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“ydioscreóelsexo”
Estantes de puestos de
revistas, programación de televisión, libros, conversaciones en las
esquinas entre chicos y chicas, parecen verse saturadas del mismo tema:
SEXO…SEXO…SEXO…Pero sexo distorsionado.
Hoy como ayer, a pesar de la llamada revolución sexual, a pesar de que
hay un aluvión de libros, artículos y artilugios al alcance hasta de los
niños… (¿) la sexualidad humana sigue siendo una gran desconocida y cada
uno hace de ella uso y abuso, habiendo personas para las que toda su
vida gira en torno al sexo. En el llamado mundo civilizado, sobre todo
en nuestra cultura, para la gran masa de población, sigue siendo una
asignatura pendiente
Aunque las actitudes hacia el sexo varían ampliamente, necesitamos
entender que Dios está en el negocio de hacer las cosas bellas y no
tenemos que avergonzarnos de nada de lo que Dios hizo.
La mística y el sexo son dos manjares en los que la teología vaticana
queda bloqueada, y, por ser mala cocinera, esa teología preconciliar no
sabe cocinar.
Se llega a Dios a través del erotismo... ¿No suena eso a herejía?
No, el sexo está muy
cerca de la mística. Un amante y un místico tienen en común que están
fuera de sí, fuera de su ego, y entran en comunión con otra persona.
Siendo que Dios creó el sexo y el sexo es planteado a lo largo de toda
la Biblia, una teología de sexo y de la sexualidad humana es
urgentemente requerida para guiar a la humanidad en la verdad y enseñar
el papel natural del sexo en nuestras vidas.
Samuel Fuller pone en boca de uno de sus personajes esta frase
«Nos disteis de comer ignorancia y de cenar, fanatismo»
que resume lo que a lo largo de los siglos de existencia del
cristianismo ha sido la educación, la vivencia y el disfrute de esa
dimensión fundamental de toda persona humana: su sexualidad.
Durante siglos hemos comido ignorancia y hemos cenado fanatismo, y como
consecuencia de esa mala educación, la sexualidad se ha convertido para
muchas personas en fuente de sufrimiento y de conflicto personal e
institucional. ¿Dónde queda aquello del Génesis, 1, 31, “Y vio Dios ser
muy bueno cuanto había hecho”?
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