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 La sabiduría de
los liderazgos compartidos
Aquí me tenéis,
intentando no perder comba.
Y me explico: Las
Comunidades Cristianas de Base de la Región de Murcia reservan todos los
años las dos últimas semanas de agosto en que celebran dos
encuentros-convivencias para las personas que quieran apuntarse a una o
a las dos. Se trata de un modesto hotel familiar a la entrada del Parque
Regional Sierra de Espuña, en Totana. Es un entorno agradable, abrupto y
desde luego tranquilo. Pero toda esta información, la podéis encontrar
en la página www.comunidadescristianasdebase-murcia.com
Yo he ido dos veces como “ponente” a uno de esos encuentros
comunitarios. La convivencia es deliciosa, distendida y muy familiar. La
mayoría de quienes acuden se conocen entre sí desde hace mucho tiempo.
Pero allí nadie es extranjero ni forastero. Rápidamente quedas englobado
en el grupo.
Cualquiera de las personas con las que hemos convivido mi Compa y yo
durante una semana, ya en dos ocasiones, son verdaderos Sacramentos de
Vida: con su sencilla y cotidiana solidaridad, con su apuesta rotunda
contra la exclusión y contra la marginación social, con su tenaz
compromiso político y/o sindical contra todo viento y contra toda marea
(que no son pocas...).
También me asombra su capacidad organizativa, que ya tienen mamada desde
años. Y esa creatividad tan variada en la búsqueda de nuevos símbolos y
nuevas expresiones comunitarias. Por no hablar de su chispeante sentido
del humor. En fin... ¡un primor! En la charla del último día, les dije:
cuando miro vuestros rostros mientras os hablo, os contemplo con
admiración y con veneración. Y ya, en descarado andaluz, les dije: Sois
una gente muy “apañá”. Y muy “salá”, ¡qué puñeta!
De forma indirecta estoy mencionando a Gabriel Abellán, un cura que
lleva 43 años en la misma parroquia de Espinardo, un barrio muy marginal
en Murcia. Ahí está él, en la sombra, empujando desde abajo, silencioso
y atento a cada detalle, sonriente y acogedor. Ya es mucho decir que
estas comunidades llevan más de 35 años reuniéndose de forma
ininterrumpida todos los veranos. A veces han ofrecido hasta cuatro
convivencias.
Y se nota en la gente la madurez humana y cristiana, su capacidad de
análisis, su sentido comunitario. Un detalle, como ejemplo: Juan Mateos
pasó sus vacaciones con estos grupos a lo largo de más de 20 años. ¡Vaya
que si ha dejado huella!
Además de Gabriel, otros curas formaron parte del equipo desde el primer
momento: Cayetano, ya fallecido; Manolo, recién jubilado este verano
pasado; Roque, que está muy enfermo, y Gaspar que sigue en la brecha en
otro barrio marginal.
Me he fijado en Gabriel porque lo conozco más y porque de hecho es el
“icono” (esa palabreja que tanto se usa ahora) de estas comunidades
cristianas. Pero no era plan de preguntarle a él, con quien tengo
sobrada confianza para hacerlo. Se me ocurrió que podían hablar de él
algunas de las muchas personas que llevan tantos años como él y junto a
él en esa tarea siempre inacabada, a veces tediosa y en todo caso
apasionante de ir construyendo una sociedad alternativa y una Iglesia
también alternativa.
Y aquí viene lo de no perder comba. Paco se ha encargado de buscar otras
tres personas que están desde el principio en esta tarea ingente que un
día inició Gabriel. Y nos hemos instalado en una mesa al aire libre,
frente a las primeras estribaciones de la Sierra de Espuña y adivinando
frente a mí la silueta medieval de Aledo. Hablan Emilio, Fina, Juan
Antonio y Paco. Charlan, se complementan, puntualizan, añaden
comentarios y anécdotas... Y yo me esfuerzo en recoger la multitud de
información que aportan, sabiendo que se me escapan infinidad de
detalles entrañables que no se pueden transcribir. Ahí van unas cuantas
pinceladas.
«Gabriel es el padre del movimiento comunitario en Murcia. Es el
ideólogo que nos ha ido abriendo los ojos, que ha dilatado nuestro
cerebro con nuevas ideas, con nuevas tendencias y con libros que han
valido la pena. El fue el creador de la escuela de animadores que fue
funcionando en Molina de Segura, Abarán, Cieza, Lorca, Totana... Todo
esto empezó sobre los años 70».
«Gabriel es un intelectual de primera línea: licenciado en teología y
hombre de estudio que ha estado siempre muy al tanto de todo el
pensamiento teológico. Un gran pensador y “paridor de ideas”. Ha
conectado con los mejores teólogos españoles y latinoamericanos. Y la
prueba es la cantidad de gente fenomenal que ha pasado por Murcia para
dar conferencias y tener convivencias».
«Gabriel hizo una opción por los pobres y desde los pobres. Toda su vida
se la ha pasado en el barrio de Espinardo, en un círculo de máxima
pobreza dominado por una población gitana importante. Ha sido impulsor y
animador de movimientos sociales y políticos. El barrio se convirtió en
un centro subversivo. Allí es donde surgió la comunidad como espacio
humano y desarrollo de la fe».
«En Gabriel destaca su gran capacidad para el diálogo y para hacer
amistades (yo respaldo absolutamente esta afirmación desde mi propia
experiencia con Gabriel). Es una persona muy cercana, muy humana y muy
respetuosa. En contrapartida, se siente muy arropado por la gente. Ese
calor le ha servido mucho en momentos difíciles. “Es puro cariño”.
Quiere a cada persona como es. Asume con toda sencillez las faenas que
le asignan...»
«Gabriel tiene una clara conciencia social y política, pero la compagina
con el respeto a cada opción concreta. Se puede decir que es un político
nato, aunque no ejerce como político, sino más bien como consejero. Su
visión de la realidad es política y piensa que las comunidades deben
intervenir en política. Los pasos en el catecumenado están muy claros:
1) Fraternidad. 2) Compartir. 3) Oración-celebración. 4) Compromiso
social y político. (En la página web se pueden ver en el apartado
“Quiénes somos”)».
«Otro rasgo que destacan en Gabriel es su capacidad de escucha. Trata
siempre de buscar una solución. Lo perciben siempre como muy cercano,
muy disponible. Al mismo tiempo, Gabriel se había tomado muy en serio el
protagonismo de los seglares, hombres y mujeres. Durante muchos años
–hasta llegar a los ponentes actuales- en las convivencias y encuentros
comunitarios, ellos eran quienes daban las charlas y llevaban la voz
cantante. Incluso hablaron a los seminaristas sobre diversos temas de
orden comunitario, precisamente porque estas personas habían llegado a
un grado de madurez que sorprendía y estimulaba».
Después de esta charla de más de una hora, al día siguiente me entrega
Emilio un folio que dice textualmente. “Gabriel: sencillo, humilde.
Nunca ha querido ser protagonista y, sabiéndose que lo era, nunca ha
ejercido como tal”.
De vuelta a Andújar, le llamo por teléfono: -Gabriel, te voy a sacar en
los periódicos. Se queda muy sorprendido y le explico el tema. Hemos
vuelto a charlar unas cuantas veces más. Me interesaba su punto de vista
sobre tantos temas de los que se apuntaron en la charla de Totana.
-Gabriel, es que habéis tenido mucha suerte.
-Bueno, la suerte la hemos buscado con uñas y dientes. Y ciertamente la
hemos conseguido. Ahora me he quedado muy tranquilo porque veo el futuro
bastante consolidado. La coordinadora representa a todos los grupos
(unos 15). Se reúne todos los meses y mantiene los lazos de unión.
-¿Cómo has aguantado tanto tiempo?
He aguantado y con mucha ilusión por el movimiento comunitario. Por eso
me quedé. Tuve muchas peleas con el obispo, porque estaba empeñado en
sacarme de la parroquia, con las más variadas ofertas. Siempre me negué.
Un día llegó a pedirme las llaves de la parroquia. Conseguí convencerle
de que no. Los obispos siguientes me han dejado en paz porque nadie
quiere venir a esta parroquia.
-¿Se integran los curas jóvenes en esta dinámica?
-¡Para nada! Ellos con sus tirillas y sus coches tienen bastante.
Incluso cuando han venido personas como Jon Sobrino o Leonardo Boff sólo
han aparecido algunos curas mayores “para oírlo”, pero ningún cura de
las nuevas generaciones. La única solución son los seglares. Parece un
sarcasmo pero internet va a salvar a las comunidades. Allí se encuentran
abundantes conexiones, información muy plural y un material casi
inabarcable para la formación personal y comunitaria.
-Ahora tenéis la parroquia como punto de referencia y lugar de reunión.
¿Qué va a pasar después?
-Nos reunimos en muchos sitios, según los pueblos y los barrios. Hay
miembros de las comunidades que trabajan en sitios muy variados y en
ellos nos reunimos: centros de la tercera edad o de la mujer, en salones
o en casa particulares. Facilitamos mucha información. Por ejemplo, tus
charlas de este verano ya están en CD y vamos haciendo copias para que
lleguen a todo el mundo (¡no salgo de mi asombro!).
Hablar con Gabriel es una delicia. Bueno, no he comentado su experiencia
en América. Estuvo 5 años en el seminario de Cuenca (Ecuador) como
profesor de filosofía y de teología. “Me llevaron y me trajeron”. Esa es
otra historia. Volvió en noviembre de 1965 y... ¡a su barrio! Las
comunidades surgen en plena efervescencia de la lucha antifranquista. El
obispo se sentía celosillo de aquel cura de barrio. Por eso quería
sacarlo de allí. En un momento llegó a decirle “que estaba organizando
una diócesis dentro de otra diócesis”... Pelillos a la mar.
Pero hay un sustrato que para mí queda muy claro. Gabriel ha tenido el
profundo convencimiento y la lúcida habilidad de ir abriendo paso a los
liderazgos compartidos. No se trata del poder: ni de conquistarlo ni de
mantenerlo. Se trata del prestigio moral que surge del servicio a la
comunidad. Esa disponibilidad sencilla, continuada y alegre en todos los
ámbitos de la persona. Así se comprende que Gabriel sea una institución
en el sentido más hondo y generoso de la palabra.
Anda, Gabriel, un abrazo inmenso, lleno de admiración, de alegría y de
cariño.
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