creyentes un pensamiento único sobre temas éticos, morales, sociales e incluso en aspectos de la fe que son discutibles, nosotros optamos por respetar el pluralismo aceptando el momento, grado de madurez y capacidad de entrega de cada uno.

2.- Los nuevos tiempos y generaciones.
Son diferentes a las épocas en que la mayoría dimos el paso una vida laboral y de casados como todo el mundo. Coexistimos en Moceop varias generaciones. La más antigua es más numerosa. Posteriormente hubo menos secularizaciones. MOCEOP se fundó como un medio de autoayuda, reflexión y maduración de los que no hicimos un borrón y cuenta nueva, sino que nos planteamos el sacerdocio estando en pareja.
Las siguientes generaciones de secularizados pueden tener dificultad en adherirse a un grupo que tiene ya un caminar de años con gente de otra época para ellos. A partir del año 80 las secularizaciones disminuyen enormemente y es lógico que sean muy pocos los que se planteen un presbiterado en pareja. (La primera generación del MOCEOP fueron también muy pocos con relación al total de secularizados).
Las nuevas generaciones de secularizados buscan resolver sus problemas donde les parece o creen que pueden encontrar ayuda. En la generación más antigua del MOCEOP tuvo bastante importancia el asunto de carencia de cotizaciones en vistas a la jubilación, esto sirvió para aglutinar al comienzo a mucha gente. Las posteriores generaciones se han adherido a Moceop en la medida que respondía a sus inquietudes. Es verdad que posiblemente desde hace unos años es menos conocido nuestro grupo. ¿Tendríamos que hacernos más públicos?
Existe una cierta desazón por crecer, captar a más gente, nos gustaría que viniesen nuevas generaciones, pero por otra parte hay en Moceop un ritmo y un proceso rico en vida y experiencia histórica en el que estamos a gusto. El “venid y ved” que dijo Jesús al joven que quiso seguirle es ofrecer lo que somos a nuevos secularizados y si encuentran respuesta o apoyos a sus vidas se quedarán, si buscan otro tipo de respuestas seguirán su camino. No tenemos que preocuparnos.

3. - “Ser para los demás”.
Algunos observan que en nuestros encuentros se insiste mucho en la actividad hacia fuera, externa; en coordinaciones con otros grupos, en apoyar comunidades de base, en redes, conectar con los secularizados, acoger a los que buscan otra iglesia posible, etc. Esto está bien, pero se insiste poco en el “ser hacia dentro”, cómo alimentamos nuestra fe, quién nos cuida a nosotros o si nos dejamos querer...
Moceop es muy plural. Son muy pocos para los que Moceop sea su comunidad de base, de fe. La mayoría están en otros grupos y comunidades. Los encuentros de Moceop son distanciados en el tiempo para casi todos. Nos sirven para proyectar la revista o tratar algún tema desde nuestra muy concreta experiencia de vida. También en ellos cuidamos la celebración, pero MOCEOP no es lugar de nuestra vida de fe para la mayoría. También surge la pregunta de si en nuestras comunidades de base no puede suceder que están más centradas en “ser para los demás” y se cuide poco el “hacia dentro” de la comunidad y de las personas. Esto es cuestión de revisarlo en la propia comunidad

4. - Jesús de Nazaret
El fundamento de nuestra fe es Jesús de Nazaret. Hay una urgencia de plantearnos y preguntarnos en qué Jesús creemos, qué lugar ocupa en nuestra vida, cómo nos implica y nos desnuda, cuál es nuestra comunicación con él. Jesús puede tener muchos títulos y sentidos: es un hombre, es un mito, es alguien que vivió, es un ejemplo, nos revela al Dios, es un revolucionario, un trasformador de la historia, vive en la historia. Damos demasiado por supuesta la fe y tal vez tendríamos que detenernos y tomar conciencia dónde estamos en nuestra relación con Jesucristo porque es el fundamento de todo
II – OBJETIVOS Y TAREAS DEL MOCEOP
PARA OTROS TREINTA AÑOS

1. - Objetivos.
No parece que hay una preocupación en la gente de cambiar mucho los objetivos. Los miembros del Moceop están a gusto en el movimiento, en los encuentros que se celebran; hay mucha comunicación y amistad propia de gente que tiene una historia en común más o menos larga. No hay manifestaciones de que haya necesidad de cambiar el rumbo de Moceop.

2. - Coordinación
El equipo de coordinación, siendo realistas, tiene que ser del entorno de Madrid para poder verse cuando sea necesario y porque la representación en otros movimientos en el ámbito estatal se da en Madrid.
El equipo de coordinación puede ser de tres miembros en que estén representados las distintas generaciones y sexos.

3. - Reuniones y zonas
Dos reuniones en el curso: la reunión ya histórica de “Albacete” o de la Revista para revisar y programar la misma. Otra reunión que un año será el encuentro bianual y alternativamente otro año en alguna zona, ciudad o localidad organizada por los miembros el Moceop de ese sitio.
 
  El fundamento de nuestra fe
es Jesús de Nazaret.
Hay una urgencia
de plantearnos
y preguntarnos en qué Jesús creemos