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Mi sacerdocio lo entendí desde el principio en clave misionera. España,
como en la experiencia francesa, no estaba evangelizada sino que vivía
en un clima de cristiandad impuesto desde arriba. La clase obrera, las
clases populares tenían una cultura religiosa pero el evangelio de Jesús
no se le había presentado de una manera autentica.
Consecuentemente aprendí un oficio (en el astillero de Puerto Real), y
me puse a trabajar, compartiendo la vida de los trabajadores. Hice una
opción de clase para toda la vida. Mi “parroquia” no radicaría en ningún
templo sino en la fábrica y en el barrio. También en las organizaciones
populares (sindicatos partidos políticos, asociaciones de vecinos…) Allí
intentaría vivir mi fe, en medio del pueblo. En la frontera de la
institución eclesiástica. No como un clérigo sino secularmente.
Llevo 36 años intentando
ser fiel a mi vocación misionera. No sin dificultades. Con pocos
maestros que hubieran recorrido un camino similar. Un poco a tientas.
Probando. Haciendo y deshaciendo caminos. Con mucha ilusión pero también
con desfallecimientos. Apoyándome en comunidades de creyentes con
inquietudes parecidas. Aprendiendo a rezar en reuniones de militantes,
preparando una asamblea de fábrica, luchando contra peligrosas
reconversiones que han acechado al Sector Naval.
Me enamoré de Carmen y no ví contradicción alguna entre el amor y mi fe.
No pedí la secularización ni renuncié a mi vocación. No sólo mi
matrimonio no fue un impedimento para mi sacerdocio sino que lo
potenció. Ella era más evangélica que yo, más austera, más entregada a
los demás. Me animaba en los momentos malos. Me ayudaba a descubrir a
Dios en la vida. Tuvimos dos hijos maravillosos.
Me sorprendió comprobar que la vida en pareja era luminosa. Que la
relación amorosa era un lugar privilegiado para encontrar a Dios. Que el
sexo estaba íntimamente relacionado con la mística. Y me sorprendió la
mirada ruin de la teología clásica sobre la mujer y el sexo. ¡Que poco
se ha escrito en positivo sobre el amor conyugal! Tal vez los sacerdotes
casados tendríamos que hablar de ese tema con más valentía y libertad de
lo que lo hacemos. Porque hay como un muro de silencio sobre esta
cuestión. El celibato puede ser un carisma concedido por Dios. No lo
niego, aunque en la mayoría de casos que yo conozco no es sino una
imposición frustrante que deja tocados del ala a muchos sacerdotes. En
cualquier caso, el amor de la pareja es un sacramento, es decir, un
signo privilegiado del amor de Dios. Y además, en muchos casos, el
celibato por sí mismo, no hace más libres ni más entregados. Conozco
muchos ejemplos de personas casadas que viven una vida de entrega
superior a la de muchos célibes.
Cuando Carmen murió, en el año 1999, el mundo pareció derrumbarse bajo
mis pies. La vida pareció dejar de tener sentido para mí, salvo terminar
de criar a mis hijos. Pero Dios puso a Rosa delante de mí y, pasado el
tiempo de duelo, me volví a enamorar. Si Dios le da una mujer
maravillosa a algunas personas, a mí me ha dado dos. Porque Rosa es
también una mujer creyente y evangélica. Generosa. Comprometida. Alegre.
Me siento feliz de nuevo. Y especialmente mimado por Dios.
Mis hijos han ido creciendo en edad y sabiduría. Son unos jóvenes
normales, llenos de valores, inquietos, preocupados por los demás,
responsables, solidarios.
En un primer momento mi relación con la iglesia se tornó un poco más
difícil, pero nunca se rompió. En algunos ambientes clericales parecía
que al romperse la “solidaridad celibataria” yo dejaba de ser uno de
ellos. Pero para otros seguí siendo el mismo. Seguí coordinado con el
movimiento de Curas Obreros, con Comunidades Cristianas Populares y por
supuesto con los amigos y compañeros de trabajo, del sindicato etc.
Creyentes y no creyentes.
En MOCEOP encontré mucho apoyo. Otras personas habían pasado por
procesos similares. Mucho más traumáticos que el mío. Conocí gente
maravillosa. Me ayudó a vivir mi sacerdocio. Nuestra participación en
reuniones y asambleas del movimiento nos aportó serenidad y firmeza a
nuestras convicciones.
En la actualidad la Iglesia institucional se ha ido enrocando en
posturas cada vez más reaccionarias. Me resulta penoso comprobar día a
día como va asumiendo un rol en la sociedad cada vez más alejado de
todas las personas que piensan por sí mismo. Parece que sólo le interesa
acumular poder para “hacer caja”. Reprime, silencia, excluye a todo
aquel que no sea una oveja obediente y sumisa. Parece querer reeditar
una nueva versión de Cristiandad, aliándose con los nuevos caciques y
los poderosos. Parece que nos invita a marcharnos a quienes no pensamos
igual. Me resulta muy doloroso y escucho a mis amigos (dentro y fuera de
la Iglesia) que empiezan a verla, de nuevo, como uno de los principales
enemigos del pueblo. La evangelización de los pobres está volviendo a
encontrar en la institución eclesiástica a uno de los obstáculos más
fuertes. Estamos retrocediendo a la época en que se calificó de Cruzada
a una guerra fraticida. Se está retrocediendo en el camino avanzado en
la década de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado.
Con todo, he encontrado comprensión e incluso solidaridad en ambientes
clericales. Nunca olvidaré la visita de mi Obispo al hospital donde
agonizaba Carmen y la presencia del Vicario en el tanatorio.
¿Qué debemos hacer? Sentirnos libres. Referirnos al evangelio de Jesús.
Aferrarnos al Reino de Dios, tal como nos lo presenta Jesús. Construir
comunidades donde todos seamos iguales. Hombres y mujeres. Célibes y
casados. Etero y homosexuales. Teólogos y personas sencillas. Inventar
ministerios, con el ejemplo de las primeras comunidades cristianas.
Vivir según el evangelio, no el derecho canónico inventado por la cúpula
clerical. Reivindicar que otra Iglesia es posible e intentar,
humildemente, dar pasos concretos sin esperar permisos desde arriba.
MOCEOP debe seguir existiendo y hablando con claridad. Puede ser
importante para muchas personas. No hay que tirar ninguna toalla. Esta
es nuestra iglesia, le pese a quien le pese. No reivindicamos ni
mendigamos un lugar el las estructuras del pasado. Somos quienes somos,
sin complejos.
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MI TESTIMONIO
Antonio Castillo Soy
Antonio Castillo
Abascal, de 54 años, de
Guadalajara, cura desde el 10 de julio de 1982, y ejerciendo como tal
hasta octubre de 1997; todo ello en la diócesis de Ávila.
Ramón y Andrés me han propuesto que relate de forma breve mi recorrido
por el Moceop. Esto que cuento es lo que me ha salido.
Para empezar tengo que situar mi vida de estudiante entre los seminarios
de Guadalajara, luego Sigüenza y los tres últimos años en Madrid. Dejo
la diócesis de Madrid y marcho a Segovia a trabajar con otro compañero
en un proyecto de animación social. Este proyecto se paraliza por cambio
de planes y la propuesta que me llega es integrarme en Avila en un
equipo de curas (Muñico) que están trabajando en proyectos de desarrollo
rural (1978).
Me sitúo en Ávila como una persona foránea, bien acogida por un sector
de compañeros, querida de la gente de los pueblos en los que vivo, muy a
gusto con lo que hago y vivo, con muchísima libertad y con muchas ganas
de aprender.
Cuando en 1996 Eva y yo decidimos hacer vida juntos, mi madre hacía
cinco años que había fallecido; mi padre falleció en diciembre de este
año 96. Aprovecho el verano de 1997 para comunicárselo a mis compañeros
y amigos uno a uno. A algunos me cuesta comunicárselo, a otros, no: no
ha sido la misma relación con unos que con otros. En todos los casos lo
vivo con ganas, energía y temblor. En general, la respuesta de los
compañeros curas es el silencio; percibo desconfianza. Intuyo que hay
ganas de olvidar y pasar página. Encuentro apoyo de muy pocos compañeros
curas, cuatro como máximo. Encuentro apoyo en dos parejas de curas
casados de Avila. Encuentro respaldo incondicional en muchos amigos; de
mi familia, como resultado, percibo falta de afecto y apoyo.
Cuando me planteo nuestra nueva vida, el futuro, vislumbro un horizonte
positivo: mi vida ha sido siempre bastante laica, igual que mis
dedicaciones y ocupaciones, en sindicatos, escuelas campesinas, trabajo
en la agricultura y ganadería.
Como decía antes, en octubre de 1997 yo dejo la diócesis de Ávila tras
una conversación de quince minutos con el obispo, en la que me encontré
con el funcionario adecuado a quien debía decir que me iba. La diócesis
siguió cargando con el pago de la Seguridad Social durante un año y me
pagó durante ese año cincuenta y dos mil pesetas al mes.
Eva se queda en Madrid en un estudio alquilado, porque trabaja en Madrid
y yo empiezo a vivir en Lupiana (Gu) porque allí tengo una casa. El
recuerdo de este primer año es de vivir errante, sin encontrar lugar,
sin encontrarme, desorientado. Es un año duro por las enfermedades de
ambos. Recuerdo la angustia y el temor que me producía salir a la calle,
especialmente en Ávila, hacer vida en público, encontrarme con gente que
me conociera.
Como no se trata de contar mi vida, recojo de esos primeros años el
esfuerzo por hacernos un hueco en el mundo nuevo en el que empezamos a
vivir, hueco laboral, social, el esfuerzo por ser comprendidos y
acogidos desde el corazón por las personas cercanas. El planteamiento
era claro: hasta ahora la Iglesia se había encargado de continuar el
cobijo, apoyo, sostén, acogida y cariño de la familia; por muy
distanciado que me pudiera encontrar y sentir de la jerarquía, vivía en
el seno y era reconocido por las personas del cada día. Todo ello se va
al garete y emocionalmente en estos momentos me encuentro a la
intemperie.
En este contexto, Eva y yo comenzamos a hacer nuestro proyecto de
pareja. No es el mejor marco.
Yo entro en contacto con el Moceop en el año 2000 a través de Ramón. Ya
entonces participo en las reuniones del grupo de rezos en Guadalajara.
El Moceop me ha ayudado a hacer y vivir normal algo que sentía como un
drama. (Aquí tendría que contar lo de Pepe Yela, para mí don José).
Mi contacto e implicación en el Moceop es pequeño. Encuentro que uno de
los lazos más importantes que aglutinan a la gente es la historia vivida
en común, la amistad anterior y la que se ha ido haciendo en el grupo.
Yo no participo mucho porque tampoco tengo muchos lazos; tampoco tengo
ninguna reivindicación que hacer. Sí veo necesaria la denuncia.
Yo no he llegado a entrar despacio en la vida de las personas,
individualmente o en pareja, que deciden casarse después de una larga
etapa célibe. Pero sí percibo, además de conocer mi experiencia-nuestra
experiencia, que es una etapa muy dura, especialmente cuando se vive en
soledad.
Por eso, lo que yo aporto y reclamo es un grupo que esté al lado de
todos aquellos curas y monjas que están buscando nuevas formas de vivir
su fe sin estar castrados afectiva y sexualmente.
Lupiana, 27 de abril de 2007.
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MIS PREGUNTAS:
¿Quién cuida el alma, el corazón de las personas que se
desangran tras una decisión importante de su vida y no aceptada
socialmente?
¿Quién sostiene la vida...
La esperanza...
La ilusión...
Las ganas de vivir de las personas que cambian de opción a mitad
de camino?
¿Cómo se aprende a vivir en pareja el afecto y el sexo después
de una vida castrada? |
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X ENCUENTRO MOCEOP
(Trabajo de grupos)
resumió pepe centeno
I.-NUESTRAS EXPERIENCIAS en Moceop
1.- La experiencia de Iglesia que vivimos en nuestros grupos-comunidades
base marcha por estos derroteros:
a) Frente a la Iglesia Institucional que insiste en la adhesión personal
a la verdad racional, intelectual... nosotros estamos en búsqueda,
individual y en comunidad, de Dios con todo nuestro ser racional,
afectivo, sentimental
b) Ante una Iglesia que se muestra oficialmente como institución
jerarquizada a través de la cual llega a los hombres y mujeres la
salvación por los sacramentos, nosotros nos desenvolvemos en comunidades
de experiencia de vida y de fe, relacionadas en redes, coordinadoras...
forman-do movimientos en los que compartimos el evangelio, las
celebraciones y los compromisos
c) Los distintos ministerios y responsabilidades de nuestras comunidades
de base son ejercidas por voluntarios con el acuerdo del grupo y las
capacidades de las personas
d) Mientras la alta jerarquía toma partido e intenta imponer a todos los
creyentes un pensamiento único sobre temas éticos, morales, sociales e
incluso en aspectos de la fe que son discutibles, nosotros optamos por
respetar el pluralismo aceptando el momento, grado de madurez y
capacidad de entrega de cada uno.
2.- Los nuevos tiempos y generaciones.
Son diferentes a las épocas en que la mayoría dimos el paso una vida
laboral y de casados como todo el mundo. Coexistimos en Moceop varias
generaciones. La más antigua es más numerosa. Posteriormente hubo menos
secularizaciones. MOCEOP se fundó como un medio de autoayuda, reflexión
y maduración de los que no hicimos un borrón y cuenta nueva, sino que
nos planteamos el sacerdocio estando en pareja.
Las siguientes generaciones de secularizados pueden tener dificultad en
adherirse a un grupo que tiene ya un caminar de años con gente de otra
época para ellos. A partir del año 80 las secularizaciones disminuyen
enormemente y es lógico que sean muy pocos los que se planteen un
presbiterado en pareja. (La primera generación del MOCEOP fueron también
muy pocos con relación al total de secularizados).
Las nuevas generaciones de secularizados buscan resolver sus problemas
donde les parece o creen que pueden encontrar ayuda. En la generación
más antigua del MOCEOP tuvo bastante importancia el asunto de carencia
de cotizaciones en vistas a la jubilación, esto sirvió para aglutinar al
comienzo a mucha gente. Las posteriores generaciones se han adherido a
Moceop en la medida que respondía a sus inquietudes. Es verdad que
posiblemente desde hace unos años es menos conocido nuestro grupo.
¿Tendríamos que hacernos más públicos?
Existe una cierta desazón por crecer, captar a más gente, nos gustaría
que viniesen nuevas generaciones, pero por otra parte hay en Moceop un
ritmo y un proceso rico en vida y experiencia histórica en el que
estamos a gusto. El “venid y ved” que dijo Jesús al joven que quiso
seguirle es ofrecer lo que somos a nuevos secularizados y si encuentran
respuesta o apoyos a sus vidas se quedarán, si buscan otro tipo de
respuestas seguirán su camino. No tenemos que preocuparnos.
3. - “Ser para los demás”.
Algunos observan que en nuestros encuentros se insiste mucho en la
actividad hacia fuera, externa; en coordinaciones con otros grupos, en
apoyar comunidades de base, en redes, conectar con los secularizados,
acoger a los que buscan otra iglesia posible, etc. Esto está bien, pero
se insiste poco en el “ser hacia dentro”, cómo alimentamos nuestra fe,
quién nos cuida a nosotros o si nos dejamos querer...
Moceop es muy plural. Son muy pocos para los que Moceop sea su comunidad
de base, de fe. La mayoría están en otros grupos y comunidades. Los
encuentros de Moceop son distanciados en el tiempo para casi todos. Nos
sirven para proyectar la revista o tratar algún tema desde nuestra muy
concreta experiencia de vida. También en ellos cuidamos la celebración,
pero MOCEOP no es lugar de nuestra vida de fe para la mayoría. También
surge la pregunta de si en nuestras comunidades de base no puede suceder
que están más centradas en “ser para los demás” y se cuide poco el
“hacia dentro” de la comunidad y de las personas. Esto es cuestión de
revisarlo en la propia comunidad
4. - Jesús de Nazaret
El fundamento de nuestra fe es Jesús de Nazaret. Hay una urgencia de
plantearnos y preguntarnos en qué Jesús creemos, qué lugar ocupa en
nuestra vida, cómo nos implica y nos desnuda, cuál es nuestra
comunicación con él. Jesús puede tener muchos títulos y sentidos: es un
hombre, es un mito, es alguien que vivió, es un ejemplo, nos revela al
Dios, es un revolucionario, un trasformador de la historia, vive en la
historia. Damos demasiado por supuesta la fe y tal vez tendríamos que
detenernos y tomar conciencia dónde estamos en nuestra relación con
Jesucristo porque es el fundamento de todo
II – OBJETIVOS Y TAREAS DEL MOCEOP
PARA OTROS TREINTA AÑOS
1. - Objetivos.
No parece que hay una preocupación en la gente de cambiar mucho los
objetivos. Los miembros del Moceop están a gusto en el movimiento, en
los encuentros que se celebran; hay mucha comunicación y amistad propia
de gente que tiene una historia en común más o menos larga. No hay
manifestaciones de que haya necesidad de cambiar el rumbo de Moceop.
2. - Coordinación
El equipo de coordinación, siendo realistas, tiene que ser del entorno
de Madrid para poder verse cuando sea necesario y porque la
representación en otros movimientos en el ámbito estatal se da en
Madrid.
El equipo de coordinación puede ser de tres miembros en que estén
representados las distintas generaciones y sexos.
3. - Reuniones y zonas
Dos reuniones en el curso: la reunión ya histórica de “Albacete” o de la
Revista para revisar y programar la misma. Otra reunión que un año será
el encuentro bianual y alternativamente otro año en alguna zona, ciudad
o localidad organizada por los miembros el Moceop de ese sitio.
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El fundamento de nuestra fe
es Jesús de Nazaret.
Hay una urgencia
de plantearnos
y preguntarnos en qué Jesús creemos |
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