| |
Nos cuenta Rosario Bofill en “El Ciervo” de diciembre del 2007 “Salgo a
la calle y no puedo hablar con mi acompañante. El ruido es ensordecedor.
Hay un atasco y los coches en lugar de esperar pacientemente tocan el
claxon a más y mejor. Delante de mí una chica acaba de tirar un papel al
suelo, la papelera está a dos pasos, y un perro hace sus necesidades sin
que nadie se preocupe en sacarnos la porquería que queda ahí para un
posible resbalón del primero que pase. Un coche descapotable, conducido
por un hombre de mediana edad, lleva puesta a todo volumen una música
que ensordece. Un niño da una patada a su madre porque no quiere
llevarle la mochila y una anciana está a punto de caer porque una bici
–ahora que están de moda las bicis– sortea zigzagueante a los viandantes
por la acera. Todo es normal, nada grave.
La televisión ofrece películas con pistolas, chantajes, puñetazos,
torturas y crímenes. En las maquinitas esas de jugar siempre se trata de
vencer al otro. Habrá por tanto una asignatura de la ciudadanía y me
alegro, pero como los ciudadanos que están en los sitios mas altos sigan
peleándose en el parlamento e insultándose o disimulando hechos que se
llegan luego a saber, como si fuera lo único que necesita la nación, no
creo que la ciudadanía mejore.”
Y Adela Cortina nos cuenta la siguiente anécdota:
«-Como sigas sin venir a clase, llamo a tu padre.
-Profe, si lo encuentra, me avisa».
Es un sucedido. Me lo contaron unos colegas de filosofía, profesores de
Enseñanza Media”
Ante sucesos como estos suenan las alarmas y se reclama algún tipo de
educación para la convivencia, para la ciudadanía, de forma que las
personas no se acosen unas a otras, no se lesionen ni lesionen a los
demás. Y ése es desde luego un mínimo exigible: convivir sin dañarse. Es
letal para una sociedad que los desacuerdos morales se resuelvan en
enfrentamientos partidistas, que cada partido capitalice una posición
moral y la convierta en parte de su acervo.
Es importante que existan unos valores mínimos exigibles a todos los
ciudadanos. Y en la educación de esos mínimos es el Estado quien tiene
que intervenir. Ninguna confesión religiosa debiera inmiscuirse en la
transmisión de esos valores mínimos. A partir de ellos estaría su
intervención. Por ejemplo un valor mínimo será “No robar”. Es decir, que
habrá que exigirlo a todos los ciudadanos. Pero el “ser generoso” no se
puede exigir a todos, no te puede nadie obligar a dar, a compartir… El
respeto hacia todos será otro mínimo, pero el amar a tus enemigos
sobrepasa los mínimos exigibles y que va a depender de las exigencias
religiosas y opciones personales de cada uno.
Como decimos en nuestro comunicado del Moceop: “Del mismo modo que
aceptamos que la Sociedad forme a nuestros hijos en una serie de
materias disciplinares de capital importancia, también se debe aceptar
la formación en valores cívicos y en el cumplimiento de los Derechos
Humanos que deben regular nuestra convivencia. Vivimos en una Sociedad
laica y cada vez más plural en opciones religiosas diversas. Parece muy
apropiado que se ofrezca a todos los estudiantes una formación sobre la
convivencia cívica basada en los Derechos Humanos. Las diversas
confesiones religiosas tienen la posibilidad de impartir en los colegios
los conocimientos de su propia religión a quienes lo deseen”
|
|