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redes
para la vida
juan masiá clavel |
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ventanas abiertas
proyecto dos orillas. |
Redes de pesca o redes de comunicación?
Ambas a la vez, rica polisemia de la metáfora “redes”. Se acerca
la Asamblea de Redes Cristianas. Oramos por sus frutos de amor
crítico y crítica amorosa (veritatem facientes in caritate,
Efesios 4, 15).
En la era informática diría el evangelista: “La Palabra se hizo
carne… La Palabra se hizo digital y montó en la web su blog de
humanidad”.
Aunque también las metáforas bíblicas de pescadores conservan
relevancia hoy. Por ejemplo, las “redes de tolerancia” de Mateo
13, 4: “red que admite toda clase de peces”, sin arrogarnos el
papel jueces; dejando al Señor el discernimiento final.
Pero la mejor es la de Lucas 5, 10: Pescad personas para la
vida, no para la hoguera. “Ahora lo que pescarás serán personas
vivas”. Explica el exegeta Juan Mateos: “Salvar personas de un
peligro”, “dejarlas vivas” (cf. Num 31, 15-18). El pescador de
personas recibe el encargo de liberarlas del ambiente de muerte
en que están y sacarlas de la muerte a la vida.
Digamos hoy a las instancias jerárquicas inquisidoras, que
sospechan de Redes cristianas: “No tengáis miedo. No pesquéis
creyentes para la hoguera. En unión de pluralidad y diversidad,
compartamos y extendamos “lo de Jesús”, “el movimiento de Jesús”
de pescar personas para la Vida Verdadera.
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Se celebró en Madrid un encuentro de Redes Cristianas. No
acierto a encontrar una palabra que defina a los grupos que se
juntaban, en cualquier caso todos ellos tienen un denominador
común: les cuesta encontrar su lugar en la Iglesia, y no por
falta de ganas, me consta, sino por los empujones que reciben
constantemente.
Son seglares expulsados de sus parroquias, homosexuales tan
orgullosos de su fe como de su identidad sexual, comunidades de
base, sacerdotes casados, mujeres teólogas exigiendo igualdad y
respeto...
Y todos, absolutamente todos, reivindicando con madurez su
pertenencia a la iglesia de Jesús, su derecho a disentir, sus
ganas de construir un mundo mejor, una iglesia cercana a las
heridas y los conflictos contemporáneos. Una buena noticia para
los que aspiramos a una Iglesia abierta, policromática, capaz de
reelaborar, junto con tantos otros, un mensaje de esperanza para
el mundo. Las fricciones y las rupturas que se están dando hoy
en el seno de la Iglesia católica son propias de tiempos de
cambios, pero hay ventanas abiertas, muchas, por las que puede
entrar aire fresco.
http://www.dosorillas.org/spip.php?article1222
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asamblea
de redes cristianas:
manifiesto
Con el fin de analizar los
problemas más graves que afectan al ser humano y de consensuar algunos
gestos comunes en defensa de su dignidad, nos hemos reunido en la
Facultad de Ciencias Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid
los más de 160 movimientos, grupos y comunidades de Redes Cristianas
durante el 10 y 11 de noviembre de 2007. Con este encuentro culminamos
el largo proceso que, durante casi un año, nos ha implicado a muchas
personas de diferentes Comunidades Autonómicas en la preparación de
quince seminarios, foros y otras tareas de organización y logística. En
estos dos últimos días, además del debate de los temas, de compartir
experiencias y de orar junt@s, hemos elaborado un programa de acción
conjunta hasta la próxima asamblea y hemos celebrado una concentración
ciudadana, en colaboración con algunas asociaciones de inmigrantes, en
el barrio de Lavapiés.
En este contexto hemos cobrado mayor conciencia del antagonismo que se
está dando entre dos tendencias que afectan sustancialmente a la
dignidad del ser humano. Una negativa, que lo degrada a mero súbdito o
cliente del mercado y otra que lucha por restaurarlo en su autonomía y
dignidad. Como cristianos y católicos, descubrimos que estas dos
actitudes se están dando también en nuestra misma iglesia católica,
donde, junto a la gran mayoría que intenta seguir a Jesús desde el
servicio humilde y samaritano, existe otra pequeña minoría empeñada en
la nada edificante carrera por el poder y el control.
No es este el lugar para hacer un recorrido por todos los lugares donde
la dignidad del ser humano está siendo humillada. Los talleres que hemos
realizado en la asamblea, leyendo la historia desde abajo, desde los
perdedores, testimonian con suficiente claridad los destrozos que la
lógica del capital y del mercado está causando en el planeta y en la
mayoría de la humanidad. Algunos de sus efectos más visibles aparecen en
fenómenos como el empobrecimiento y la inmigración, la crisis de las
familias y de la misma sexualidad de las personas. Mirando desde el
pluralismo religioso y desde el centro de la Iglesia católica, abundan
también las ocasiones en que los Derechos Humanos más elementales son
conculcados y más especialmente los que afectan a la dignidad de la
mujer.
Pero seríamos injustos si no tomáramos nota aquí de la creciente
vitalidad que está aflorando en estos comienzos de siglo tanto en la
sociedad como en las iglesias. Como demuestran los Foros Sociales
Mundiales y los Foros Mundiales de Teología y Liberación, la lucha por
la globalización de la dignidad humana ya está en marcha. Por humildes
que se crean, los movimientos antiglobalización neoliberal y
antisistémicos y los encuentros de las religiones desde la base están
anunciando el nacimiento de un nuevo paradigma alternativo.
Particularmente nos alegra constatar que una nueva espiritualidad está
emergiendo en nuestros días.
Sin otra pretensión que la de ser humildes portavoces de una voz del
Espíritu, como en sus días lo fuera el autor del Apocalipsis ante las
nacientes iglesias de Éfeso hasta Laodicea, entendemos que esto es lo
que el Espíritu podría decirnos hoy día a la iglesia y a la sociedad:
1. A la Iglesia de Dios que está en los
obispos de las diócesis españolas:
Admiro el celo que despliegas en mantener las tradiciones milenarias del
pasado, entre las cuales está la memoria de Jesús. Pero tengo en contra
de ti que has dejado de seguirle en su vida de servicio y has emprendido
una carrera por conquistar el poder a cualquier precio. Te has
enseñoreado del pensamiento en tus filas, reprimiendo duramente toda
crítica y disidencia con lo que llamas “doctrina de la Iglesia”. Te has
olvidado del estatuto de igualdad que mi siervo Pablo for-muló
valiente-mente diciendo que “ya no hay judío ni griego, siervo ni libre,
hombre ni mujer, ya que todos y todas sois uno en Cristo Jesús” (Gal
3,28) y tú estás ignorando al pueblo cristiano y discriminando a la
mujer. Contra tu propia función, estás rompiendo la comunión en mi
Iglesia. Defiendes en el seno de la sociedad estatutos de privilegio en
nombre de unos Acuerdos, casi clandestinos, que tú misma sabes que
fueron arrancados en momentos de gran debilidad de la sociedad civil, al
margen de la misma Constitución Española. Viendo a tus jerarcas
disfrazados de rojo y en manifestaciones antipopulares yo mismo
enrojezco de vergüenza ajena. En esto no puedo alabarte.
Pondera dónde has caído y vuelve a la cordura y a aquella actitud de
servicio gratuito y misericordioso que guardas en la entraña de tu más
rica tradición. Reconoce sin exclusiones los estatutos de igualdad,
libertad y solidaridad que deben reinar en mi Iglesia y respeta ese
pluralismo que enriquece, pues a todas y todos os he creado yo a mi
imagen y semejanza. Esta es la cita; en este lugar te espero.
2. A la Iglesia de Dios que está en la
legalidad y en las formas:
Conozco muy bien tus andanzas y sé que eres formalista y cumplidora.
Siempre estás con la legalidad constituida sea ésta
en la sociedad donde vives o en la iglesia de la que presumes. Lo tuyo
es la seguridad, el orden, la disci-plina. Cumples el rito y guardas las
leyes. Pero conoz-co muy bien tus limitaciones: no piensas más allá de
ti misma, no eres universal, aunque lo digas en el credo. Tu legalidad
raya frecuente-mente con la injusticia. Por ejemplo, cuando en la
enseñanza defiendes esa tercera vía, la concertada, que se financia con
fondos públicos y no sirve justamente para todos; o cuando discriminas
las distintas formas de familia fuera de la tradicional; o cuando
defiendes en público una filosofía y una ética del comienzo y final de
la vida, de las prácticas de la sexualidad y de control de natalidad que
en privado ya ni tú misma practicas; o cuando haces malabarismos para
casar lo que mi Hijo Jesús, que sabía algo de esto -pues también en esto
fue tentado-, dijo que era imposible casar: a Dios con al dinero.
Conviértete a la justicia, aunque tengas que rebasar tu propia
legalidad. El calor y la cercanía de la gente te va a ayudar
generosamente a recuperar tu atraso y desajuste con el tiempo en que
vives. Mi salvación, como siempre, te seguirá llegando desde abajo,
desde los empobrecidos y desde la tierra víctima del egoísmo explotador.
Aquí abajo, en la base, en las raíces de todas las vidas, te estoy
esperando.
3. A la iglesia de Dios que está en la
base:
Eres pequeña y a veces casi insignificante, como el “resto” del antiguo
Israel. Pero en ti marcha la fidelidad a la utopía, a mi proyecto del
Reino que Jesús anunció brillantemente con su vida. Pronuncias grandes y
hermosas palabras, como igualdad, fraternidad, justicia, misericordia,
libertad. Tienes muchos testigos que han regado con sangre el planeta y
han empeñado su vida en hacer una sociedad y una tierra más ajustada a
la dignidad humana. Pero tampoco tú estás libre de pecado. Debes
reconocer con humildad tu fracaso histórico: no has sido capaz de poner
en el mundo otro talante ni otra lógica, ni tampoco en la propia
Iglesia, aunque sigas diciendo que todo esto es posible. Te has dejado
contaminar por la lógica del sistema dominante. Tu pecado está en la
acomodación por miedo a la inseguridad y al futuro. Mi Hijo Jesús “no
tenía donde reclinar la cabeza” y tú te estás rodeando de todo. Si de la
derecha no me sorprenden los malabarismos que hace para casar a Dios con
el poder y el dinero, de ti me pregunto si estarías dispuesta a hacer
por la humanidad lo que la burguesía siempre ha hecho en beneficio
propio para mantener sus injustos privilegios. Te sobra miedo y te falta
confianza en que yo estoy contigo, tratando de hacer posible ese otro
mundo y esa otra iglesia que tú sueñas.
Reconoce que voy contigo, a tu lado, respetando tu iniciativa y
animándote a dar, contra viento y marea, razón de tu esperanza.
4. A la sociedad civil que está en el
fácil acomodo al capitalismo neoliberal:
Conozco muy bien tu compromiso con la eficacia, el desarrollo y la
competitividad; también conozco las normas que te das para la protección
de la economía y el mercado. En esto te estás mostrando legítima
heredera de aquel refrán que me atribuyen a mí en el Génesis (y que yo
dudo de haberlo dicho así): “someted la tierra y dominadla” (Gn 1,28).
Esta es la locura a la que te están empujando tus malos economistas y
los políticos mediocres que te adulan. A tus poderes fácticos, que
manipulan como siempre en la tramoya, no les importa demasiado la otra
sociedad que excluyen del mundo y que es actualmente mayoritaria. Pero
tengo contra ti que no sabes distribuir lo que produces, ni sabes
producir lo que necesitas. Estás siempre conspirando y crispando el
ambiente, resquebrajando la tierra y globalizando la miseria, mientras
acumulas lo que es de todos y tú no necesitas. Pero te olvidas de que,
como a Epulón, en el atardecer de la vida, te voy a pedir el alma.
Enmiéndate y reconoce a qué extremos te está llevando esa ensoñación
individualista en la que vives. Aprovecha los muchos talentos que tienes
para cuidar más y mejor de las personas y del planeta que es el hogar de
la vida. En el esfuerzo por superar tu propio egocentrismo y la
acumulación que no necesitas, en el reparto equitativo y justo me
tendrás siempre a tu lado.
5. A la sociedad que está en la búsqueda
de alternativas:
Siempre me has resultado divertida y simpática, siempre he tenido una
gran debilidad por ti. Y no porque hayas sido muy creyente, que ¡vive
Dios!, es decir, ¡vivo Yo!, que no lo eres, sino porque has mantenido la
esperanza en el futuro y has tratado de responder a aquella pregunta que
yo, tu Dios, te hice, hace ya tanto tiempo en el Génesis: “¿Dónde está
tu hermano?”(Gn 4,9). Pero me entristece ver cómo en estos momentos
estás siendo timorata y acomodaticia. Te estás quedando a medio camino.
Claro que aplaudo tu apuesta por la paz y el rechazo de la guerra, las
medidas a favor de los inmigrantes, de los matrimonios homosexuales, de
género, de la dependencia, de la memoria histórica y demás. Pero tienes
miedo a llegar al final y te estás contagiando de algunos aspectos del
nacionalismo menos imitable. En esto no puedo aplaudirte.
No te dejes embaucar por esos cantos de sirena que sólo pretenden lavar
el rostro con pequeñas reformas mientras ocultan la voluntad de llegar a
las grandes transformaciones que está necesitando este mundo mío y
vuestro para que sea de tod@s. Lo que tú sueñas y persigues, como le
pasó a mi Hijo Jesús en su tiempo, te sitúa siempre en un no-tiempo y
no-lugar, en el terreno de la utopía. En esa búsqueda de alternativas
para acercar toda vida y todas las vidas a mi proyecto del Reino me
tendrás siempre a tu lado. Aunque tú no lo quieras ni necesites
reconocerlo.
6. A los creyentes que andáis buscando el
encuentro entre las religiones:
Sois buena gente y os veo decididos a tender puentes entre las
confesiones religiosas por todos los medios. Sois muchos y muy
diferentes. Yo he querido acercarme a vosotros sin violentar vuestra
alma, sin quebrar vuestras culturas. Y vosotros y vosotras habéis
querido responder a mis ansias de encuentro con los medios que habéis
tenido a vuestro alcance. Por eso habéis creado tantas confesiones
religiosas tan diferentes, cada una con su propia originalidad y
riqueza. Me sois muy queridos y yo mismo estoy impulsando vuestras
ansias de encuentro. Pero veo con sentimiento y ternura que el diálogo
no avanza porque cada uno prefiere dialogar desde su propia casa, desde
la inmovilidad de su propio credo. Cada cual espera que los demás
renuncien a sus posiciones, muevan ficha, sin modificar nunca por su
parte el tablero. ¡Qué disparate! No es ahí donde yo quiero que os
encontréis. Que cada uno rece y confiese el credo que crea más
verdadero, pero que nunca ignore que la cita que yo os hago no está
tanto dentro de las iglesias, cuanto en el mundo, en la calle, en la
increencia, en la humanidad. Y tengo para mí que los temas de identidad
os están impidiendo encontraros en la sociedad y en la vida; la
religión, los credos os separan de los márgenes, de los pobres. Y,
mientras tanto, los hijos de las tinieblas, los guerreros sin
conciencia, se aprovechan de vosotros y de vosotras para hacer su guerra
interesada.
“Quien tenga oídos para oír que oiga lo que el Espíritu dice a las
iglesias y a la sociedad entera.
Un abrazo
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¿quienes somos?
Como decíamos en el número
109 de «Tiempo de Haablar» MOCEOP está integrado desde el primer
momento en
«Redes Cristianas». Formamos parte de su coordinadora e incluso
Ramón Alario es uno de sus portavoces.
Somos 147 grupos, comunidades y movimientos católicos de base
del Estado español que hemos constituido una plataforma llamada
“Redes Cristianas”. Desde estos colectivos, pertenecientes a la
base eclesial, queremos ayudar a dar respuesta a los grandes
problemas que hoy en día tiene planteados tanto la sociedad como
la misma Iglesia.
Pretendemos ser otra voz crítica y alternativa y coordinarnos
para dar una respuesta conjunta en pro de la transformación
democrática de la Iglesia y de la sociedad.
Somos mujeres y hombres, personas laicas y clérigas, seglares y
religiosas, no teólogas y teólogas, homosexuales y
heterosexuales, y todas y todos, desde posiciones de igualdad,
estamos movidas por los mismos deseos de transformación y
cambio.
Desde nuestra opción por los pobres y excluídos, queremos luchar
por la Justicia en el mundo, denunciando lo que otros callan.
Como seres humanos y cristianos que somos, nos escandaliza la
distancia cada vez mayor que se está abriendo entre los que lo
tienen todo y los que no tienen casi nada. Desde esta
constatación queremos trabajar codo con codo con otros
colectivos que luchan por otra ciudad y otro mundo posibles y en
contra del sistema socio económico injusto en el que vivimos
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